FIORDOS DEL ESTE y MÝVATN. Ovejas, montañas, volcanes y auroras boreales.

ISLANDIA DÍA 5 DE 11: FIORDOS DEL ESTE Y MÝVATN
De Djúpivogur a Mývatn (389 km)

[29 Septiembre 2019]

Otro espléndido y soleado día nos recibe. Nuestras alarmas nocturnas para cazar auroras han resultado infructuosas, pero el sonido de las olas nos relaja mientras hierve la leche y nos vamos espabilando con unas magníficas vistas al frío mar islandés.

Buenos días, Djúpivogur.

En el puerto de Djúpivogur se pueden observar las esculturas de Eggin í Gleðivík, que representan huevos de las especies de aves de la zona. Aunque nosotros no nos quedamos en este pueblo pesquero, una amiga nos recomendó tomar algo en Havari Farm, un bar con música en directo por las tardes.

Eggin í Gleðivík.

Desayunados y con las pilas cargadas nos ponemos en marcha, que hoy nos espera ruta larga. Abandonamos Djúpivogur y nuestra primera parada es Berufjörður, el primero de los fiordos del este. Un fiordo es una depresión del continente excavada por el peso de un glaciar, que posteriormente ha sido invadida por el mar.

Berufjörður.

En esta zona menos turística, se hace evidente que las carreteras están menos “adaptadas”. Tramos sin asfaltar, no hay quitamiedos, ovejas que circulan libremente por la carretera y muchas, muchas, muchas curvas. Cuidao gente que se marea. Eso sí, una carretera para conducir con calma y sin prisas pars disfrutar de los paisajes islandeses que, como siempre, son una maravilla.

Ovejicas islandesas.

Las ovejas islandesas pastan tranquilamente por las praderas que bordean el fiordo, sin nada que las perturbe hasta que me acerco demasiado para lanzar unas fotos (mal veterinario). Ya comentamos el origen y evolución de las ovejas islandesas, pero en esta entrada vamos a hablar del Réttir.

Las ovejas islandesas pastan a su libre albedrío durante las estaciones cálidas, poniéndose hasta arriba de pastos verdes. Cuando llega septiembre, los pastores se adentran varios días en la salvaje naturaleza islandesa con sus jerséis de lana ovina, sus perros, sus caballos y sus 4×4 para recoger a sus rebaños y protegerlos del duro invierno.

El Réttir.

Cuando llega septiembre, a lo largo de la isla se organizan por zonas para conducir de forma cooperativa a todas las ovejas sueltas a un corral (o redil) llamado Réttir, palabra islandesa que también significa “recogida”. Después, cada pastor debe reconocer sus ovejas (existe un adjetivo para describir a un pastor que “conoce” bien las caras de su rebaño) y llevarlas a su subredil. Esto es lo que se conoce como Réttir o “rodeo islandés”, una tradición ancestral y cuanto menos curiosa, que los islandeses festejan y celebran con sus familias todos los años.

Beeeeee.

Al principio nos cuesta no detenernos en cada curva para dejarnos absorber por la salvaje naturaleza islandesa, que se extiende 360º a nuestro alrededor y está maravillosamente libre de turismo masificado.

Gansos islandeses.

Aunque nuestra idea inicial era bordear todos los fiordos del este, lo cual supone unas cuatro horas de carretera, nuestro amigo camarero murciano de Höfn nos recomendó acortar por el paso de Öxi, una carretera de montaña en la que es obligatorio comprobar el estado de la carretera con http://www.road.is y la app Vegagerdin.

¿Es mejor bordear los fiordos o acortar por el paso de Öxi?
Depende a quién le preguntes.
– Hay quien dice que merece la pena bordear durante cuatro horas las sinuosas carreteras de los fiordos, especialmente al atardecer.
– Otros dicen que todos los fiordos son “más de lo mismo” y que es preferible ver alguno y después acortar.
– El paso de Öxi también es un paisaje espectacular y apenas ocupa hora y media, pero al estar más elevado es dependiente del clima; en los meses fríos está cerrado.
– Si el día está nublado o hace mal tiempo, no se van a disfrutar ninguno de los dos paisajes.

Paso de Öxi.

Nosotros hacemos caso al murciano y decidimos saltarnos unas cuantas paradas (Breiðdalsvík, Stöðvarfjörður, Fáskrúðsfjörður, Reyðarfjörður y Eskifjörður), así que nos desviamos de la RingRoad para tomar el paso de Öxi (carretera 95).

Mil curvas, mil pendientes, millones de baches y ovejas que no se atienen a la ley de la carretera; pero una auténtica maravilla de paisaje. También es verdad que estoy muy acostumbrado al Pirineo y los enclaves montañeros me pueden. En nuestra opinión, es una alternativa rápida y bonita si se va justo de tiempo o si no se quieren recorrer todos los fiordos.

Problemas de tráfico en Islandia.

Salimos del puerto de montaña en el que apenas nos hemos cruzado con un par de coches, y nos dirigimos rumbo al famoso pueblo de Seyðisfjörður. Para ello nos reincorporamos a la RingRoad y pasamos por Egilsstaðir, una ciudad grande que tiene de todo (supermercados, gasolineras, restaurantes, piscina… nosotros no paramos), y tomamos otro desvío hacia la carretera 93.

Ascendiendo a Fardagafoss.

El sol que nos acompañaba en los fiordos y en el paso de Öxi ha sido sustituido por un clima neblinoso y fresquete. Poco después de salir de Egilsstaðir vemos una cascada al lado de la carretera: Fardagafoss.

Pequeña cascada antes de Fardagafoss.

La ruta de ascenso dura unos 20 minutos (quizás 30) desde que se aparca el coche hasta la cascada. Es una ruta agradable y sencilla; eso sí, el tramo final es ascenso continuo. Se puede continuar un rato más hasta situarse tras la cascada. Nosotros no lo hacemos.

Fardagafoss.

Volvemos a la camper y continuamos por la carretera 93. Aunque es un desvío de la RingRoad se encuentra en muy buenas condiciones y los paisajes son espectaculares; seguramente no me equivoco al decir que es una de las zonas más bonitas para conducir de todo el país, lo cual es mucho decir.

No tenemos fotos de este tramo porque estuvimos grabando vídeos de carretera (se pueden ver al final de esta otra entrada), pero como una imagen vale más que mil palabras, enlazo a continuación una mitiquísima escena de la película “La vida secreta de Walter Mitty” que transmite perfectamente la esencia de Islandia. Lo bueno empieza a partir del minuto 1:05.

Después de atravesar la impresionante paleta de colores de los nevados paisajes de la zona llegamos a Seyðisfjörður, también conocido como el pueblo más bonito de Islandia que está situado a orillas del fiordo del mismo nombre.

Seyðisfjörður.

Este pueblo pesquero fue base militar de Gran Bretaña y los EEUU durante la Segunda Guerra Mundial. Antes se dedicaba a la pesca y ahora a la industria del aluminio; dos sectores que junto al turismo conforman los tres pilares de la economía del país.

Tiene un censo de unos 750 habitantes, aunque nosotros apenas nos cruzamos con gente. Como cada vez que visitamos un núcleo de población aislado, no podemos evitar preguntarnos cómo se gestionan la sanidad o la educación. Evidentemente estamos sesgados por nuestra vida; a los islandeses les parecería una locura vivir en ciudades grandes y agobiantes.

Seyðisfjarðarkirkja.

El principal reclamo turístico del pueblo es la iglesia: Seyðisfjarðarkirkja (“kirkja” es iglesia), construida con madera y pintada de color azul celeste, con un camino de baldosas de colores como signo de tolerancia al colectivo LGTBIQ. Los fotógrafos profesionales quitan los coches con Photoshop pero yo no tengo el tiempo ni la formación.

En la escuela vemos un cartel bastante creepy (“How many secrets can a small town keep?“, es decir, “¿Cuántos secretos puede guardar un pueblo pequeño?”) que nos recuerda a la serie “Dark“, que trata de un pueblo aislado en un bosque alemán en el que suceden cosas muy raras. Recomendable para los amantes de la ciencia-ficción.

Gufufoss.

Para continuar nuestra ruta debemos regresar por la misma carretera hacia Egilsstaðir y por el camino hacemos parada en la cascada Gufufoss, que se nos había pasado en el trayecto de ida. Nos instalamos en un apartadero al lado de la carretera y aprovechamos para cocinarnos unos macarrones.

La intención era comer con vistas a la cascada, pero el viento se pone tontorrón y acabamos comiendo dentro de la camper, resguardados del frío (a medias, porque la calefacción sigue sin funcionar). Ahora sí, con el estómago satisfecho nos ponemos en marcha.

Gufufoss.

En este punto se nos va la castaña e improvisamos un cambio de los dos próximos días de viaje. Nuestra ruta planeada era Dettifoss y Selfoss – Ásbyrgi – Húsavik – Mývatn; pero de venada decidimos conducir directamente a Mývatn y dejar los otros destinos para después. ¿Por qué? Porque la previsión de auroras en Mývatn esta noche es buena y porque ¡hay aguas termales! Es nuestro quinto día en Islandia y todavía no hemos visitado unos buenos baños termales islandeses. En el norte abundan; en el sur no tanto.

Mývatn.

Tras dos horas de conducción tranquila y apacible (sin vientos agresivos y con el agradecido regreso del sol) llegamos a Mývatn. Es un área que no pasa desapercibida, pues múltiples columnas de humo volcánico manan de la Tierra y el aire está impregnado de un característico olor a azufre (a huevo podrido). La zona debe su nombre al lago volcánico Mývatn, que significa “lago de las moscas enanas“. Esto es así porque en verano el lugar debe estar plagado de moscas; nosotros no vemos ninguna.

El surrealista paisaje volcánico parece decir “Bienvenidxs a la Luna”. Por la zona hay una central geotérmica que aprovecha el calor terrestre para producir energía. Gracias a su ubicación entre dos fallas tectónicas Islandia es uno de los pocos lugares del mundo que actualmente pueden sustentarse a base de energías renovables.

Cráter Víti.

Nuestra primera parada en Mývatn es el cráter Víti, situado sobre la caldera volcánica del volcán Krafla. Como ya explicamos con Kerið, una caldera volcánica es una depresión originada cuando un volcán se desploma bajo su propio peso. En el caso de Krafla no es extraño, ya que es un volcán gigantesco con 10 kilometrazos de diámetro.

Formación de una caldera.

El cráter Víti (que significa “infierno“) alberga un lago volcánico de un color azul turquesa. Antes se podía bordear el cráter, pero en septiembre de 2019 han limitado el acceso debido al exceso de turismo. Nosotros no vemos mucha gente y el párking es gratuito, así que (de momento) el norte nos está gustando mucho.

Hacia el cráter Leirhnjukur.

Como vamos bien de tiempo decidimos ir al cráter vecino de Víti, el cráter Leirhnjukur. Es más pequeño que el anterior y requiere hacer una ruta de 30-40 minutos ida y vuelta. Las guías no suelen incluirlo pero en nuestra opinión merece totalmente la pena y nos parece que nada tiene que envidiar al anterior.

Solfataras.

Experimentar de cerca un paisaje volcánico es brutal para quienes no lo hemos visto antes. Columnas de humo ardiente emanan del interior de la Tierra por todas partes, generando una atmósfera bastante curiosa. Se pueden ver solfataras y fumarolas, que son emisiones de vapor de agua y compuestos azufrados entre 100 y 500ºC. La senda está bien marcada y no es difícil; al final hay un paseo de madera desde el que se accede a varios miradores.

Cráter Leirhnjukur.

El cielo comienza a tornarse rojizo, y eso solo significa una cosa… ¡Atardecer en baños termales islandeses! Llevamos desde nuestra llegada intentando catarlos pero en el sur no abundan tanto como en el norte. Habíamos acordado no ir a la famosa Blue Lagoon (cerca de Reikiavik) porque nos pareció demasiado turística y con un precio prohibitivo (¡80 eurazos por persona!).

Una buena alternativa son los Mývatn Nature Baths, que siguen siendo caros pero cuestan la mitad (5300 ISK/persona, aunque el precio varía por temporada) y están menos abarrotados. Si alguien no quiere dejarse la pasta en esto que no se preocupe; hay piscinas municipales baratitas (de 5 a 7€) e incluso gratuitas por todo el norte, de las que hablaremos en futuras entradas. Eso sí, hay que informarse de los días que abren.

Mývatn Nature Baths.

En todos los baños termales islandeses hay las mismas reglas. Vestuarios separados por sexo, en los que hay que ducharse previamente a conciencia con agua y jabón (prohibido por ley llevar bañador en las duchas). Hay geles y champús de uso común.

Después se deja la ropa y otros menesteres en una taquilla numerada (te quedas la pulsera con la llavecita) y sales corriendo en bañador hacia el agua para alejarte del agresivo frío islandés. A no ser que seas del Pirineo, como yo, en cuyo caso te permites ir al agua con la calma de un buen norteño.

Meterse en el agua a 36-40ºC es un verdadero placer para combatir las bajas temperaturas y el cansancio de llevar varios días caminando de un sitio para otro y durmiendo en una camper sin calefacción.

El agua se calienta de forma natural por la actividad volcánica de la zona y tiene muchos beneficios para la piel debido a sus minerales. Además su composición natural evita la proliferación de microorganismos sin necesidad de cloro u otros compuestos químicos; de ahí la importancia de la higiene pre-baño.

Aunque el sitio es natural, se han montado un complejo turístico para que puedas pedir copas de vino y esas cosas. Conocemos a una pareja de abuelos españoles aventureros que viajan en su 4×4 por todo el país. Ojalá como ellos de mayores.

Nos alejamos de la multitud y nos relajamos durante dos horas hasta quedarnos arrugados como pasas. Ver el atardecer mientras te dejas hundir en estos baños termales es una pasada, una forma muy sanadora de finalizar un día de viaje. Decidimos que a partir de este día buscaríamos una piscina termal diaria, nos lo merecemos.

Calmados y limpios tras este baño rejuvenecedor que nos regala años de vida, volvemos a nuestra camper para buscar un sitio en el que dormir. Por suerte Influencer ha descargado una aplicación que recomiendo a todo el mundo: Park4Night, donde los usuarios recomiendan lugares seguros para acampar por libre por todo el mundo.

Es así como llegamos a una colina cercana a la carretera a menos de 10 minutos de Mývatn. Nos acompañan otros dos vehículos. Cocinamos la cena y nos preparamos para la caza de auroras: el cielo está despejadísimo y tenemos un índice Kp de 4 (gracias, Vedur). Parece que nuestro cambio de ruta improvisado nos acompaña, y al cabo de unas horas… ¡Oh, síiiiiii!

La aurora boreal.

En otra entrada ya comentamos que las auroras se producen por el choque de las partículas solares contra el campo magnético terrestre, qué es el índice Kp y qué aplicaciones son útiles para predecir su aparición.

Pero, ¿por qué son de color verde? Cuando las partículas solares (¡¡que viajan de 300 a 1000 km/segundo!!) chocan contra la atmósfera, excitan a los electrones de sus átomos (“aumentan” su energía) y cuando estos se des-excitan (“sueltan” la energía) emiten luz. Las auroras se suelen producir a 100-200 km de altura, donde predominan los átomos de oxígeno que dan el color verde. Las auroras por debajo de 100 km son más raras y son de color azul-violeta-rojizo por la presencia de átomos de nitrógeno (como en la foto anterior, bajo las auroras verdes).

Quizás algunos se lleven una decepción debido a las expectativas generadas por los colores intensos de las auroras que todos hemos visto en Internet. Vivir este fenómeno en directo no tiene nada que ver, pues una foto de larga exposición (yo utilizo 30-60 segundos) capta y superpone muchos más colores que el ojo humano.

Aún así, ver serpentear esas gigantescas formas verdosas por el cielo, que aparecen y desaparecen en cuestión de segundos, es un verdadero regalo muy diferente a cualquier cosa que hubiéramos vivido antes.

Nuestros dedos están al borde de la congelación pero estamos tan concentrados aprendiendo a fotografiar auroras que no somos conscientes de que estamos a 5º bajo cero. Pero AL FIN hemos visto las impredecibles auroras boreales y nos consideramos MUY afortunadxs.

Como punto negativo, esta noche echamos en falta la calefacción más que nunca, pues la ropa de abrigo y los sacos no son suficiente para evadir la baja temperatura. La escarcha se va formando sobre los cristales del coche mientras tratamos de pegar ojo. Último pensamiento del día: maldito Lava Car Rental y qué maravilla la aurora boreal.

>> Caminando por el fuego en MÝVATN y rumbo hacia el norte: cascadas DETTIFOSS y SELFOSS, cañón de ÁSBYRGI y noche en HÚSAVÍK.

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