Naturaleza salvaje: VATNSNES, la península de las focas (y de otras cosas).

ISLANDIA DÍA 8 DE 11: PENÍNSULA DE VATNSNES
De Hvítserkur a Berserkjahraun (326 km)

[2 Octubre 2019]

¡La península de Vatnsnes es UNA MARAVILLA! Ah vale, que primero tenemos que comentarla. Guardamos especial cariño de esta zona de Islandia porque tiene paisajes espectaculares, nos hizo muy buen tiempo, apenas había gente y su naturaleza salvaje nos pilló totalmente por sorpresa.

***

Otro sorprendentemente soleado día nos recibe en el país del hielo y el fuego. Después de desayunar, y gracias a nuestro privilegiado lugar de acampada, tenemos el placer de ver el despertar de Hvítserkur mientras paseamos por la playa. Esta roca es conocida como “el rinoceronte de piedra” porque se asemeja a un rinoceronte bebiendo agua.

Hvítserkur.

Hvítserkur es una roca de origen volcánico, como toda formación geológica islandesa que se precie, y su caprichosa forma es debida a la erosión del viento y el agua. Su nombre significa “camisa blanca” por sus manchas blanquecinas, cuyo origen es bastante escatológico: son producto del guano (heces) de las gaviotas y otras aves que sobrevuelan la zona.

Hvítserkur.

Por supuesto existe la leyenda de turno, que cuenta que esta roca es en realidad un troll que calculó mal los tiempos para hacer maldades de noche, se le hizo de día y quedó petrificado por la luz del sol.

Desde el parking se puede acceder a un mirador para contemplarlo desde arriba; aunque también se puede ver desde la playa si la marea está baja. Como dijimos en la anterior entrada, la infernal carretera que conduce hasta Hvítserkur no debe ser un impedimento para ningún mochilero, ya que esta península esconde rincones increíbles.

Si miramos al mar desde el parking, a la izquierda queda el sendero que va hacia Hvítserkur y hacia la derecha sale otro camino que conduce hacia la playa de Osar. Aprovechando que estamos prácticamente a solas, nos regalamos un buen rato de desconexión paseando por esta playa, disfrutando de la brisa marina, el silencio, las gaviotas, los patos y… ¿Focas? ¡¡Focas!!

Posando cual sirenas.

Nuestro principal objetivo de incluir la península de Vatnsnes en la ruta era ver focas en su hábitat natural, pues es uno de los mejores sitios de Islandia para verlas. Y nada más empezar el día, objetivo cumplido. Ahí están, posando con gracia y elegancia, dejándose mecer por las olas mientras pasan de todo.

Playa de Osar.

Volvemos a la camper y arrancamos de nuevo. Al recortar dos horas de recorrido la noche anterior, nos vimos obligados a pasar de largo Glaumbær, un pueblecito con casas de turba construidas en el siglo XVIII. Como su propio nombre indica, utilizaban turba (carbón), madera y césped para aislar los hogares del despiadado frío islandés. Hay un museo y seguro que es interesante para sumergirse en la Islandia rural del pasado.

¡Ah! Y cerca de Glaumbær hay una pequeña piscina termal natural (Fosslaug Hot Spring) donde caben unas 6 personas. Recomendación de primera mano por el camarero murciano de Höfn.

Este es mi reino.

Nuestra próxima parada es Illugastadir, otro de los lugares más recomendados para avistar focas salvajes. Aunque el GPS indica 45 minutos desde la playa de Osar, el camino de grava es muy aceptable y se tarda la mitad. Se trata de una finca privada cuyo propietario muy amablemente ha señalizado con imágenes de focas cómo llegar y dónde aparcar. No se cobra entrada, pero hay un buzón para que cada uno muestre su agradecimiento como mejor considere.

¿Alguien ha visto mi desayuno? (Creo que es una “foca gris”)

Este lugar incluye un agradable paseo junto al mar de unos 20 minutos. El paisaje es precioso, la calma impregna el lugar y se ven un montón de focas jugando y pescando, pero sobre todo descansando. Nosotros tenemos suerte y podemos verlas mucho más cerca que en la playa de Osar; además el propietario de la finca ha dispuesto una caseta con prismáticos. ¿Se puede ser más majo?

Vida dura.

La especie que más se ve en Islandia es la foca común, que llega a pesar hasta 130 kg y en libertad vive unos 30 años de media. Se alimenta principalmente de pescado y moluscos, y son animales muy sociables que suelen descansar en grupo. A veces practican también la caza cooperativa, arrinconando los bancos de peces. También se pueden ver focas grises, que son más raras y pueden pesar hasta 400 kg.

¿Ya es de día?
Solo un ratito más…
Así mejor.

Nos quedamos embelesados viendo el comportamiento de estos animales. La mayoría de las focas alternan las zambullidas con periodos prolongados de descanso. De vez en cuando emergen del agua saltando como delfines. ¿Juego o caza?

Atención al estilo de la foca de la derecha.

Un par de focas más atrevidas nadan con cautela cerca de la orilla, observándonos con curiosidad y desapareciendo de nuevo bajo el agua en busca de algún pescado jugoso.

¡Ey!, ¿no tendrás unas gambas?

Nos quedamos mucho tiempo embelesados y al final, casi por obligación, abandonamos “la finca de las focas” para seguir nuestro viaje. Por el camino realizamos varias paradas improvisadas. Esta península parece estar habitada por más animales que humanos.

Abandonamos los magníficos paisajes de la península Vatnsnes y nos detenemos en el cañón Kolugljúfur. Aunque las comparaciones son odiosas, este pequeño cañón no es gran cosa si hemos visitado antes Fjaðrárgljúfur, mucho más espectacular. De todos modos no requiere mucho desvío.

Kolugljúfur.

Pasamos de largo Borðeyri y continuamos hasta la sundlaug del día. ¡Hoy toca Guðrúnarlaug! Decidimos adelantar la “hora del atardecer” a la “hora después de comer” porque no queríamos irnos de Islandia sin probar una piscina termal natural. Así que nos comemos unos bocatas rápidos y subimos por la colina que nos conduce hasta la misma.

Llegamos justo cuando unos franceses se van y nos relajamos en las aguas calentitas de esta sundlaug enclavada en medio de la naturaleza, alejada del frío y del resto del mundo. Hay una pequeña casita de piedra para cambiarse y hasta una cascada de fondo. ¡Cuidado al meterse que está resbaladizo! Gratuita, vacía y con vistas increíbles. Decisión acertadísima.

Guðrúnarlaug.

Si siguiéramos hacia el norte llegaríamos hasta Hornstrandir, la península más norteña de Islandia, que siempre queda fuera de la RingRoad. ¿Y esto por qué? Pues porque la dificultad de vida y el aislamiento de esta península en invierno hace que esté actualmente deshabitada e inaccesible por carretera. Por no haber, no hay ni cobertura.

Los más valientes (y con más dineros) pueden apuntarse a expediciones en barco/avión para que los lleven a esta Reserva Natural, donde podrán ver paisajes espectaculares y el famoso zorro ártico, el único mamífero endémico del país (es decir, que no ha sido introducido por el ser humano como los renos, las ovejas, los caballos…).

Como no queremos morir, nosotros seguimos hasta Eiríksstaðir, donde están los restos arqueológicos de una granja vikinga del siglo IX.

Erik, ¿estás ahí?

La granja perteneció a un vikingo llamado Erik “el Rojo”, y en la misma casa nació su hijo Leif Eiríksson, el primer europeo que llegó a América (sí, mucho antes que Cristóbal Colón, porque los vikingos eran conquistadores natos). Lo que se ve en la foto es una reconstrucción de la granja y hace las veces de museo, pero nos lo encontramos cerrado porque solo abre de julio a septiembre.

Como vamos bien de tiempo, volvemos a adelantar recorrido del día siguiente y ponemos rumbo a la península de Snæfellsnes, en la que Julio Verne se inspiró para su famosa novela “Viaje al centro de la Tierra“.

Tras hora y media llegamos a Stykkishólmsbær, una ciudad pesquera desde cuyo faro, situado en lo alto de una colina, se tienen magníficas vistas del atardecer. Al parecer la ciudad alberga un museo con muestras de agua glaciar (“Biblioteca del Agua”), y otro dedicado a los volcanes.

Faro de Stykkishólmsbær.

El cielo anuncia el anochecer y va siendo hora de buscar un lugar donde dormir. Empieza a caer una fina lluvia constante que nos estaría vaticinando lo que nos esperaba al día siguiente: la Islandia lluviosa de la que tanto nos habían hablado y que acabaría calando TODAS nuestras capas impermeables.

Siguiendo las recomendaciones de nuestra app favorita (Park4Night) acabamos durmiendo en unos campos de lava conocidos como Berserkjahraun. Aunque al principio no estamos muy confiados porque se accede por una estrecha carretera no asfaltada y no hay otros turismos, acabamos encontrando un pequeño remanso sobre tierra firme y que consideramos que no se puede embarrar por la lluvia (no queremos que se repita lo de nuestra camper atascada en la tierra como en Vestrahorn).

Pronóstico de auroras: malo, cielo nublado y lluvias toda la noche. Cenamos rápido, escribimos unas postales y a los sacos de dormir. Dedicamos un último pensamiento a la calefacción que no funciona y esperamos que no haga mucho frío, pero el cansancio de tantos días se acumula y al poco rato estamos en sueño profundo.

Buenas noches, Islandia. Hasta nunca, sol islandés.

>> En el centro de la Tierra los impermeables no funcionan: PENÍNSULA DE SNAEFELLSNES.

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