Etapa 7. De PALAS DE REI a ARZÚA. Puentes medievales, pulperías y una etapa «rompe-piernas».

CAMINO DE SANTIAGO · Día 8 de 10
Etapa 7: De Palas de Rei a Arzúa (28,8 km) 

[26 Noviembre 2021]

Amanecemos sobre las 6:30 de la mañana, antes que las aves más mañaneras en Palas de Rei.

La etapa de hoy es bastante larga, unos 29 kilómetros. Aunque no tiene mucho desnivel, es la más dura para quienes solo hacen los últimos 100 kilómetros hasta Santiago, y debido a su perfil quebrado (pequeñas subidas y bajadas para salvar varios cauces fluviales) es conocida como «rompe-piernas». El plan perfecto para mi rodilla.

Echamos un cafecito rápido en el Café-Bar O Cruceiro, en la compañía de varios palenses que leen el periódico antes de empezar su jornada laboral. Pese a la rodillera, el réflex, la toma de Ibuprofeno, los estiramientos previos y el soporte amortiguador del bastón, descender por las pronunciadas pendientes de Palas de Rei es un suplicio para mis rodillas.

Saliendo de Palas de Rei.

No muy lejos del albergue, un señor madrugador nos regala una gran sonrisa al grito de «¡Buen Caminho!» y nos invita a ponernos el sello de donde trabaja: la Asociación Ionut Preda, una entidad deportiva fundada por el atleta paralímpico del mismo nombre. Invito a buscar información en su página web.

Hórreo.

No puedo evitar pensar que si alguien me ve descender la cuestas con esta cojera, me va a sugerir irme a mi casa (quizás haya quien piense que fui irresponsable y probablemente así fue, pero soy muy tozudo y era un dolor intermitente, únicamente en bajada).

Atravesamos la frondosidad de los bosques de castañeiros mientras los primeros mirlos revolotean entre las ramas. El terreno empieza a ser bastante llano, lo cual se agradece.

Amanece, que no es poco (en Palas de Rei).

Atravesamos una senda flanqueada por hileras de robles y eucaliptos y sobre el kilómetro 3’4 llegamos a SAN XULIÁN DO CAMINO. Fuera de la Iglesia románica del mismo nombre, construida en el siglo XII, nos espera un cura que nos invita a entrar para ponernos el sello y, si queremos, dejar una donación a la Iglesia.

Hórreo (San Julián del Camino).

Empezamos a ver muchos, muuuuchos hórreos. Y en casi todos ellos me paro a hacer fotos porque me parecen un símbolo precioso de la vida rural gallega. Vamos alternando tramos de pista asfaltada y preciosas corredoiras en los alrededores del río Pambre, mientras atravesamos aldeas como Pontecampaña (km 4’5) o Casanova (km 5’7). En algunas de ellas nos vemos obligado a desviarnos por tramos en obras.

También hay tramos de bosque frondoso en los que imperan las plantas trepadoras, el musgo, las raíces retorcidas y la humedad. Lo siento si hablo demasiado de los bosques gallegos, pero es que son microclimas que te absorben y te hacen plantearte si no merecería la pena alejarnos un poco más de las grandes ciudades para disfrutar de la paz de estos espacios.

Hórreos.
Petirrojo cantarín.

Después de que una ardilla roja nos pegue un susto trepando a toda velocidad por un tronco en el que habíamos parado, dejamos atrás Lugo y avanzamos hasta EL COTO (km 8’5), primera aldea en la provincia coruñense y en la que se despliegan varios bares a ambos lados de la carretera.

Preguntamos en A Taberna do Carteiro si tienen algo sin gluten para desayunar, me dicen que no. Así que vamos a Casa de los Somoza, que está un poco más adelante y… ¡Sorpresa! Allí están desayunando nada menos que las señoras que conocimos en Portomarín, las cuales se alegran muchísimo de vernos y vuelven a darnos un montón de consejos maternales, que nos cuidemos, etc.

Como ya viene siendo costumbre, me pido una tortilla francesa para acompañar con mi pan sin gluten y el café con leche de turno. Desayunar cuando llevas caminados 9 kilómetros es una maravilla, te hace sentir que te has ganado el almuerzo merecidamente. En el bar hay una gata majísima que se refrota constantemente en nuestras piernas para dejarnos su olor y que sepamos que le pertenecemos.

Mientras reponemos glucosa, la camarera (que se llama Raquel) y una de las señoras (que es experta en el Camino de Santiago porque lo ha hecho cinco veces) discuten sobre cuál es la mejor pulpería de Melide, localidad en la que pararemos hoy y cuyo «pulpo á feira» es el más famoso de todo el Camino de Santiago.

La felicidad de un buen desayuno.

Nuestra próxima aldea de paso es Leboreiro km (9’2) donde se pueden observar la Iglesia románica de Santa María y un gran canasto circular con palos y techo de paja, que se llama cabazo y se utiliza para conservar el maíz.

Puente medieval de Leboreiro.

Al salir de Leboreiro cruzamos un bonito puente medieval del siglo XIV, que nos permite pasar por encima del río Seco. Un rato después el Camino pasa por el Polígono industrial de la Madalena, un tramo gris y aburrido que nos devuelve por un momento a la vida real.

Algo de color en el Polígono industrial de la Madalena.

Poco después del polígono, se nos alegra la vista con el imponente PONTE MEDIEVAL DE SAN XOÁN DE FURELOS. Construido en el siglo XII sobre el río Furelos, es imposible que te deje indiferente. Es la antesala a Melide y de hecho allí nos empezamos a encontrar con muchos otros grupos de peregrinos. Todos tenemos lo mismo en mente: una cerveza y un buen pulpo con patatas.

Ponte medieval de San Xoán de Furelos.

En torno al kilómetro 14,8 nos plantamos ya en el centro de MELIDE, localidad famosa por su pulpo á feira. Además, aquí confluyen el Camino Francés con el Camino Primitivo, que empieza en Oviedo (por eso en verano a partir de este punto el Caminho está hasta arriba de gente). Hay quien finaliza la etapa aquí; nosotros seguiremos hasta Arzúa pero no sin antes probar la gastronomía local.

Campaña promocional de la cerveza «Estrella del Camino» (de Estrella Galicia).

Así pues, entramos los peregrinos en manada en busca de la mejor pulpería de Melide, título que se disputan dos sitios: A Garnaxa y la Pulpería Ezequiel. La segunda lleva muchísimos años y tiene la fama más que ganada. Sin embargo, el Camino pasa antes por A Garnaxa, donde un tío nos grita asomado por una ventanilla al más puro estilo del Mercado de Marrakech: «¡Venid a la mejor pulpería de Melide, es esta, no hay otra igual! Os vais a chupar los dedos, la de Ezequiel ya no es lo que era porque la vendió y la llevan otros…».

Pulpo á feira en Melide.

Pulpería A Garnaxa (Melide): Una de las dos pulperías más famosas de Melide, tienen tres tamaños de raciones. Si vas despistado te engatusan aunque no quieras. Hay cerveza sin gluten.

No es una técnica atrapa-clientes que nos atraiga mucho (más bien todo lo contrario), pero dentro están nuestras amigas las señoras madres que salen a buscarnos y nos dicen que el pulpo está buenísimo y que efectivamente la de Ezequiel ya no la lleva el famoso Ezequiel.

Como no podemos sino fiarnos de la que ha hecho el Camino cinco veces, entramos y nos pedimos una ración de pulpo (que está muy rico, como todo el pulpo que probamos en Galicia) y unas cervecitas para reponer. Poco después llega nuestro conocido Domingo, el gaditano que llevaba 1.400 kilómetros a sus espaldas, con otra tanda de peregrinos. Pues es cierto: Melide es un festival de peregrinos.

Capela de San Roque (Melide).

Si continuamos por la calle de las pulperías vemos la Capela de San Roque, que fue reconstruida en el siglo XX con restos de antiguas iglesias medievales, aunque conserva la fachada del siglo XIV. No tendréis ninguna duda de dónde empieza la parte reconstruida.

Iglesia de Sancti Spiritus (Melide).

Merece la pena desviarse por el corazón histórico de Melide para visitar la bonita Plaza del Convento, donde se alza la IGLESIA DE SANCTI SPIRITUS. Esta formó parte de un antiguo monasterio franciscano del siglo XIV, que se construyó con las piedras del castillo y la muralla derruidos durante las Revueltas Irmandiñas, de las que ya hablamos en la entrada de nuestra cuarta etapa.

Por allí cerca se encuentra también un antiguo hospital de peregrinos del siglo XIV, que actualmente alberga el Museo de Terra de Melide dedicado a los peregrinajes del Camino de Santiago.

Cruceiro y al fondo la Iglesia de Santa María de Melide.

A la salida de la localidad nos encontramos una fuente dedicada a un Santo (donde llenamos las aguas), un Cruceiro y la IGLESIA DE SANTA MARÍA DE MELIDE, templo románico del siglo XII que es una preciosidad aunque nosotros no le prestamos suficiente atención. Probablemente el Caminho sea el viaje en el que más desconectado he estado del móvil, lo cual es una maravilla pero a veces te pierdes cosas.

Vaca melidense.

Después de Melide nos sumergimos en un bosque de eucaliptos. Los eucaliptos son una especie no autóctona de Galicia, y fueron promovidos durante el franquismo para producir celulosa (que se utiliza en la industria papelera y textil mayormente). El problema es que su producción intensiva los convierte en ecológicamente nocivos, pues desplazan a otras especies autóctonas y poseen aceites que favorecen la propagación del fuego en caso de incendios. Pero bueno, así funcionamos en el mundo actual: dame cuatro especies que me den mucho dinero y que desaparezcan todas las demás.

Río Catasol.

Los mirlos nos van abriendo el paso entre eucaliptos, robles y castañeiros hasta que llegamos al paso empedrado del río Catasol, un precioso rincón de cuento.

Peregriner a la fuga.

Dejamos atrás bosques y prados antes de llegar a Boente (km 20,5), donde podemos encontrar una Iglesia de Santiago bastante modernizada. Sus habitantes tienen fama de producir los mejores quesos de Arzúa de la zona, aunque no se pueden adquirir ya que los fabrican para consumo propio.

El abuelo Juan.

No recuerdo si es en Boente o en Castañeda (o Fraga Alta, en el km 22,7) que nos encontramos a un abuelete de 87 años llamado Juan. Fue celador durante 25 años en Londres y nos cuenta su vida en verso, y también la de unos cuantos pacientes de su hospital. Tiene muchas ganas de hablar pero está empezando a llover y nos vemos obligados a continuar.

Castañeda.

La aldea de Castañeda es importante porque aquí se encontraban los hornos de cal donde los peregrinos depositaban las piedras que habían cogido en Triacastela (nuestra etapa 3) para construir la Catedral de Santiago. Que por cierto, ¡nos quedan menos de 50 kilómetros hasta Santiago!

Vamos alternando corredoiras por los bosques y pistas asfaltadas mientras la lluvia nos pisa los talones. Constantemente nos cruzamos con un chaval joven que lleva un ritmo más bajo que nosotros pero que siempre que paramos acaba adelantándonos. Lo llamamos Tortuguita (y nosotros seríamos la liebre, que va más rápido pero acaba perdiendo la carrera).

Las subidas y bajadas de las zonas boscosas nos recuerdan por qué esta etapa se llama rompe-piernas; pero en general nos parece bastante asequible (si olvidas la longitud) y las rodillas se portan bien. El sube-baja continuo se debe a la orografía de la etapa, por la cual discurren unos cuantos afluentes del río Ulla perpendiculares a nuestra dirección.

Sobreviviendo a la etapa rompe-piernas. Tirando de cadera para no flexionar la rodilla.

Paramos a comer algo rápido en un sitio de carretera, porque la etapa de hoy se nos está haciendo bola. No recuerdo el nombre del bar y tampoco merece mucho la pena (no pedimos ni sello). Probamos el queso de Arzúa (Denominación de Origen), uno de los quesos gallegos más tradicionales a base de leche de vaca.

Queso de Arzúa.

Después de comer continuamos por pista asfaltada en descenso (rodillas, toca sufrir) con algún pequeño sendero boscoso. Es verdad que hay mucha carretera, pero aún así el otoño no deja de regalarnos postales preciosas de la Galicia rural.

Mojón y cuidado vacas.

Llama la atención que cada vez se ven menos castaños y robles conforme nos acercamos a la capital, viéndose sustituidos por pinos y eucaliptos que son especies introducidas por el hombre debido a que crecen más rápido para la producción maderera.

Corredor de conservación. que conecta dos áreas naturales por encima de la carretera.

Atravesamos un corredor ecológico por encima de la carretera. Estos son muy útiles para favorecer el tránsito de fauna entre dos áreas naturales cortadas por el ser humano, pues de otra manera se viola el ecosistema natural.

Después de un descenso continuo que personalmente se me antoja bastante duro debido a la rodilla, llegamos hasta RIBADISO DA BAIXO (km 25,8). Cruzamos otro bonito puente medieval sobre el río Iso, donde los peregrinos (y vecinos) remojan los pies en verano. Hoy no hace falta porque ya estamos todos remojados.

Ribadiso da Baixo.

Continuamos bajo el chispeteo de la lluvia, pero al menos ya en subida (mi rodilla te da las gracias, Santiago). Es una subida bastante suave por el asfalto pero da un rodeo que se nos hace infinito, tedioso, agotador… Y que finalmente nos conduce a nuestro destino: ARZÚA.

La «Tierra del Queso» tiene un censo de 6.000 habitantes y aquí confluye también el Camino del Norte, que empieza en Irún (País Vasco) y surgió como alternativa al Camino Francés cuando los musulmanes avanzaban su conquista hacia el norte de la península. Así que todos los caminos no llevan a Roma, sino a Santiago.

Aún tardamos un rato en alcanzar nuestro albergue que se encuentra en el centro, porque la periferia de Arzúa es bastante amplia. Desde las afueras se ven muchísimos hostales para peregrinos.

Llegamos sobre las 17:30 con el mismísimo Tortuguita, que se nos presenta como Ismael, y resulta ser un malagueño con el que hacemos muy buenas migas. Hacemos el check-in con Gustavo, el tío de recepción, que no puede ser más majo. Nos enseña la sala común y nuestra habitación, que compartimos con Tortuguita Ismael y con varios peregrinos más; a algunos los conocemos de vista. Está al 50% por el COVID, así que cada uno tocamos a una litera.

Albergue San Francisco (Arzúa).
  • Albergue San Francisco (Arzúa): 14€/persona. Habitaciones con 12 literas. Limpio y acogedor. Muy céntrico, en pleno casco histórico. La lavadora no funcionaba pero está pegado a un local con lavadoras y secadoras comunitarias. Hay una sala común con una pequeña nevera y microondas, sin hora de cierre. Ofrecen desayunos si se avisa con antelación.

Mientras nuestros compañeros se duchan y aprovechando que ya no llueve, nosotros salimos a poner una lavadora y pasear por el centro. Nuestro albergue está justo al lado de la IGREXA DE SANTIAGO DE ARZÚA, que fue utilizada como cuartel militar durante la Guerra Civil (entre 1936 y 1942). De su construcción original únicamente perdura el campanario. Intentamos entrar, pero hay misa y nos salimos para no molestar.

Campanario de la Iglesia de Santiago de Arzúa.

En Arzúa también hay un Centro de Divulgación do Queixo e do Mel (del queso y de la miel), los dos productos estrella de la localidad.

Aprovechamos el paseo para comprar una cena similar a la de los últimos días: tortilla, fuet, queso, crema, yogures… Ponemos la secadora en la lavandería comunitaria y volvemos al albergue, donde nos duchamos. Qué placer estar limpio después de todo el día caminando. Cenamos en la sala común charrando con nuestros vecinos de habitación sobre las chapas que nos ha metido a todos el abuelo Juan, y no tarda en apoderarse de nosotros el cansancio del peregrino…

¡A dormir!

***

>> Etapa 8. De ARZÚA a LAVACOLLA. Lluvia, granizo y corredoiras ancestrales.

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