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AMAZONAS – Parte III. En busca de anacondas y la Comunidad de San Juan de Yanayaco.

PERÚ · Día 3 de 13 · AMAZONAS

[20 Abril 2022]

¡Otro día en el Amazonas! Entre bostezos y la ya habitual orquesta selvática mañanera, desayunamos y a las 8 de la mañana estamos en el bote. Hoy nos toca ver la zona sur del lodge. Prometo muchas más fotos que chapa.

«¿Llevan lentes y casaca? ¡Pues vamos!», grita el siempre animado Edgar.

Al poco de empezar tenemos la suerte de avistar una nueva especie de mono arbóreo: el machín negro o «capuchino de cabeza grande». Ruidosos y vivarachos, estos monos se desplazan de árbol en árbol buscando alimento.

Mono machín negro.

A diferencia de los otros monos que hemos visto, estos tienen una cola prensil que les permite cogerse de las ramas (como un brazo extra). También son una especie endémica que solo se encuentra en la selva amazónica.

Forman grupos de 15 a 20 individuos liderados por un macho, y tienen una jerarquía muy establecida: los otros machos solo se aparean con hembras cuando el líder no está presente. Se alimentan de frutas, semillas, insectos, huevos, reptiles… Y son muy inteligentes: para evitar dañarse la boca al comer insectos que pinchan, los recubren con hojas.

Machín negro.

Edgar nos cuenta que a estos monos les gusta comer una fruta llamada «uma» (que en quechua significa «fruta cabeza»), la cual contiene alcaloides y por eso a veces los monos van como borrachos.

Además, la corteza del árbol de la uma es uno de los componentes de la famosa ayahuasca, un brebaje tropical con efectos alucinógenos. Las tribus indígenas lo han utilizado desde siempre en ceremonias religiosas y para ellos tiene un significado espiritual: «Viaje al interior de la conciencia» lo llaman.

Hoy en día se ofrece como experiencia turística «espiritual». Nosotros no lo probamos, pero se ofrece extraoficialmente incluso en el lodge (no se realiza en el recinto sino en una cabaña aislada en la selva). La experiencia no se limita al consumo de la droga, hay una especie de ritual con un chamán que toca instrumentos, baila, etc. (por lo que me contó Alex, un colega de Indiana que la probó en 2015). Hay que tener cuidado porque hay casos de personas que han fallecido al tomar el brebaje.

Garrapatero mayor, amante de los bosques inundables.

El garrapatero mayor o «locrero» es de la familia de los cucos, esos pájaros que dejan sus huevos en nidos de otras aves para que se los críen otros. El locrero no endiña sus polluelos en otros nidos, pero lo que sí hace es perseguir a las tropas de monos ardilla porque sabe que así tiene alimento asegurado.

San Juan de Yanayaco.
Habitantes de San Juan de Yanayaco lavando la ropa.

Los simpáticos tucanes tienen un enorme pico que puede representar al 30-50% de su cuerpo total. Los hay de muchos tamaños y colores. Su enorme pico tiene muchas funciones: la más obvia es que les permite coger frutas lejanas de ramas delgadas que no soportarían su peso, e incluso conseguir huevos de nidos de otras aves en huecos dentro de los troncos.

Tucán (mala calidad, estaba muy lejos).

Por otra parte, es imprescindible para su termorregulación: al estar muy vascularizado, los vasos sanguíneos del pico reciben la mayor parte del calor de forma que el cuerpo del tucán pueda estar más fresco y tolerar mejor las elevadas temperaturas tropicales.

Pavas o camungos.
Busardo colorado o «mamavieja».
Buque maderero.

En el Amazonas operan los buques para transportar madera, que como ya dijimos es uno de los pilares de la economía de Iquitos. Los madereros solo pueden extraer madera de zonas autorizadas; sin embargo, existen embarcaciones ilegales que trafican con la madera en áreas protegidas, contribuyendo a la deforestación amazónica.

Lamentablemente, la falta de recursos y la apatía ambiental de los políticos hace que apenas existan 760 operarios para detectar la tala ilegal y otros delitos ambientales en la inmensa selva peruana; una cantidad ridícula si la comparamos por ejemplo con EEUU, que dispone de 35.000 profesionales para un territorio forestal similar.

Pava o camungo.
Garza blanca.
Martín pescador.
Ranita amazónica (del tamaño de una uña).

Los anfibios como las ranas abundan en la selva Amazónica, y es que un ambiente tan húmedo es ideal para ellos. Una de sus adaptaciones evolutivas es que estos animales no solo respiran mediante los pulmones sino también a través de la piel; que al ser fina y vascularizada les permite intercambiar dióxido de carbono por oxígeno.

Una araña enana.
Otra araña, y esta tiene toda la pinta de ser venenosa.
Oso perezoso.
Mono machín negro, curioso pero cauto.
Mariposa azul preciosa (no sé especie).

A lo largo de la mañana Edgar protagoniza un episodio heroico en una zona cerrada del manglar para ayudar a una madre de mono ardilla que corría de rama en rama porque no sabía cómo rescatar a su cría, la cual se había quedado atascada. «Pobrecita, ayudémosla no más«.

No sé qué pretendía nuestro guía, pero el tío ya estaba trepando por los árboles, aparentemente sin preocupación por su propio bienestar si se caía en una ciénaga donde podía haber, qué se yo; anguilas eléctricas o algún animal venenoso. El tema es que la cría pudo volver con su madre sin que Edgar tuviera que trepar seis metros; pero se nos ganó a todos igualmente.

«Mamavieja» graznando.
Elegante Garza de Cocoi.
Mono ardilla.

Id con los ojos bien abiertos entre los juncos porque a veces te encuentras sorpresas inesperadas… Un caimancete reposa muy bien escondido para tomar un poco el sol. Como expliqué en la entrada anterior, los reptiles (y los anfibios) necesitan de fuentes de calor externas para regular su temperatura, ya que no pueden producir calor como los mamíferos o las aves.

Caimancito tomando el sol.

A lo lejos Edgar y Mayer localizan otra especie de primate que no habíamos visto: monos rojos aulladores. Son los monos más grandes de la selva amazónica, pesan 7 kilos y son muy territoriales.

Deben su nombre a que sus aullidos son de los más potentes del mundo animal, lo cual les sirve para cortejar, demarcar territorio y avisar de posibles peligros como tormentas o depredadores. Son vegetarianos y su cola también es prensil.

Nuestros monos aulladores descansan mucho y aúllan poco.

Suelen formar grupos de 6-8 individuos en los que lidera un macho viejo. El acicalamiento juega un papel fundamental en la higiene y en su estructura social: en el mismo participan el macho líder y las hembras, pero no los machos juveniles. Las crías son cuidadas por todas las hembras del grupo; y en caso de que el grupo sea tomado por otro macho «forastero», suele cometer infanticidio para eliminar genes que no sean los suyos.

Oso perezoso.
Preciosa Garza azul comiéndose un pescadito.

En un rincón bastante escondido entre la vegetación vemos una garza azul con un plumaje azul y granate espectacular. Al parecer son más eficaces pescando que las garzas blancas porque se camuflan mejor entre la vegetación; y me lo creo, porque se hace con varios pescados en cuestión de minutos y no falla ni una vez.

Crías de pava.
Y la imponente madre no muy lejos, velando por su seguridad.

En la cuenca del Amazonas hay también manatíes, unos mamíferos acuáticos tipo «foca» pero más grandotes y mucho más calmados. Se pegan casi todo el día flotando bajo el agua y son herbívoros, alimentándose de plantas acuáticas de todo tipo.

Son muy difíciles de ver, y esto se debe a varias razones: son muy tímidos, por lo que se alejan de asentamientos humanos; suelen estar en el fondo; y su caza indiscriminada ha reducido muchísimo sus poblaciones, siendo considerada una especie amenazada que podría extinguirse.

Edgar en busca de anacondas.

Edgar está empeñado en que veamos alguna anaconda porque sabe que siempre hace ilusión. Nos lleva por la zona donde las ve más a menudo; dice que suelen tumbarse a tomar el sol encima de las praderas flotantes. En silencio nos pegamos más de una hora buscando, concentrados y con los ojos investigando en cualquier rincón de la vegetación, pero no tenemos suerte.

Sin embargo, sí conseguimos ver a otro habitante de los bosques lluviosos tropicales: el tamarino, también llamado «pichico» o mono cervecero. Son diminutos, del tamaño de una mano. Se alimentan de bayas, frutos e insectos.

Familia de «pichicos».

Los «pichicos» son monos viajeros que se desplazan por los árboles en grupos de unos 12 individuos. Son muy ágiles para trepar troncos y saltar de rama en rama; de hecho apenas disponemos de unos segundos para verlos. En la foto se puede ver una madre con su cría encaramada a la espalda.

Garza blanca oteando el horizonte.
Tuqui-tuqui con sus crías.

Una curiosidad de los tuqui-tuquis es que desarrollan un tipo de poligamia poco habitual en el mundo animal: es la hembra la que se aparea con varios machos. En la foto se puede ver una con sus tres polluelos diminutos.

Garza de Cocoi o «garza de cuello blanco».
Gavilán pollero, a la espera de alguna presa.

En una zona arbustiva probamos un fruto muy típico del Amazonas, el «camu camu». Es de tamaño similar a la uva y tiene un sabor muy ácido ya que tiene muchísima más vitamina C que las naranjas. «Es buenaaazo», dice feliz Edgar mientras nos cuenta sus propiedades antiinflamatorias, para regular la flora intestinal, para adelgazar… En el desayuno del lodge ofrecen mermelada de camu camu pero el dulce enmascara la acidez.

Libélula.
Garzas blancas.

Seguimos buscando anacondas con ahínco, pero lamentablemente (y mira que le echamos ganas) no conseguimos nuestro objetivo. A lo largo del día sí que veríamos otras serpientes que nos quitaron un poco el mono.

¿Dónde os escondéis, anacondas?

La temida anaconda es una de las dos serpientes más largas del planeta, un puesto que se disputa con la pitón (la cual se encuentra en África y en Asia). Las hembras son mucho más grandes que los machos, y suelen medir entre cinco y seis metros. El récord lo tiene una anaconda que medía nueve metros y pesaba 140 kg. Vamos, que le caben varios humanos dentro, pero no existe registro de anacondas que hayan ingerido personas por mucho miedo que haya metido la cultura popular.

La anaconda suele esperar camuflada bajo el agua fangosa hasta que una presa se acerca a beber agua. Es entonces cuando ataca por emboscada, se enrosca alrededor de su cuerpo y mata por constricción. La víctima no puede inhalar aire debido a la presión ejercida por los anillos de la anaconda y muere por asfixia.

Vadeando afluentes del Amazonas.

Son carnívoras y comen absolutamente de todo; las adultas suelen cazar presas grandes como los majísimos capibaras (o «carpinchos») o incluso caimanes; eso sí, tardan en digerirlas semanas. «El caimán es una galleta para la anaconda», dice nuestro guía entre risas.

Edgar nos cuenta que una vez vio una anaconda «bien grandota» comiéndose un capibara (Influencer a la Fuga se muere de pena porque le encantan los capibaras), y que otra vez una más pequeña se estaba acercando a un nido con huevos y la madre ave empezó a chillar, y él (Edgar) apartó la anaconda tirando de su cola. No lo dice presumiendo, sino como quien cuenta que bajó al súper a hacer la compra.

Trogón colinegro. Bien se vale de Edgar, se los sabía todos.

Ya que hemos mencionado a los capibaras o «carpinchos», diré que estos son los roedores más grandes del mundo. Son adorables y muy tranquilos, en palabras de Edgar: «Salen, nadan, comen sus hierbitas, no van a estar todo el día nadando pues». La época buena para verlos es en la estación seca (mayo a noviembre) y por la noche, ya que el agua baja y salen de la selva profunda.

Hamaqueando.

Finalizamos el paseo en barca, un poco decepcionados (pero poco) porque nos hacía ilusión ver una anaconda gigantesca poniendo sus escamas al sol. No pasa nada porque hasta en la cabaña estamos entretenidos; desde las hamacas nos divertimos un buen rato viendo cómo un ave rapaz construye concienzudamente su nido cogiendo ramitas de los tejados de todas nuestras cabañas.

«Caracara cabeciamarillo» trabajando sin descanso.

Se trata de un «caracara» o halcón garrapatero, una rapaz de la familia de los halcones. Su segundo nombre se debe a que suele posarse sobre el ganado doméstico, alimentándose de sus garrapatas. Comen de todo: pequeños vertebrados, frutas, vegetales e incluso carroña.

¿De dónde cogeré la siguiente ramita?

Es tal su afán por construir el nido que, partiendo una rama con el pico, se cae de donde estaba apoyado y se queda colgando boca abajo, en plan murciélago. Unos cuantos aleteos y arreglado, a seguir trabajando.

Qué paz…
Plato del día: arroz, pescado pasado por huevo, albóndigas (sin harina), espinacas, quinoa con queso.

La comida de hoy es tan rica y abundante como de costumbre en el Muyuna. Arroz amarillo, quinoa con queso, albóndigas de carne y cebolla (sin harina), pescado pasado por huevo, espinacas…

Después de una pequeña siesta, salimos a la excursión de la tarde que consiste en una visita al pueblo de SAN JUAN DE YANAYACO, con el que ya estamos familiarizados porque lo vemos todos los días. «Aparcamos» la barca a las afueras del pueblo y recorremos sus casas entre la jungla mientras Edgar nos explica curiosidades de sus cultivos y su cultura.

Fruto del «árbol de pan» o «pan de pobre».

Como ya explicamos, las comunidades indígenas utilizan mucho los extractos de las plantas como sustitutos de los fármacos a los que estamos acostumbrados. El árbol de pan, por ejemplo, es originario de Java y Sumatra (Asia) pero se cultiva en la Amazonia. El fruto de esta planta tropical sabe a pan pero es mucho más digerible, así que si eres celíac@ y quieres comer pan natural, esta es tu oportunidad.

Cortes para extracción de savia.

En muchos de los troncos vemos cortes realizados con cuchillo para extraer su savia, que se utiliza como medicina tradicional. Esto puede sonar a chamanes curanderos, pero se calcula que el 25% de los principios activos de los medicamentos que usamos, provienen de las selvas tropicales.

La planta de la yuca, o como la conocemos en España, mandioca, parece mariguana. Este tubérculo es nativo de Brasil y se utiliza muchísimo en la gastronomía latinoamericana.

Planta de la yuca o mandioca.

Los indígenas amazónicos la utilizan para preparar el «masato», una bebida que se usa en ceremonias. Hierven la yuca, la machacan, y luego las mujeres la mastican durante mucho tiempo; y finalmente lo dejan fermentar una semana. La fermentación se acelera gracias a las enzimas aportadas con la saliva de las mujeres.

Para celíacos: La harina de yuca, que se puede conseguir en tiendas de productos latinos, es libre de gluten y una maravilla para hacer crêpes y pan de queso.

Tejados de palmera «irapay».

Muchos de los tejados son de palmera «irapay», y se construyen con varias capas entrelazadas que les confieren impermeabilidad. Son bastante frescos pero hay que renovarlos cada siete años, por lo que mucha gente está optando por tejados de chapa, más industriales y menos estéticos pero más duraderos. Los que vivimos en bloques de cemento no tenemos nada que opinar aquí.

Tendiendo la ropa entre palmeras.

El «huito» es un árbol cuyo fruto tiene múltiples usos. Principalmente lo machacan y la masilla verde obtenida se utiliza como tinte, como repelente de mosquitos e incluso como bebida espiritual (aquí cualquier cosa la dejas fermentar y te pones fino).

«Huito».

Como casi todas las frutas amazónicas, te dicen que es diurético, digestivo, antiinflamatorio, laxante, cicatrizante, etc. Creo en las propiedades médicas de las plantas, pero no me creo que todas sirvan para todo.

Casas de madera y antena de televisión. Contrastes de la selva.

Cuando un compañero pregunta si cualquiera puede mudarse al pueblo, Edgar nos dice que simplemente hay que hablar con los habitantes y después construyes. Vemos una estampa bastante graciosa en la que un niño está jugando en la barca mientras su madre le echa la bronca desde la casa: «Adrián, ¿qué estás haciendo con las redes de pesca? ¿Acaso eres pescador?»

Por la zona hay también Calatheas, que están muy de moda como plantas de interior. Las tribus amazónicas utilizan sus impresionantes hojas de Bijao para envolver el arroz con pollo que constituye uno de los platos más tradicionales de la selva amazónica: los «juanes», llamados así porque se cocinan cada Fiesta de San Juan, el 24 de junio.

La fiesta conmemora el nacimiento de Juan Bautista, personaje importante en el Antiguo Testamento de la Biblia porque anunciaba el nacimiento de un Mesías. El catolicismo que impera en estos pueblos es una marca del imperialismo español, que ofrecía a los nativos dos vías: convertirse al catolicismo o morir masacrados.

«Se vende fariña, 5 soles el kilo». Seguramente no llevará gluten.

En la plaza principal, Edgar nos habla de cómo viven los habitantes de San Juan de Yanayaco. Esta comunidad ribereña alberga unas 40 familias, siendo aproximadamente unos 200 habitantes. Algunas de las familias tienen ocho hijos. Suelen ser padres a la edad de 13 años y paren en el mismo pueblo, siendo las parteras las abuelas.

Plaza principal.

La esperanza de vida es de unos 80-85 años, lo cual no está nada mal. Antes había un chamán o curandero, pero ahora ya no. En teoría disponen de un Seguro Integral de Salud (SIS), un apoyo del gobierno para recibir cobertura médica, pero en la práctica hay mucha letra pequeña y solo cubre pequeñas enfermedades. Vamos, que el gobierno peruano presume de que aporta ayudas sanitarias a las comunidades ribereñas, pero en realidad no lo hace. Cuando requieren una cirugía o no pueden pagar un tratamiento, intentar recolectar dinero difundiendo el caso en la radio .

Agricultura y pesca, pilares de la economía de San Juan de Yanayaco.

La economía del pueblo se basa en recolectar excedentes de la pesca y la agricultura para venderlos en Iquitos o cambiarlos por azúcar, sal, detergente… Edgar se lamenta de lo difícil que es salir de las comunidades amazónicas por culpa de la gestión del Gobierno y los elevados precios de la vida. Nos cuenta que él tuvo suerte porque sus hermanas habían salido a la ciudad y eso facilitó que él estudiara la carrera de Biología. Por poner un ejemplo de cómo está el mercado, un kilo de arroz cuesta 5 soles (1,25€). Si el salario mínimo es de 225€ es complicado, pero si encima vives a 3 horas de la civilización…

Respecto a la política, hay un «teniente» elegido por todo el pueblo, y no cobra (igualito que en España). No hay distinción de sexo porque votan tanto hombres como mujeres, pero sí hay un requisito para votar: tener hijos.

La escuela.

Finalmente, encontramos la escuela. Lamentablemente el hecho de que esté a tres horas de la civilización hace que pocos profesores quieran ir allí (el salario medio de un profesor en Perú es de 1200 soles, que son 300€), así que van una semana al mes y el resto del tiempo vuelven a la ciudad. El resto del tiempo, los «chibolos» (los niños) aprenden a remar y ayudan en el campo o en la pesca.

Puesto de artesanías.

Antes de irnos, nos meten en una caseta donde hay muchos puestos e artesanías: figuritas, pulseras, etc. Es algo forzado porque son todo niños que te insisten por favor que les compres cosas, y al final no puedes comprarles a todos. Lo que sí les hace muy felices son los cuadernos, rotuladores y camisetas que les llevamos desde España: se ponen las camisetas encima de las que ya llevan, y discuten para ver quién se lleva más cosas. Intentamos hacer un reparto equitativo y al final parece que todxs acaban contentxs.

Otro perezoso (va a ser verdad que en estación húmeda abundan).

Volvemos a la embarcación y de nuevo nos dirigimos a ver atardecer, esta vez en otra zona. A mitad de camino nos cruzamos con otro guía y, debido a problemas técnicos, nos cambiamos de barco (este tiene un techo donde nos podemos subir) y de conductor (Daniel, también muy majo).

No queremos irnos.

Nos establecemos en una zona muy tranquila, únicamente interrumpida por el grito de alguna pava y el salto de algún delfín sobre el agua. Un compañero badajocense detecta un movimiento sinuoso entre la vegetación flotante, a lo lejos; ¡y es nada menos que una serpiente! Apenas la vemos unos segundos y su cuerpo se pierde bamboleándose entre las plantas.

Afaninga.

Edgar la identifica como una afaninga negra o «serpiente látigo amazónica», que puede medir hasta tres metros y no es venenosa. Pero Edgar nos dice que sí es venenosa, así que después de investigar creo que pudo confundirla con una serpiente negra o «zopilota común». No lo sé, en cualquier caso a todos nos emociona haber visto una serpiente.

Afaninga.

Otro precioso atardecer cubre el cielo amazónico y eso nos recuerda que mañana es nuestro último día en el paraíso. ¡Muyuna, no queremos irnos!

Otro regalo de atardecer.
Visitante inesperado.
Cae la noche.
Juane y banana asada.

Después de una ducha vigorizante, nos ponemos las botas con la cena: un juane, banana asada y de postre una fruta muy mantecosa llamada «anona». Tal y como comentamos antes, los juanes son una comida muy típica del Amazonas y consisten en arroz con pollo, huevo duro y otras cosas; todo envuelto en una hoja de Bijao, procedente de la selva.

Fruta tropical no te va a faltar.

Después de cenar damos nuestro último paseo nocturno en bote, esta vez con otros grupos. Entre los nuevos compañeros de barca destaca un fotógrafo sirio que quizás es la única persona más apasionada que yo sobre el Amazonas.

Llueve a mares y mucha gente se ha quedado en las cabañas, pero nosotros hemos venido a vivir la experiencia amazónica, así que ni lo dudamos: nos ponemos los trajes de capitán Pescanova, bolsa de plástico para la cámara y a la aventura. No podíamos despedirnos del Amazonas de otra manera que con una buena tormenta tropical. Volvemos a calarnos hasta los huesos, pero merece la pena, porque entre murciélagos y aves varias avistamos, oculta entre las sombras… ¡Una boa arborícola!

Boa arborícola.

La boa arborícola mide hasta dos metros y tiene el cuerpo delgado ya que se pasa el día posada entre las ramas. No es venenosa pero es muy agresiva. Suele cazar por la noche ratones, murciélagos, aves… A diferencia de otras serpientes, tiene una buena visión para lanzarse con precisión hasta sus presas ocultas entre la vegetación, pero cuenta además con otros mecanismos.

En primer lugar está la lengua. Las serpientes sacan la lengua porque esta posee unos quimiorreceptores que detectan «moléculas químicas» que su cerebro traduce en información: es una presa, o una amenaza, o cualquier otra cosa. Y en segundo lugar está el denominado «sexto sentido de las serpientes»: cerca de la nariz tienen unas fosetas termorreceptoras muy sensibles a la temperatura, que les permiten detectar presas gracias al calor que producen.

Cómo ve una serpiente (visión térmica) VS. Cómo ve un humano (visión normal)

Ahora sí que sí, súper satisfechos regresamos al lodge. Nos tomamos un vino blanco de despedida con nuestros compañeros de Badajoz (50 soles la botella, unos 12€), nos hacemos las mochilas y a dormir, sabiendo que es nuestra última noche en el Amazonas.

Bar del Muyuna Lodge: No hay cerveza sin gluten (como en todo Perú) pero hay vinos. Sólo se puede pagar en efectivo.

***

>> AMAZONAS – Parte IV. De la salvaje y exuberante selva amazónica hasta CUSCO, el ombligo del Imperio Inca.

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