Etapa 3. De O CEBREIRO a TRIACASTELA. La gran nevada y los castañeiros centenarios.

CAMINO DE SANTIAGO · Día 4 de 10
Etapa 3: De O Cebreiro a Triacastela (21,7 km) 

[22 Noviembre 2021]

Después de la dureza de la «Etapa Reina» del día anterior, nos levantamos con energía y entusiasmo para afrontar los 22 kilómetros que nos aguardan hoy. Parece que los pies duelen menos, y los hombros están renovados («Pues tenía razón Ignacio…»). Una bonita panorámica de O Cebreiro cubierto de un manto nevado nos da los buenos días.

¡Nieve en noviembre!

Nos tomamos un café en el restaurante de la noche anterior, nos hacemos unas fotos con la nieve y, más espabilados, empieza nuestra jornada entre otros tantos peregrinos.

Salimos de O Cebreiro y tomamos una pista forestal que nos sumerge de lleno en bosques de robles, castaños y helechos. Una capa fina de nieve se apodera del paisaje pero no hay hielo y se puede caminar sin problema. Eso sí, vamos con todas las capas invernales que nos habíamos traído: pantalones impermeables, chubasquero, gorro, guantes y fundas para las mochilas.

Sobre el kilómetro 3,2 atravesamos Santo Estevo de Liñares, una pequeña aldea que cuenta con unos 60 habitantes y una parroquia. No encontramos ningún servicio abierto. Antiguamente se llamaba Linar de Reyes debido a las plantaciones de lino que allí había.

Poco después del pueblo nos adentramos de nuevo en los bosques y, tras continuas subidas y bajadas por la Sierra de Os Ancares, llegamos al ALTO DE SAN ROQUE, donde reina la imponente estatua de bronce de un peregrino medieval que lucha contra el viento.

Alto de San Roque.

La escultura no puede tener más significado el día de hoy en el que nos encontramos luchando contra los elementos (nieve, lluvia, niebla, viento, frío…). Conforme avanzamos la niebla se va despejando y nos permite apreciar los cultivos de la zona.

El kilómetro 5,7 nos conduce hasta HOSPITAL DA CONDESA; nombre debido a que albergaba uno de los hospitales para peregrinos más antiguos del Camino Francés (del siglo XI). Alrededor del hospital fue creciendo el pueblo. En esta localidad, de unos 1000 habitantes, se encuentra también la Iglesia de San Juan.

Saliendo de Hospital da Condesa.

A continuación nos enfrentamos a una corta pero intensa cuesta (se hace dura, sobre todo si no has desayunado y desconoces si podrás). Durante el trayecto atravesamos PADORNELO (kilómetro 8,1), pueblo consistente en una docena de casas hechas de losas de piedra y tejados de pizarra. En él se asentaron miembros de la Orden de Jerusalén para defender a los peregrinos.

Ponemos todas nuestras ganas en ascender la rampa, que parece no acabar nunca, con la esperanza de poder desayunar y estabilizar el ritmo cardíaco.

¡Al fin! Sobre las 11 llegamos a ALTO DO POIO (a 1335 metros de altura), siendo el punto más elevado del Camino Francés gallego. Si no estuviésemos rodeados por niebla quizás podríamos disfrutar de las panorámicas de la sierra de O Rañadoiro, pero como no es el caso nos centramos en el desayuno que ya es urgente.

En Alto do Poio hay un mesón y un bar-albergue. Entramos al segundo, cuyo olor a lumbre invita a quitarse las capas mojadas y ponerlas a secar en los radiadores mientras llenamos los buches y revivimos con unos humeantes cafés con leche y tostadas. El celíaco solicita una tortilla francesa con jamón y queso, y hasta el pan Schar de la mochila le sabe a gloria.

Quasigrino.

En este punto comenzamos el descenso, pues lo que nos queda de la etapa será todo bajada (de los 1335 m de Alto de Poio a los 662 m de Triacastela). El próximo pueblecito que atravesamos es FONFRÍA (km 11,9), con su Parroquia de San Xoán (siglo XVI) y sus 31 habitantes (si vives allí más vale llevarse bien con los vecinos…).

Por el camino hacemos amistad con Justine, un joven hongkonés que vive en París y está haciendo un retiro espiritual porque no sabe si formar una familia o hacerse cura. Después de un rato intercambiando curiosidades (nos pregunta por nuestras palabras españolas favoritas) y aportando desde el respeto nuestros puntos de vista sobre el ateísmo y el catolicismo, Justine se despide y nos desea lo mejor, recordándonos que «El Camino no acaba en Santiago, allí es donde empieza».

Continuamos alternando bosques nevados con arcenes de la carretera en nuestro camino hacia O Biduedo. Durante este tramo decimos adiós al Concello de Pedrafita, en plena montaña, y nos da la bienvenida el Concello de Triacastela (en Galicia los concellos son los equivalentes de los municipios).

Capilla de San Pedro (O Biduedo).

El descenso se hace cada vez más pronunciado. Atravesamos bosques con terreno pedregoso hasta llegar a O BIDUEDO (km 14,3), núcleo que recibe su nombre por la gran cantidad de abedules que salvaguardan el camino hasta Triacastela. Es un pueblo pequeño, con menos de 100 habitantes. Destaca su curiosa y humilde Capilla de San Pedro, construida con esquisto; de la cual se dice que es la más pequeña del Camino Francés.

Acebo.

La siguiente aldea lucense es FILLOBAL, a cuya entrada podemos encontrar un hórreo bastante curioso. El aguanieve y la niebla, que nos están calando hasta los huesos, apenas nos permiten ver las casas que componen el pueblo.

Hórreo en Fillobal.

Conforme descendemos de cota dejamos atrás la nieve y los blancos empiezan a ser sustituidos por las mil tonalidades del otoño.

Pasantes.

Llegamos así a PASANTES (km 18,8), un núcleo rural precioso con 44 habitantes; compuesto por casitas de piedra y madera, cultivos de berzas y grelos (los de la famosa receta gallega de «lacón con grelos», que viene a ser otro tipo de acelgas) y pequeñas granjas familiares.

Nos adentramos cada vez más en la densidad de los bosques de robles (carballos) y castaños (castañeiros) que nos otorgan una inmersión preciosa en la naturaleza gallega mientras continuamos nuestro descenso, ya pensando en la comida.

Otoño.

Nuestra ruta continúa hasta RAMIL (km 20,1), una pequeña aldea con un majestuoso castaño centenario (más de 800 años) al borde del Caminho. Evidentemente, el suelo de estos bosques de castañeiros en otoño está plagado de castañas.

Castaño centenario (Ramil).

Tras un último empujoncito llegamos a TRIACASTELA sobre las 15 horas. La localidad cuenta con muchos albergues y restaurantes. Se nota que es un núcleo de población más grande, con unos 600 habitantes.

Lo primero que hacemos es llegar a nuestro albergue, donde nos recibe con una empleada muy maja y un fuego en la sala de estar que crepita con cariño para que nos olvidemos de la lluvia y de lo mojados que estamos. A ambos lados del fuego hay unas estanterías secabotas (regalo del cielo).

  • Albergue Complexo Xacobeo (Triacastela): 10€/persona. Muy buen servicio, con restaurante al lado, fuego para secar las botas, acogedor, barato… Súper recomendable.

Nos piden DNIs y credenciales, nos ponen el sello de turno (nuestras credenciales ya parecen las de peregrinos de verdad), dejamos las cosas a secar en la habitación (una sala grande con unas diez camas entera para nosotros) y salimos a comer (yo en chanclas porque no tengo calzado de repuesto pero oye, una maravilla).

No nos liamos demasiado; acabamos en el restaurante de nuestro albergue que está a una calle y resulta ser perfeito, tanto por la atención al celíaco como por la comida. Nos encontramos allí al italobrasileiro, a Ignacio el de Barcelona (que continúa hasta Samos el valiente) y hasta a la de Bután.

Restaurante Complexo Xacobeo (Triacastela): Menú del Peregrino por 11€. Muy bien informados en intolerancias y celiaquía, da mucha seguridad. Tienen cerveza, pan sin gluten y freidora aparte.

Yo me pido una ensaladilla rusa, churrasco de ternera con chorizo criollo, y torta de Santiago sin gluten (normalmente está hecha con harina de almendra pero puede llevar otras harinas así que hay que preguntar). Había un revuelto de grelos con queso que no probamos pero tenía buena pinta. Nos lo zampamos todo felices, contentos y satisfeitos. Qué gozada comer pan recién tostado y no tener que sacar el pan blandurrio de mi mochila.

Escultura a Santiago en Triacastela. ¿Será madera de castaño?

Nos damos una ducha, pomada para rehidratar los pies, descansamos un rato leyendo (disfrutando de nuevo de los placeres de la horizontalidad) y, obligándonos a no quedarnos dormidos hasta el día siguiente, salimos a dar un paseo por Triacastela.

Inciso aparte para peregrinos (seguramente no haga falta si sois más listos que yo): No saltéis de la litera si habéis caminado 80 kilómetros en tres días. Yo lo hice, sentí un apenas audible «crack» y acabé el Camino medio cojo y con dolor de rodillas que me duró un mes.

Desvío en Triacastela.

En Triacastela encontramos dos mojones que indican dos variantes del Camino de Santiago en la siguiente etapa que avanza hasta Sarria: Una pasa por SAMOS y es más larga (unos 20 km) y la otra por SAN XIL (unos 13 km). Nosotros cogeríamos la primera.

Las dos fotos de arriba muestran posiblemente los dos puntos más interesantes de Triacastela.

El primero es el MONUMENTO AL PEREGRINO (construido en 1965), que conmemora la tradición de los peregrinos de coger una piedra caliza de la cantera local (uno de los pocos yacimientos de cal en Galicia) y dejarla en Castañeda (entre Melide y Arzúa, nuestra etapa 7), donde estaban los hornos para hacer la cal destinada a construir la Catedral de Santiago.

El segundo es la IGREXA DE SANTIAGO, construida en época románica (siglo IX) y reconstruida en el siglo XVIII; a cuyos pies está el cementerio. Es un edificio llamativo porque su figura destaca desde cualquier parte de la localidad.

Triacastela, «Tres Castillos».

Tanto en la fachada de la Iglesia de Santiago como en el suelo enlosado, se puede observar el escudo de Triacastela que viene a representar el origen de su nombre: «Tres Castillos». No hay evidencia arqueológica de tres castillos pero sí de tres castros (poblados fortificados prerromanos). Esta villa tenía mucha relación con la nobleza y su principal benefactor fue Alfonso IX de León en el siglo XII, de quien se dice que llegó a vivir aquí.

Estamos a media tarde y como no sabemos qué hacer, volvemos al sitio donde está la gente más maja de Triacastela: el Restaurante del Complexo Xacobeo. Echamos unas cervezas, jugamos a «Cartas contra la humanidad» (posiblemente uno de los juegos más portables que se pueden llevar al Caminho) y, como ya llevamos aquí toda la tarde y nos conoce todo el servicio, pedimos para cenar una tabla de quesos (riquísimos) y unas buenas zamburiñas.

Después de cenar les damos las gracias («Gracinhas»), les decimos que no nos echen de menos porque a la mañana siguiente nos plantamos allí para desayunar, y a las 22 horas estamos ya durmiendo a pierna suelta.

***

>> Etapa 4. De TRIACASTELA a SARRIA por la variante de SAMOS. Monasterios, bosques y rodilleiras.

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