Parque Nacional SKAFTAFELL. Cañones, lenguas glaciares y lagunas con icebergs.

ISLANDIA DÍA 3 DE 11: SKAFTAFELL Y ALREDEDORES I
De Kirkjubaerjarklaustur a Skaftafell (209 km)

[27 Septiembre 2019]

Góðan daginn! (buenos días). Prometo más fotos que chapa en esta entrada.

Abrimos los ojos. Abrimos el saco. Abrimos la puerta trasera de nuestra casa-cama-coche. El nuevo día nos recibe en plena naturaleza: los primeros rayos de sol se cuelan por el horizonte sobre el verde del paisaje, las ovejas pastan felices, los pajarillos madrugadores cantan y vuelan, la caída del agua de una cascada cercana genera un sonido de fondo perfecto para desayunar… En definitiva, un verdadero regalo el haber dormido en este lugar. Acampar por libre mola.

Góðan daginn!

El ambiente es tan propicio que nos animamos y sacamos la mesa y las sillas para desayunar fuera. Este fue el único día que utilizamos el “pack merendero” porque el frío islandés derrotó a nuestros yos recién levantados. Tras los bocatas y Nescafés de rigor nos acercamos caminando a una cascada cercana pero discreta: Stjórnarfoss. ¡Descubrimiento inesperado! Si no nos hubiéramos desviado para acampar no la habríamos visto. Según Google Maps el descampado donde dormimos debe ser el parking de dicha cascada.

Stjórnarfoss significa “cascada del gobierno” y no es de las más impresionantes de Islandia (porque el nivel está muy alto) pero es muy bonita y disfrutarla en silencio no tiene precio. Allí nos encontramos con unos belgas y franceses que habían dormido en tiendas de campaña, ¡qué valor! También hay unas ovejas trepando verticalmente por paredes rocosas y balando sobre el valle reclamando su territorio. En la foto no se aprecia el precioso enclave montañoso porque no cabía en la foto.

Stjórnarfoss.

Volvemos a llamar a Lava Car Rental para ver si nos solucionan la calefacción y la nevera que no funcionan. No hay respuesta (qué sorpresa), así que continuamos nuestra ruta hacia los cañones Fjaðrárgljúfur. En algún momento de la RingRoad nuestro GPS nos envía por una bifurcación a la derecha, unos 20 minutos de socavones y lodazales en los que nuestro no 4×4 nos obliga a ir a 10 kilómetros por hora. Acabamos llegando a un cartel del cañón, pero no hay cañón, ni coches, ni gente: solo campo. Por no haber, no hay ni ovejas.

Un turista aparece de la nada y nos dice que lleva media hora buscando pero que no encuentra cañón alguno. Así que recorremos de nuevo el caminito de los socavones y en la intersección probamos a seguir recto, y en 3 minutos de carretera asfaltada llegamos. Moraleja: si queréis ir a este cañón, cuando el GPS os desvíe hacia la derecha por un camino que parece ser el infierno, no lo cojáis y seguid recto, que vuestro destino está muy cerca.

El parking está lleno, para variar, pero no es de pago y conseguimos encajonar la camper en una esquinita.

Hola, cañón Fjaðrárgljúfur.

Cañón Fjaðrárgljúfur.

Este lugar es precioso, en mi opinión uno de los más auténticos de Islandia. Se puede hacer una rutilla de media hora que permite recorrer el cañón por el flanco derecho. Incluye varios miradores.

Al parecer meses atrás el lugar fue invadido por fans de Justin Bieber (porque debió grabar allí un videoclip) que se acercaban temerariamente a los bordes para hacerse fotos, y por ello el cañón se cerró al público hasta que instalaron unos cordones de seguridad. Hay gente que ignora los cordones; ahí ya depende del vértigo y temerosidad de cada un@.

Cañón Fjaðrárgljúfur.

Nuestra siguiente parada es Núpsstaður , un pueblo con casitas con tejados de turba; es decir, compuestos por una capa de musgo y hierba, muy similares a las casas de los hobbits de El Señor de los Anillos y muy utilizados por los vikingos porque proporcionan un gran aislamiento térmico y estabilidad.

Sin embargo nos saltamos la parada porque hemos leído que ahora es una propiedad privada (hay gente que se cuela, pero no es nuestro estilo) y que sus coordenadas en Google Maps son falsas (y hoy ya nos hemos equivocado, no queremos perdernos otra vez).

Foss á Síðu.
Caballo islandés.

A partir de aquí nos ponemos rumbo a Skaftafell, realizando múltiples paradas en el camino porque los paisajes islándicos son de una belleza hipnótica. La música de nuestra lista de Spotify titulada “Ótrúlegt” —seleccionada específicamente por Influencer a la Fuga para este viaje— no puede ser más acertada. Os pongo algunas por si queréis ambientaros:

  • Welcome home, son – Radical Face
  • Paint – The Paper Kites
  • The magic – Robert Francis
  • Barcelona – George Ezra
  • Gone (The Pocahontas Song) – Ziggy Alberts
Enclaves preciosos en medio de la nada.
Se huele el glaciar.

Al principio nos paramos en cada remanso que vemos, disfrutando del paisaje y haciendo mil fotografías hasta que el viento islandés amenaza con llevarse volando nuestro trípode.

De momento las ruedas y el motor funcionan.

Conforme nos vamos acercando a Skaftafell empezamos a ver montañas cubiertas de nieve que presagian la cercanía del glaciar al que nos dirigimos. Poco antes de llegarhay multitud de pequeños lagos donde vemos desde el coche congregaciones de cisnes y patos. Se empiezan a ver a lo lejos algunas lenguas del glaciar.

Finalmente llegamos al Parque Nacional Skaftafell, uno de los lugares más turísticos de Islandia. A su vez forma parte del Parque Nacional más grande de Europa: Vatnajökull, llamado así porque alberga el glaciar Vatnajökull, el más grande de Europa siendo superado solo por Austfonna, un glaciar de una isla noruega. El glaciar lo visitamos en una excursión al día siguiente.

Pagamos 750 ISK por el parking, como siempre informatizado. Nos preparamos unos bocadillos y caminamos hacia el centro de información, donde nos ofrecen un mapa con varias posibles rutas de distinta duración: las hay desde media hora hasta 6-7 horas. Dado que hemos reservado un tour a las 17 h en Jökulsárlón para recorrer la laguna glaciar (y está a una hora de Skaftafell hacia el este), decidimos hacer una circular de unas tres horas que incluye las paradas Svartifoss – Sjónarsker – Sjornanipa.

Parque Nacional Skaftafell. Rumbo a Svartifoss.

El septiembre islandés sigue tratándonos bien: hace fresquete pero el cielo está despejado. La caminata nos permite hasta quitarnos los abrigos. Nuestra primera parada es la famosa cascada Svartifoss. El camino hacia la misma está bien señalizado, incluye un par de miradores y es muy tranquilo.

Svartifoss. ¿Se aprecia el arcoiris?

La cascada Svartifoss significa “cascada negra” debido a las columnas verticales de basalto (de origen volcánico) que la rodean. Parte de su belleza radica en su ubicación: está encajonada en medio de un pequeño cañón boscoso. Eso sí, suele estar atestada de gente debido a su popularidad y cuenta con más infraestructura que otras.

Hacia Sjónarsker.

Nuestra ruta continúa por un puente que aporta una perspectiva más lejana de la cascada y que supone un ascenso continuo y progresivo hasta el mirador Sjónarsker. Quizás una media hora. Merece la pena esta subida porque se dejan atrás las multitudes y se obtienen unas vistas preciosas 360º. Comemos nuestros bocatas en compañía de otros cuatro mochileros, con el imponente glaciar asomando a lo lejos y el viento recordándonos que en Islandia hace frío. Las fotos, como siempre, no hacen justicia.

Sjónarsker.

En este punto nos toca retroceder más de la mitad del recorrido, abandonando Sjónarsker y pasando de nuevo por Svartifoss, para dirigirnos a nuestra última parada del trekking. Nos planteamos seriamente finalizar aquí la ruta por miedo a no llegar al tour de la laguna, pero concluimos que “a lo loco” y seguimos. ¡Queremos ver hielo!

Influencer a la Fuga.

Vamos un poco apurados porque no sabemos dónde está el final y no vemos personas, pero metemos tercera y finalmente llegamos: las vistas de Sjórnanípa merecen definitivamente la pena. Desde este mirador se puede apreciar la lengua del glaciar Skaftafell (Skaftafellsjökull).

Lengua glaciar de Skaftafellsjökull .

Resumiendo, una lengua glaciar abarca la parte del glaciar que se adentra en un valle, desde que el hielo se empieza a deshacer hasta que se fusiona en agua (se podría decir que es la parte del glaciar que empieza a derretirse). Durante todo ese tramo la lengua glaciar se va moviendo por efecto de la gravedad y del deshielo, y por el camino va dejando multitud de sedimentos que se llaman morrenas.

Sjórnanípa.

Nos dejamos seducir por este mirador y continuamos la circular hasta Skaftafell. Recomendamos llegar hasta aquí porque se puede disfrutar del lugar sin gente y al ser una circular el trekking no resulta nada monótono. Ciertas zonas me hacen pensar a ratos que caminamos sobre llanuras sudafricanas.

De Sjórnánipa a Skaftafell. ¿Esto es África?

La última zona del recorrido es bastante entretenida: el sendero se estrecha, hay ríos y saltos de nivel (aptos para todos los públicos) y se adentra por los árboles en armonía con la naturaleza.

Llegamos a Skaftafell con el tiempo justo para conducir la hora que nos separa de la laguna Jökulsárlón. Una hora llena de tráfico, estrechamientos en la carretera (los dos carriles se fusionan en uno y pasa el que llegue antes), un viento infernal (de los que bambolea el coche) y, como siempre, paisajes espectaculares.

Laguna Jökulsárlón.

Cuando llegamos al punto de encuentro, un señor nos dice que el tour se ha cancelado porque hay demasiado viento y el oleaje de la laguna es inestable. No hemos recibido ningún email de cancelación, así que llamamos al teléfono de contacto. Nos confirman lo que ha dicho el señor y nos ofrecen reembolsar el dinero, pero les proponemos cambiar el tour al día siguiente y les parece bien.

Al mal tiempo, buena cara. Tenemos la tarde libre para explorar la laguna y los alrededores. Aunque el viento amenaza con llevársenos volando, Islandia nos regala un atardecer espectacular.

Jökulsárlón.

La laguna Jökulsárlón es el mayor lago glaciar de Islandia, con 200 metros de profundidad. Se formó a partir del deshielo del glaciar que ya hemos nombrado antes: Vatnajökull; el cual se puede apreciar al fondo de la laguna.

Debido a ello la laguna aumenta a medida que decrece el glaciar, cuyo retroceso (en cierta manera normal dado que estamos en un periodo interglaciar) se ve avivado por el aceleramiento del calentamiento global. A este ritmo, se estima que en menos de 200 años todos los glaciares se habrán extinguido, aumentará el nivel del mar y habrá unas cuantas consecuencias climáticas, ambientales y socioeconómicas que los humanos preferimos ignorar hasta que sea demasiado tarde.

Foca islandesa.

Dejando a un lado lo anterior, la laguna Jökullsárlón es la típica imagen que te viene a la cabeza cuando fantaseas con viajar a Islandia, y no hace falta el tour en barca para quedarse alucinado. Los icebergs flotando son una maravilla y conforman una escena impactante; las gaviotas y focas saltando en el agua hacen el resto. El lugar ha sido filmado en numerosas películas como la mítica escena de Batman Begins donde se enfrentan Christian Bale y Liam Neeson.

Después de absorber con los ojos el paisaje de postal, visitamos la Playa de los Diamantes. Está al lado de la laguna, pero hay que coger el coche para cambiar de parking. La playa es famosa por sus arenas de color negro (origen volcánico, como siempre) y los pedazos de iceberg que trae el oleaje, provenientes del deshielo de la laguna y cuyos destellos sobre la arena oscura otorgan el nombre al lugar.

Playa de los Diamantes.

Nosotros no vemos muchos “diamantes” y los pocos que vemos tienen decenas de fans haciéndoles fotos. Conforme más nos alejamos del parking (y de la gente) más hielo encontramos, más tranquila está la playa y más se puede disfrutar.

Playa de los Diamantes.

Es hora de regresar a Skaftafell, pero a los 5 minutos de arrancar vemos un remanso con varios coches aparcados y la curiosidad mochilera puede con nosotros. Recorremos un pequeño sendero que nos regala esta bonita panorámica de la laguna Jökulsárlón, con vistas más cercanas al glaciar.

Otro ángulo de Jökulsárlón.

Todavía efectuamos una última parada en otra laguna glaciar, hermana de la anterior y mucho menos conocida: Fjallsárlón.

Fjallsárlón.

La laguna glaciar Fjallsárlón es bastante más joven que Jökullsárlón, pues se formó hace unas décadas por el retroceso de una lengua glaciar. También se organizan salidas en barca en esta laguna, bastante menos abarrotada que la anterior, aunque más pequeña. Los gélidos vientos huracanados vuelven a saludarnos mientras contemplamos absortos las formas y colores de la enorme masa de hielo.

Fjallsárlón.

El viento y el anochecer nos obligan a retirarnos antes de lo que nos gustaría. Llegamos a Skaftafell por la noche; la entrada al camping de Skaftafell está bien indicada y en comparación con el de Hella está increíblemente bien equipado. Muchas áreas para lavar el menaje, numerosas duchas, baños grandes y espaciosos, espacios de acampada limpios y recogidos… Muy recomendable.

Al ser una de las áreas más turísticas de Islandia suele haber mucha gente pero también es muy espacioso y cuenta con varias explanadas; nosotros estuvimos muy tranquilos. Si llegáis por la noche y encontráis la caseta cerrada no hay que preocuparse, se puede pagar al día siguiente.

Sin calefacción pero con posibilidad de ver auroras. ¡Todo bien!

Nos duchamos y una vez limpios cenamos caldo y salchichas con queso. Como viene siendo costumbre, miramos la web Vedur: cielo despejado y Kp de 5. ¡Parece que hay posibilidad de ver auroras!

¿Qué es el índice Kp y cómo se forman las auroras? El índice Kp es la actividad geomagnética que indica la probabilidad de ver auroras, y tiene un valor de 0 a 9. Está relacionado con la actividad solar, pues las auroras son un fenómeno que se produce cuando las partículas solares chocan con el campo magnético terrestre (invisible a nuestros ojos). Si el índice Kp es medio-alto, no hay contaminación lumínica y el cielo está despejado, hay una probabilidad elevada de ver auroras.

Nuestras ansias de ver auroras se debaten con el frío congelador que hace fuera de la camper, así que entramos y salimos continuamente. La calefacción sigue sin funcionar (lo repito mucho pero fue un problema constante en nuestro viaje) y está siendo la noche más fría hasta el momento. De repente, en el cielo se dibujan unas formas verdosas… “¡Sal, corre! ¿Es una aurora? ¿Es una nube? ¿Es algo?”

Hago mis primeros intentos de fotografiar la difuminada mancha verde con el trípode, pero el resultado es una foto negra. Parece que estamos intuyendo nuestras primeras auroras, pero no son como pensábamos: no se aprecian claramente y al cabo de unos segundos han desaparecido. Habíamos visto tantas fotos de colores brillantes que quedamos un poco decepcionados. Nos planteamos que quizás nunca se pueden ver como en las fotos.

Es cierto que ver una aurora en directo no tiene nada que ver con las fotos: en la realidad son colores menos intensos dado que las cámaras captan más colores que el ojo humano y los suman durante todo el tiempo de exposición, pero ver auroras gigantescas serpenteando por el cielo no se puede comparar a ninguna foto que haya visto. Solo hace falta encontrar el momento adecuado; y nosotros lo tendríamos dos días más adelante (además con un Kp de 4, así que nunca te fíes 100% de las predicciones).

Hace mucho frío y las auroras parece que no quieren volver a aparecer, así que sobre las 12 de la noche nos rendimos y nos encerramos en los sacos de dormir dejando unos centímetros para respirar. Juramos un poco en hebreo por la calefacción que no funciona. Al día siguiente nos espera un hiking por el glaciar y una vuelta en barca por la laguna, antes de poner rumbo hacia los fiordos del este. ¡A dormir!

NOTA SOBRE LA ORGANIZACIÓN DE LOS ALREDEDORES DE SKAFTAFELL: A priori parece más lógico hacer primero el tour por el glaciar Vatnajökull (que se hace al lado de Skaftafell) y al día siguiente ir a la laguna Jökullsárlon, que está de camino a los fiordos del este (el recorrido Skaftafell-Jökullsárlón supone una hora de ida y otra de vuelta), pero la excursión de la laguna dura 1 hora y la del glaciar 3 horas, por lo que no sabíamos si nos daría tiempo este día. Por ello decidimos hacer primero la excursión de la laguna (claro que, con la cancelación del tour por viento tuvimos que reorganizarnos igualmente). En cualquier caso volveríamos a hacerlo así porque la laguna merece una visita de día y otra al atardecer; y el glaciar gana encanto a primera hora de la mañana, dado que está absolutamente vacío y a partir de las 10 se llena de gente.

Como despedida, un vídeo de Kaleo en la laguna Fjallsárlón.

>> El sudeste islandés: hielo, hielo y más hielo. Glaciar VATNAJÖKULL, laguna JÖKULSÁRLÓN y VESTRAHORN.

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