Etapa 6. De PORTOMARÍN a PALAS DE REI. Tierra de reyes y leyendas.

CAMINO DE SANTIAGO · Día 7 de 10
Etapa 6: De Portomarín a Palas de Rei (25 km) 

[25 Noviembre 2021]

¡Buenos días en Portomarín!

Primer pensamiento: ¡Hoy me reencuentro con mi bastón! Recogemos en silencio y medio a oscuras nuestras cosas como podemos (uno de los inconvenientes de dormir con tanta gente es que se hace difícil no molestar a los que todavía duermen) y empezamos el día tomando un café con leche en el Pons Minea.

Saliendo de Portomarín.

Hoy la lluvia nos acompaña desde el principio, así que vamos con las capas impermeables. La niebla mañanera se apodera con elegancia de los paisajes que rodean Portomarín. Cruzamos un puente dejando atrás la localidad. A la derecha vemos un puente metálico sobre el que se halla posado un majestuoso milano real. No sabemos si esta pasarela es la que utilizaban antes los peregrinos; ahora se encuentra cerrada.

Milano real (estaba muy lejos y no teníamos objetivo con mucho zoom).

Dejamos atrás las últimas casas de Portomarín y comenzamos un ascenso suave y agradecido por las faldas del MONTE DE SAN ANTONIO. Aprovechad bien este tramo porque quizás sea el más bonito de la jornada, ya que en la etapa de hoy hay bastante carretera.

Monte San Antonio.

No tardamos en ser adelantados por nuestro amigo marsellés, que sube «escopeteao». Menudas zancadas se pega el tío. Nosotros empezamos más suave, y mis rodillas en subida no dan ningún problema.

Monte San Antonio.

En cuanto dejamos atrás los robledales del monte, sobre el kilómetro 3, cruzamos la carretera y tomamos un andadero que nos conduce paralelos a la misma.

Un Beatle perdido por Galicia.

De vez en cuando perdemos de vista el asfalto para adentrarnos en pequeños bosques de robles y pinos entre cuyos troncos se cuelan los primeros destellos del sol mañanero.

Nos llaman la atención las muchas zonas reforestadas con coníferas, las cuales no habíamos visto en las anteriores etapas. La madera de pino siempre ha sido un pilar importante de la economía rural gallega, aunque durante estos últimos años el mercado debe estar complicado.

Sobre el kilómetro 8 llegamos a la pequeña localidad de Gonzar. Con aproximadamente 40 habitantes censados, Gonzar alberga una parroquia que (por cansancio o porque ya estábamos pensando en el desayuno) no vimos o no recordamos. Eso sí, nos damos un paseo entre sus casas con la esperanza de encontrar algún bar abierto. Pero no.

Gata en Gonzar.

Pasado Gonzar nos cobijan durante un rato unos bosquecillos de robles a cuyo margen se despliegan extensos cultivos. En un merendero nos cruzamos de nuevo con el marsellés, que está reponiendo fuerzas a base de fruta.

¡El Sol ha vuelto! No muy lejos de Gonzar, pero en medio de la nada, encontramos un bar con terraza donde paramos a desayunar (no apuntamos el nombre pero da igual porque era muy caro). No tienen cosas sin gluten pero me hacen la ya rutinaria tortilla de queso para acompañar el pan Schar que compramos en Portomarín. Mucho consumo de huevo en pocos días pero oye, que lo estamos quemando.

Ibón.

Nos acompaña durante el desayuno un rough collie súper simpático y sin noción del espacio personal, al que bautizamos como Ibón. Nos comenta la camarera que un peregrino lo abandonó y que desde entonces ronda por la zona. A saber, pero el perro está de todo menos preocupado y parece que quiere menú sin gluten.

Nos despedimos de Ibón con mucha pena (la única razón por la que no nos lo llevamos a casa es porque Sherlock, nuestro gato, no toleraría su presencia) y retomamos la etapa. Después de Castromaior (km 9,3) comienza una cuesta por asfalto y los pequeños bosques se ven sustituidos por senderos que colindan con la carretera. Evidentemente es un tramo más aburrido.

La Galicia rural: cultivos de berzas y tejados de pizarra.

Mientras el Sol y la lluvia aparecen y desaparecen, vamos dejando atrás Hospital da Cruz (km 11,8) y Ventas de Narón (km 13,3). A partir de este punto la subida se convierte en bajada.

Sobre el km 16 nos encontramos el CRUCEIRO DE LAMEIROS. Los Cruceiros son un icono religioso importante, siendo muy típicos en Galicia; y en el Camino de Santiago simbolizaban protección al peregrino. Consisten en torres de piedra tallada en los que se representan escenas mayormente de la muerte de Jesucristo. Este en concreto data de 1670 (no hice foto).

Vacas de carne.
Vacas de leche.

Es una gozada ver a las vacas lecheras pastando a su aire en los prados; nada que ver con las grandes naves de producción lechera intensiva. En general viven considerablemente peor que sus compañeras de carne, y son posiblemente los animales menos afortunados de la industria junto a las gallinas ponedoras y los cerdos.

Nuevo miembro se quiere unir al equipo en Ligonde.

Sobre la 1 y media de la tarde llegamos a LIGONDE (km 16,5). Ya en las primeras casas sale otro perrete a saludarnos y a que le rasquemos el lomo. Al principio nos sigue de cerca, parece que quiere ser peregrino. La propietaria nos saluda amablemente desde el jardín. «¡A este cualquier cosa le sirve, cualquier día se va con los peregrinos!». Esto es un dato a tener en cuenta; si veis que un perro os sigue mucho tramo asustadlo porque algunos se van de las aldeas y luego no saben volver.

Gallina ligondesa.

La localidad tiene unos 80 habitantes y puede presumir de haber dado techo y comida a monarcas de la talla de Carlos I o Felipe II. También contó con un cementerio de peregrinos, en el lugar donde hoy descansa una cruz sobre un muro de piedra.

Albergue Fuente del Peregrino.

Llama la atención la Fuente del Peregrino adosada a un albergue con el mismo nombre. Reza un cartel: «Yo soy el Camino, y la verdad, y la vida».

Fuente del Peregrino, Ligonde.

Pocos pasos después el arcén junto a la carretera nos lleva hasta Airexe (km 17,4), en cuyo bar paramos a tomar otro chute de cafeína como hacemos siempre cuando llevamos dos tercios de la jornada. La pequeña localidad consta de varias fincas con caserones.

Perro guardián en Airexe.

Continuamos caminando por la pista asfaltada; rodeados, eso sí, de castañeiros, robles y unos cuantos mirlos que vuelan de aquí para allá. Pasamos Portos (km 19,4) y existe la posibilidad de desviarse a una bonita Iglesia románica en Vilar de Donas, cuyo desvío requiere unos 40 minutos de ida y otros 40 de vuelta. Nosotros estamos un poco cobardes y pasamos de largo.

Después de Lestedo (km 20) hay múltiples aldeas de pequeño tamaño como A Brea y O Rosario. Desde esta última, dicen las leyendas que los peregrinos rezaban un rosario mirando al Monte Sacro. Y esto tiene una razón de ser:

Como ya explicamos en la primera entrada, tras la muerte del Apóstol Santiago a manos del Imperio Romano, sus dos discípulos (Teodoro y Atanasio) buscaban desesperadamente un lugar digno donde darle sepultura. Pues llegaron a Iria Flavia, donde amarraron su barca de piedra a otra piedra muy grande (pedrón), que derivaría en su nombre actual: Padrón, donde los pimientos.
Total, que allí vivía la Reina Lupa que era pagana y les dijo que nanay de la china. Bueno, en lugar de decirles un no rotundo, les dijo que tenían que completar tareas un poco imposibles; y una de ellas era domar unos bueyes salvajes en el Monte Sacro, donde supuestamente también vivía un dragón. Pues allí que fueron. Al encontrarse con las bestias, Teodoro y Atanasio se arrodillaron y les hicieron el símbolo de la cruz. Las bestias se amansaron, y la Reina Lupa flipó bastante y dijo «Uy, pues igual sí que es un cuerpo Santo». Así que se convirtió al cristianismo, y les dejó enterrar el cuerpo de Santiago en el Monte Libredón, cerca de la actual Catedral de Santiago.

Y por eso los peregrinos rezaban un rosario mirando al Monte Sacro. Así que cuando paséis por O Rosario, buscadlo a ver si lo veis. Porque nosotros no conocíamos esta historia y ni caso le hicimos.

Tramo final de la etapa, flanqueados por los gigantes.

Finalizamos la etapa con un Sol resplandeciente sin podérnoslo creer. Tras un sendero salvaguardado por árboles descomunales (pero todavía paralelos a la carretera), llegamos al área recreativa Os Chacotes (km 23,9), donde se despliegan campos de fútbol, columpios para niños, un albergue y sobre todo verde, mucho verde.

Llegando a Palas de Rei.

El último tramo nos conduce por una zona arbolada cuya pendiente nos acerca poco a poco a nuestro destino: PALAS DE REI. Como siempre, lo primero que hacemos es pasar por nuestro alojamiento: el Albergue San Marcos, junto a la mismísima IGREXA DE SAN TIRSO.

Igrexa de San Tirso, Palas de Rei.

La Iglesia de San Tirso se ubica en un pequeño jardín con preciosas vistas a la parte baja de la localidad (Palas de Rei tiene mucho desnivel). Fue construida en el siglo XIII, aunque de la original solo se conservan el retablo posterior y una de las fachadas románicas.

En el albergue nos atiende Teresa, una mujer amable y sonriente que me devuelve mi añorado bastón. ¡SÍIIII! El albergue está muy cuidado y limpio. La pared de la recepción reza: «El turista exige lujos. El peregrino agradece la hospitalidad». Teresa nos guía hasta una habitación de tres literas, solo para nosotros; aunque hay bastante ambiente y parecen estar todas las habitaciones llenas.

  • Albergue San Marcos (Palas de Rei): Precio no lo recuerdo, pero similar a los otros. Muy nuevo, limpio y con decoración curiosa. Habitaciones de tamaño medio (3-4 literas), camas muy cómodas y la ubicación inmejorable. Tiene una sala de estar abajo con cocina y nevera pero solo se puede estar hasta las 20:30 horas.

Dejamos las cosas y comemos a dos calles del albergue en la Pulpería Camiñante. Nuestros únicos acompañantes son un grupo de señores al más puro estilo «Fariña» que juegan a cartas, beben y gritan como si el local fuera suyo. Nos pedimos un pozal de ensalada para compartir, zorza con patatas (la zorza es un picadillo de carne de cerdo condimentada), caldo gallego (rejuvenecedor), pulpo (muy rico, aunque estaba mejor el de Ponferrada según Marcos).

Pulpería Camiñante (Palas de Rei): Bien informados sobre intolerancias, tienen cerveza pero no pan. Buena relación calidad/precio.

Después de comer damos un paseo (qué dolor las pendientes para mi rodilla). Palas de Rei es un núcleo grande en comparación con sus vecinos, pues cuenta con 3.500 habitantes.  Aquí se establecieron romanos, suevos y visigodos.

De hecho, aquí residió el rey visigodo Witiza allá por el siglo VIII tras haber matado al Duque de Galicia (Favila). Por eso la aldea se llamaba «Pallatium regis», que suena a «Palacio del Rey» y que derivó en su nombre actual.

Luego vinieron los musulmanes y finalmente la gran reconquista de los Reyes Católicos, momento en el que la villa comenzó a prosperar como parte esencial del Camino de Santiago. De hecho, se dice que aquí paraban los peregrinos a descansar y salían en grupo hacia Compostela. Sin embargo poco se ha conservado de su pasado jacobeo, pues aparte de la Iglesia no tiene muchos puntos de interés.

A 15 minutos en coche se encuentra el Castillo de Pambre; se dice que es una joya arquitectónica medieval ya que fue uno de los pocos castillos que sobrevivieron a las revueltas Irmandiñas del siglo XV. No forma parte del Caminho pero tiene buena pinta.

Finalmente, la localidad fue también protagonista de una revuelta en la segunda guerra carlista (en 1846), donde se enfrentaban los liberales (a favor de Isabel II, hija de Fernando VII) contra los carlistas (a favor de Carlos, el hermano de Fernando VII, más conservadores).

Palas de Rei.

Pasamos por el supermercado para pillar cena y, cómo no, por la farmacia. En esta pedimos sello aunque sea por la broma, porque igual es la cuarta farmacia que visitamos en 7 días. Volvemos al albergue donde nos damos una buena ducha y disfrutamos de la horizontalidad de los mullidos colchones. Qué alivio no apoyar todo el peso del cuerpo y la mochila en las plantas de nuestros pies; no notas el cansancio hasta que no te liberas del peso.

Sobre las 8 de la tarde bajamos a la sala de estar, donde cenamos a base de fuet y queso con pan, crema de verduras, humus y salchichas precocinadas. La mejor cena de la historia sabiendo que no tenemos que salir al frío gallego y que estamos a pocos metros de nuestras camas.

A las 20:30 estamos cenados (porque la señora nos insistió mucho en que a esa hora la sala tiene que estar vacía). Hay un mapa muy majo del Camino Francés con los desniveles de cada etapa y nos asustamos un poco al ver que la de mañana se llama «rompe-piernas». Pero eso será un problema para los peregrinos de mañana… Los peregrinos de hoy se van a dormir.

¡Venga que ya solo quedan dos etapas!

***

>> Etapa 7. De PALAS DE REI a ARZÚA. Puentes medievales, pulperías y una etapa «rompe-piernas».

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