EL SUR. Cascadas, playas volcánicas, vientos huracanados y cosas que no funcionan.

ISLANDIA DÍA 2 DE 11: EL SUR
De Hella a Kirkjubaerjarklaustur (206 km)

[26 Septiembre 2019]

Despertamos tras nuestra primera noche en la camper. La verdad, hemos dormido como bebés en los mullidos sacos de dormir, pero la nevera sigue sin funcionar.

Llamamos a la Lava Car Rental ya que siguen sin contestar a los emails. La mujer al teléfono nos espeta “What do you expect?” (¿qué esperáis que hagamos?) y asegura que no pueden hacer nada a no ser que volvamos a Reikiavik, lo cual trastocaría todo nuestro viaje porque nos encontramos a 4 horas. Les ruego que nos recomienden un taller donde le puedan echar un vistazo y me dice que lo busquemos por nuestra cuenta y que ya nos lo pagarán cuando devolvamos la camper. Fin de la llamada.

Estamos cabreados con el pésimo servicio de Lava Car Rental, pero es difícil permanecer enfadado cuando te despiertas en Islandia con todo el día por delante y un espléndido sol poco frecuente para el otoño islandés. Desmontamos la cama y la convertimos en cocina; la leche hierve en el camping-gas mientras los pajarillos islandeses saltan entre la hojarasca intentando pillar algo. Desayunamos unos Nescafés y pan con cosas antes de partir del camping.

Seljalandsfoss.

La ruta planeada del día consiste en recorrer la costa sur del país. Nuestro primer stop es Seljalandsfoss (cascada “río líquido”), a media hora de Hella. Se nota que estamos en una de las zonas más turísticas del país: abundan los coches, el parking está saturado y hay unos cuantos autobuses con turistas japoneses y koreanos que te atropellan al caminar porque están grabando todo con el móvil y no te ven.

El parking cuesta 700 ISK. Resulta curioso que gran parte de las cascadas más turísticas de Islandia pertenezcan a particulares en lugar de al gobierno. Ejemplo: un granjero islandés tiene un terreno enorme y precioso donde pastan felices sus ovejicas, y además tiene una cascada que es una maravilla, un prodigio de la naturaleza. Con el tiempo llegan miles de turistas y avasallan el terreno para hacer fotos. El tío empieza a cobrar y monta un aparcamiento con parkímetro, una caseta de madera con baños (que muchas veces hay que pagar aparte si los usas), y a veces hasta un bar. Lamentablemente el turismo afea y ensucia los sitios, y muchos de estos propietarios utilizan las ganancias para preservar los parajes de su propiedad.

Seljalandsfoss.

Bueno, pues Seljalandsfoss es una de esas cascadas descomunales que te dejan anonadado cuando te acercas. Con una caída de 60 metros, nos deja boquiabiertos a todos los que no estamos acostumbrados a sentir tan cerca la fuerza del agua. Se ha dispuesto una pequeña senda que permite recorrer la cascada por detrás. Obligatorio impermeabilizarse bien. Nosotros llevamos pantalones y abrigo impermeables, pero utilizamos además una cubierta impermeable de pantalones y casaca impermeable tipo bolsa de basura pillada en Decathlon el amigo fiel.

El lugar emana naturaleza islandesa por los cuatro costados y por suerte el atronador sonido del agua absorbe el griterío de los turistas más ruidosos. Nosotros llegamos sobre las 9-10 de la mañana aproximadamente, pero estoy convencido de que merece la pena pegarse el madrugón para disfrutar de su belleza en soledad.

Gljúfrafoss.

Desde Seljalandsfoss se puede llegar caminando hasta la cascada hermana: Gljúfrafoss (o Gljúfrabui), que significa “la que se esconde en un cañón”. Muy recomendable llegar, primero porque hay mucha menos gente que en la anterior, y segundo porque el enclave es mágico. La cascada está oculta en un recoveco de la montaña, solo hay que saltar unas cuantas piedras por encima del agua para llegar (poca profundidad, se puede pisar con botas Goretex sin problema).

Sentir la inmensidad de la naturaleza de tan cerca y en un rincón tan escondido es impresionante. Eso sí, de nuevo hay que impermeabilizarse porque dentro de la gruta la cascada se hace notar; no es el mejor lugar para ponerse a practicar con el modo manual de la cámara…

Gljúfrafoss.

Dentro de la gruta conocemos a un fotógrafo cazador de auroras que se hace llamar LonelyWolf. Es español y resulta que iba en el mismo vuelo que nosotros. Nos reparte unas pegatinas para promocionar su Instagram y nos da unos trucos para predecir auroras que nos vendrían de perlas en los próximos días. Nosotros llevábamos descargada la aplicación Aurora en el móvil, pero LonelyWolf nos recomienda utilizar la web Vedur, donde hay que ir a Weather (clima) y después a Aurora forecasts (previsión de auroras).

¿Cómo interpretar VEDUR para ver auroras? Se pueden ver diversos mapas de toda la isla en la que aparecen las coberturas nubosas bajas, medias y altas. Hay que darle a Composite para obtener la suma de todas, ya que para ver auroras se requieren cielos totalmente despejados. La web ofrece la previsión para las próximas 12 horas y está más actualizada a tiempo real que la aplicación móvil. También hay que mirar el índice Kp, que ofrece un valor de 0 a 9 y viene a ser la probabilidad de ver auroras. Hablaré de este índice en futuras entradas.

Skógafoss.

El día va de cascadas: de foss a foss y nuestra siguiente parada es Skógafoss, acompañada del río Skógá y cuyo nombre significa “cascada del bosque”. La cascada mide unos nada desdeñables 60 metros de alto y 30 de ancho; enorme la mires por donde la mires. Al parecer estos acantilados antiguamente daban al mar, pero este se fue retirando con el paso del tiempo.

Skógafoss es descomunal y de postal, siendo de las más famosas del país y como cabe esperar el aparcamiento está a reventar. Incluye baños de pago y cafetería. El parking es gratuito, creo recordar. Aunque en teoría está prohibido desde 2015 y los carteles lo prohíben claramente, muchos fotógrafos duermen por la noche en las cascadas más conocidas para fotografiarlas a primera hora antes de que todo se llene de selfies.

Skógafoss – Ruta hacia Thórsmörk.

A la derecha de la cascada hay unas escaleras que permiten subir a un mirador desde el que observar su nacimiento. Una vez arriba, hay una ruta de unos 2,6 kilómetros (hacia Thórsmörk) que permite bordear el río Skógá. La senda incluye una decena de saltos de agua y es una preciosidad 360º. No tiene ninguna dificultad; de hecho lo más exigente del recorrido son las escaleras del principio. Paseamos con la calma embelesados con la belleza del lugar.

Skógafoss – Ruta hacia Thórsmörk.

El recorrido en total son unas dos horas ida y vuelta. Nosotros hacemos aproximadamente la mitad.

Para los amantes del trekking, se puede alargar la ruta desde Skógafoss hasta el valle de Thórsmörk que debe ser una auténtica pasada (sólo en verano, se adentra en las Tierras Altas). Son unos 24 kilómetros que suponen unas 7-10 horas de ruta. Eso sí, hay que alquilar un autobús o que te vayan a recoger, si no quieres hacer el recorrido dos veces.

Llovizna levemente pero el clima islandés nos sonríe. Los cientos de tonalidades de verde nos envuelven por todas partes. Nos ponemos hasta arriba de almendras saladas que nos acaban deshidratando; es hora de volver a la camper.

Ovejas islandesas.

La oveja islandesa llegó al país con los primeros colonos (siglo IX) y permitió su subsistencia gracias a su lana, carne y leche. Sí compañer@s, el mejor amigo del hombre islandés es la oveja. Desde su llegada, sin depredadores naturales y con todo el verde que ofrece el país (hay quien dice que el sobrepastoreo acabó con los bosques), la raza ha adquirido una pureza genética que les confiere una gran resistencia al frío y su lana se utiliza para hacer los famosos jerséis islandeses (llamados “lopapeysa“). Después de 1000 años de evolución, no se permite importar al país ovejas de otras razas; y cuando una oveja islandesa sale, ya no volverá. Pasa lo mismo con los caballos islandeses.

Actualmente se encuentran pastando felizmente a sus anchas por TODAS partes; se suele decir que hay dos ovejas por cada islandés. Hay incluso una festividad anual llamada el Réttir de la que hablaré más adelante. Muchas veces se cruzan por la carretera y los no-islandeses nos quedamos absortos mirando cómo brincan estas redondas bolas de lana. Con perdón de mi compañera de viaje, pero las ovejas fueron mis musas: si no les hice 100 fotos no les hice ninguna. Con el frío invernal los ganaderos las recogen y las mantienen en naves.

Kvernufoss.

Después de rehidratarnos, buscamos en el GPS cómo llegar a Kvernufoss, cascada cercana y poco conocida. Aparcamos en una especie de museo donde nos cobran 500 ISK por dejar el coche en una inmensa explanada vacía. No nos dan ningún comprobante, y cuando les preguntamos nos insinúan que nunca comprueban nada, que dan por hecho que la gente paga. Así son los islandeses. En España te dejas una bici en la calle media hora y ya te la han robado.

Después de una mini-ruta de unos 20 minutos llegamos a Kvernufoss. Toda Islandia me pareció una maravilla pero este lugar es un verdadero tesoro escondido. Muy poco conocida y gracias a ello muy solitaria, donde sus pocos visitantes admiran en silencio el precioso valle en el que se encuentra. Se puede ver también por detrás. Sin duda mi cascada favorita de Islandia, y creo que debería seguir siendo un una joya oculta, pero no me preocupa escribirlo aquí porque de momento solo me leen mis padres.

Kvernufoss.

Disfrutamos un buen rato de este regalo de la naturaleza pero finalmente nos obligamos a regresar a nuestra camper. ¡Hora de comer! Nos hacemos unos bocadillos mientras vemos un capítulo descargado de la sana y recomendable comedia Brooklyn 9.9. En ese momento Lava Car Rental nos envía un correo: un empleado simpático al que le hemos debido dar pena, ha leído los correos y nos ha ofrecido el teléfono de un taller en Vík, por donde pasaremos esta tarde. Llamamos y nos lo coge un señor islandés que no habla inglés pero nos apañamos para quedar en pasarnos por su taller a eso de las 17 horas.

Continuamos nuestra ruta por la RingRoad y cogemos un desvío por la 221 para llegar a nuestro próximo destino. Son 5 kilómetros llenos de curvas y baches pero el paisaje es espectacular. No me canso de repetirlo, pero es que conducir en Islandia es una verdadera maravilla, se respira naturaleza por los cuatro costados y se alternan paisajes muy diferentes. Tan pronto ves una cascada como un paisaje volcánico, una playa o un glaciar.

Sólheimajökull.

Y así es como llegamos a la lengua glaciar Sólheimajökull (-jökull significa glaciar), que proviene del glaciar Mýrdalsjökull, situado encima del volcán activo Katla. La ceniza volcánica de Katla es la que confiere ese tono negruzco. Desde esta zona parten excursiones guiadas por el glaciar y de noviembre a marzo también a cuevas de hielo, formadas por el agua que transcurre debajo del glaciar. Nosotros nos limitamos a disfrutar del paisaje, algo menos concurrido que otros; pues ya tenemos reservada una excursión glaciar en Vatnajökull.

Cerca de Mýrdalsjökull se encuentra otro glaciar: Eyjafjallajökull, cuya erupción en 2010 se hizo famosa debido a que cubrió todo el cielo europeo con ceniza volcánica, paralizando por completo el tráfico aéreo durante una semana, además de provocar desbordamientos de ríos cercanos que obligaron a realizar evacuaciones en la periferia.

Cerca del aparcamiento hay unos carteles divulgativos muy interesantes que documentan cómo se forma y mueve el glaciar (pues está siempre en movimiento, creciendo y decreciendo según los ciclos de hielo-deshielo) y el espectacular retroceso que el mismo ha experimentado los últimos 20 años debido al aceleramiento del cambio climático global.

Arcoiris en Sólheimajökull.

En este punto decidimos desechar la parada al fotografiado avión estrellado de Sólheimasandur para llegar al taller de Vík y ver qué pueden hacer con nuestra camper. Por si a alguien le interesa, el avión estrellado era pilotado por un soldado estadounidense que se vio obligado a realizar un aterrizaje de urgencia en una playa en 1973 (Guerra Fría), sin heridos. Por lo que leímos se debe tardar una hora y media en llegar desde el parking.

Llegamos al taller, situado en una zona industrial de Vík. Nos atiende un señor con cara de pocos amigos que se suaviza al vernos un poco agobiados. La comunicación no es fluida, pero mediante el idioma universal (la gesticulación) conseguimos hacernos entender. A los 10 minutos la nevera funciona (creo que soldó mejor la carcasa del contacto) y el señor islandés nos dice que se lo cargará directamente a la empresa. Gracias, señor. Más tranquilos, nos toca retroceder para visitar las playas volcánicas que nos hemos saltado antes.

Reynisfjara. Al fondo, Dyrhólaey.

Ir desde Vík hacia las playas de arena volcánica nos obliga a conducir un valle elevado donde nos ataca con furia un viento huracanado. Nunca había agarrado con tanta fuerza el volante para no acabar en el carril de sentido contrario; los vientos islandeses de más de 80 kilómetros/hora son famosos pero nosotros no los habíamos experimentado antes. Perfectamente pueden arrancar la puerta del coche y no son el clima ideal para conducir. Por suerte la playa está cerca y aunque allí también hace un viento interesante, no es tan potente como en el valle.

Reynisfjara.

La playa de Reynisfjara, como muchas otras de Islandia, es de color negro porque es de basalto, de origen volcánico. Es la playa más peligrosa de Islandia debido a las “big sneaker waves“, olas inusualmente grandes que llegan de improvisto y se comen a los turistas (hay vídeos en YouTube). Nosotros llegamos con la marea baja y la playa está muy tranquila, pero aún así nos quedamos en el inicio. Hay muchas muertes de turistas registradas en esta playa y hay que ir con cuidado porque no solo se pone en peligro la propia vida sino la de la gente que se lanza a salvar al inconsciente.

Columnas de basalto y Reynisdrangar.

Por lo demás la playa es preciosa, y especialmente al atardecer; es uno de los lugares por donde corre el niño del videoclip de Holocene. Se pueden ver también las gigantescas columnas de basalto, formadas por lava que se enfría bajo la superficie terrestre (en lugar de emerger violentamente al exterior) y que adquiere esa característica forma hexagonal. Estas columnas alcanzan los 66 metros y se encuentran bajo el monte Reynisfjall.

Desde la playa también se pueden observar los monolitos Reynisdrangar. Por más que he buscado el significado de “Reynis”, que da nombre a todo por esta zona, no lo he encontrado. Las leyendas islandesas dicen que los monolitos son tres trolls (llamados Skessudrangar, Landdrangar y Langhamrar) que trataron de arrastrar un barco por la noche, pero les costó más de lo esperado y al salir el sol se convirtieron en piedra.

Volvemos al coche y los vientos huracanados regresan, bamboleando con fuerza nuestra camper. Hay un dicho islandés que dice que si no te gusta el clima, solo tienes que esperar 15 minutos, así que eso es lo que hacemos. Mientras tanto, nos damos cuenta de que la nevera otra vez no funciona. Nuestro plan era ir a los acantilados de Dyrhólaey, otra zona de playa donde en verano se pueden avistar los famosos frailecillos, pero el tiempo no acompaña y como en otoño no hay frailecillos, eliminamos la parada y esperamos pacientemente a que mejore el clima. Las ovejas pastan impasibles, ajenas al resto del mundo.

Cuando el viento se suaviza un poco, arrancamos rumbo a Kirkjubaer II, el camping donde pensamos pasar nuestra segunda noche. Desde la carretera se ven los campos de lava Eldhraun, montículos de origen volcánico que conforman un paisaje muy curioso, y que nosotros no apreciamos al 100% porque está anocheciendo. Nos encontramos con que el camping está cerrado; algunos solo abren en temporada alta.

En un golpe de suerte, vemos varias campers aparcadas en una explanada algo apartada del pueblo. Sus ocupantes nos dicen que han dormido allí otras noches sin problema, así que nos quedamos. Sacamos el camping-gas, nos hacemos una crema de calabacín y un revuelto, y cuando refresca nos damos cuenta de que… ¡la calefacción tampoco funciona!

Maravilloso“. Intentamos ver el lado positivo: nos está haciendo un clima idílico para el otoño en Islandia y los paisajes nos han dejado sin palabras. El pronóstico de auroras no acompaña esta noche, el cielo está nublado y nos toca volver a pedir soluciones a la compañía de alquiler (confiamos en que con mejor resultado… pobres inocentes), así que guardamos energía para el día siguiente.

¡Buenas noches en Islandia!

>> Parque Nacional SKAFTAFELL. Cañones, lenguas glaciares y lagunas con icebergs.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s