Poseidón, Rey de los Mares. SUNIO y despedida de ATENAS.

GRECIA · Días 6-7 de 7
SUNIO y despedida de ATENAS

[28 Julio 2021]

Entre los trinos y volteretas de los aviones comunes y golondrinas nos despertamos por última vez en Kastraki. Recogemos el apartamento y bajamos a desayunar. Cuando pregunto a la señora de Guesthouse Lithos si podemos pagar con tarjeta, se echa las manos a la cabeza escandalizada pero sin dejar de sonreír, un poco en plan Dolores Umbridge. «All with card? No no no no! Part with card, part with money okey?».

Último despertar en Kastraki.

Esta fue nuestra única queja del hotel, pues tuvimos que parar en Kalambaka de propio para sacar dinero en efectivo que cubriera lo que nos gastamos allí (y que teníamos reservado para el taxi de regreso al aeropuerto, ya que los taxis son el único servicio que legalmente no está obligado a disponer de datáfono en Grecia). Entendemos que el objetivo era no declararlo todo, porque no le vemos otro sentido.

SACAR DINERO EN CAJERO EN GRECIA: Nosotros sacamos en Alpha Bank que cobra 2,50€ de comisión, pero he leído que otros como Cooperative Bank of Chania no cobran nada.

Fiesta en la plaza de Kastraki.

Con una botella de agua grande que enfriamos por la noche (hemos aprendido, Grecia) ponemos rumbo de nuevo hacia Atenas, nuestro punto de partida. Decidimos eliminar la península del Peloponeso y en su lugar ir a Sunio, un poco más al sur de Atenas. Esta vez los GPS son clementes con nosotros y en los tramos con obras nos redirigen perfectamente. Y el maletero no se nos abre. Así pues, después de casi 5 horas de carretera y 7 peajes (20,35€ en total) llegamos a Sunio.

Marida Seafood Restaurant en Sunio.

¿Y qué es lo primero que hacemos? Pues comer en el Marida Seafood, restaurante tradicional especializado en pescado y marisco con una terraza en la que se está muy a gustico. Nos pedimos anchoas, gambones y pulpo a la parrilla; unas patatas fritas y pulpa de berenjena aliñada, muy rica. Todo ello con unos cafés nos salió a 46€.

Marida Seafood Restaurant (Sunio): Especializados en pescado, no es lo más barato pero tampoco es carísimo. Ofrecen opciones sin gluten. Muy recomendable la pulpa de berenjena (metilzenasalata creo que se llama).

Playas de Sunio.

SUNIO es un cabo, es decir, una masa de tierra que se adentra hacia el mar, en este caso hacia el Mar Egeo, que baña gran parte de las costas griegas. El nombre de este mar proviene de Egeo, el noveno Rey de Atenas. Dice la mitología griega que Atenas estaba subyugada al Rey Minos de Creta y cada año ofrendaban siete doncellas y siete jóvenes que eran devorados por un Minotauro (mitad hombre, mitad toro).

Bueno, pues el hijo de Egeo (Teseo) salió a combatir contra el Minotauro, acordando con su padre que si salía victorioso, izaría velas blancas en lugar de las negras con las que había partido su barco. Teseo venció, pero se olvidó de cambiar las velas del barco y Egeo, pensando que su hijo había sido asesinado por el Minotauro, se suicidó lanzándose al mar desde el Cabo de Sunio.

Influencer a la Fuga, el Mar Egeo y el Templo de Poseidón.

Después del cafecito de rigor retrocedemos un poco por la carretera de costa y aparcamos en el punto más famoso de Sunio: el TEMPLO DE POSEIDÓN. Si bien este Dios griego no consiguió el puesto como patrón de Atenas, en este lugar consiguió un templo bastante imponente cuya silueta se recorta altiva sobre el Mar Egeo.

  • TEMPLO DE POSEIDÓN
  • Precio: 10€/persona.
  • Duración: Una hora quizás.
  • La hora de cierre es «al atardecer». Si podéis quedaros a la puesta de sol, tiene que ser espectacular.

Recordemos que en la mitología griega Poseidón es el Dios de los Mares y los Océanos. Cuando se enfadaba provocaba maremotos y naufragios; por ello, los marineros le oraban antes de partir en barco. A veces sacrificaban caballos en el mar como tributo; se dice que Alejandro Magno lanzó un carromato tirado por cuatro caballos antes de una expedición marítima.

Templo del Rey de los Mares.

Fue construido en el siglo V a.C., como casi todos los templos griegos. De sus 40 columnas iniciales sobreviven 15, pero sirven para hacerse una idea de la magnificencia del lugar.

Poseidón, hermano de Zeus, era uno de los Dioses griegos más venerados en un país rodeado de mares prácticamente en su totalidad. Por cierto, además Poseidón es padre de Tritón (el padre de Ariel según Disney) así que técnicamente Poseidón es el abuelo de la Sirenita.

La posición estratégica del lugar es evidente, pues a 60 metros sobre el nivel del mar permitía controlar las flotas que se dirigían al país griego, así como las expediciones que partían. Es curioso ver a las familias de perdices que viven y picotean entre las columnas de 2.500 años de antigüedad.

Las guardianas del templo.

En el recinto están también los restos arqueológicos de otro templo dedicado a Atenea, pero hay que echarle imaginación porque queda poco más que los basamentos. ¿Y por qué? Pues lo que pasaba siempre en Grecia. Los persas liderados por Jerjes destrozaron ambos templos en el año 480 a.C. durante las Guerras Médicas, si bien fueron reconstruidos en las décadas posteriores.

Mar Egeo.

La zona también poseía acceso privilegiado a canteras de mármol y minas de plata. Sobre el siglo II a.C., el Cabo de Sunio fue protagonista de una revuelta de esclavos ya que era uno de los mayores mercados esclavistas del Mar Egeo (estos romanos…). Cuando las minas de plata dejaron de ser explotables, y habiendo pasado la época dorada de Grecia, el lugar fue decayendo hasta caer en el abandono.

Se cree que el templo fue construido por el mismo arquitecto del Templo de Hefesto en el Ágora Antigua de Atenas, dadas sus similitudes. Los frisos representaban algunas de las heroicidades de Teseo para ganarse el respeto de su padre Egeo. Como siempre, parece ser que existía una estatua gigante de Poseidón dentro del templo, de la cual no queda resto alguno.

El ratón que bebía del comedero que ponían a los gatos para que se comieran a los ratones.

Se dice que en las rocas del templo figura tallada la firma del famoso poeta Lord Byron (siglos XVIII-XIX). Muy mal, Lord Byron, por muy poeta que seas está feo que hagas graffitis en templos milenarios. El británico era un enamorado del país griego, tanto que murió en 1824 batallando por la Independencia de Grecia.

En cualquier caso, es un lugar que merece la pena visitar. No está masificado, las vistas son maravillosas, el viento te azota recordándote que Poseidón está manejando el cotarro con su tridente… Muy recomendable.

Despedida de las tierras de Poseidón.

Realizamos varios intentos de autofoto hasta que un vigilante nos dice que no podemos apoyar la cámara en la roca. Es una roca cualquiera, no está tallada y no tiene más valor que el suelo que pisamos, pero de acuerdo señor. Nos haremos un selfie.

No podemos irnos sin probar las aguas bendecidas por Poseidón, así que nos acercamos a una playa cercana que aparece en Google Maps como PARALIA SOUNIOU. Hay un descampado donde es fácil acampar (muy guarro, mala gestión de basuras). La playa está parcelada, perteneciendo gran parte a un hotel. Hace vientecillo y hay poco sitio, pero se está de maravilla: poca gente, el agua está buenísima y con vistas al Templo de Poseidón en lo alto del acantilado.

Nos subimos al coche por última vez y ¡rumbo a Atenas! Al principio, disfrutando de la caída del sol sobre el Mar Egeo mientras vamos bordeando la costa. Después, estresados porque en Atenas hay un atascazo debido a las manifestaciones. Conseguimos llegar a la agencia de alquiler de coches justo a las 21 horas. Revisan el coche, todo OK.

Nos dirigimos a nuestro «nuevo» apartamento de Atenas, que se encuentra cerca del anterior. Recogemos las llaves de una caja de seguridad situada fuera del portal, de acuerdo con las indicaciones de nuestra anfitriona.

  • Alojamiento: FILOPPAPOU & ACROPOLIS Entire Apartment.
  • Encontrado conAirbnb.
  • Dirección: Zacharitsa 33 (Atenas). Cerca del centro, a unos 15-20 minutos caminando de la Acrópolis.
  • Precio: 27€/persona/noche.
Filoppapou & Acropolis Entire Apartment.

Se trata de un bajo por debajo de la planta-calle (oscuro, por razones obvias) pero amplio y bien cuidado. No es una suite ni está cerca de serlo, pero si a lo único que vas a ir es para dormir, no se necesita más… Sí que es cierto que la calle nos inspiró menos confianza que la otra.

Nos duchamos y salimos a la animada calle Drakou, donde cenamos nuestra primera noche en Atenas. Zona más barata que los alrededores de la Acrópolis. En Kalamaki Bar nos sirven ensalada, souvlaki de pollo y queso al horno por 24€.

Kalamaki Bar (Atenas): Ofrecen opciones sin gluten como ensaladas y souvlaki, aunque no garantizan la ausencia de contaminación cruzada.

De vuelta en el apartamento escribimos un Whatsapp a Nikko el taxista para ver si nos puede llevar al aeropuerto el día siguiente («Of course my friend, text me with time and place!»). Si es que no se puede ser más majo. Acabamos de escribir postales y vemos «Shrek Tercero» hasta caer dormidos (con tanta mitología griega se necesitan cosas de no pensar).


[29 Julio 2021]

Nuestra última mañana en el país heleno pasa rápido. Nos damos un paseo por Plaka para pillar algún que otro souvenir, y vamos a Correos para comprar sellos internacionales (1€ el sello) y enviar las postales a nuestra gente.

Después de preguntar en muchos sitios acabamos desayunando una tortilla gigante con feta y tomate en Ρίζα Ρίζα, de nuevo en la calle Drakou. Influencer no se la puede acabar y nos hacen el favor de ponerla para llevar.

Ρίζα Ρίζα (Atenas): Buen sitio para desayunar, agradables y bien informados de intolerancias. Las tortillas son una cosa descomunal, gordísimas. Eso sí, ¡no tienen yogur griego! No os pase como a nosotros que no nos pudimos despedir de nuestro desayuno griego favorito.

De nuevo en el apartamento nos reencontramos con Nikko, que ha venido con tiempo de sobra y nos espera hasta que llevamos las maletas. Tan hablador como el primer día, durante este viaje nos habla de cómo se hace el queso y el yogur griego, supersticiones de su pueblo (por ejemplo, que a una gallina hay que ponerle una taza boca abajo para que piense que es un huevo y así pondrá más huevos), qué islas griegas nos recomendaría (para los amantes de las playas, Ikaria debe estar muy bien y poco concurrida) y un largo etcétera. Con Nikko hay carrete para dar y vender.

Una vez en el aeropuerto, pasamos los controles y comemos. Hay pocas opciones sin gluten aparte de ensalada; yo me acabo la super-tortilla que nos había sobrado del desayuno y una bolsa de patatas. Vamos sobrados de tiempo así que localizamos nuestra puerta de embarque y allá que nos sentamos a leer y matar el tiempo.

Se acerca la hora de embarcar y nos empieza a extrañar que la puerta de embarque no se movilice. Nos acercamos, vemos que allí ya no pone Barcelona sino Milán, y de repente escuchamos un aviso por megafonía que advierte a los últimos pasajeros que tienen que subir a su avión antes de que despegue. Espera… ¡ESOS NOMBRES SON LOS NUESTROS! Si es que no se puede ser puntual, que luego te cambian las cosas. Corremos como un relámpago por el aeropuerto hasta nuestra puerta de embarque (la definitiva) y subimos al avión.

Sueño en el avión. El Prat. Barcelona. Zaragoza. ¿Sabéis de dónde viene el nombre del yogur griego de Danone? «Oikos» proviene de la Grecia Antigua y significa «casa«. Pues eso: Al fin en Oikos.

¡Volveremos, GRECIA! Pero dentro de un tiempo, que nos queda mucho globo por recorrer.

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