Caminando por el fuego en MÝVATN y rumbo hacia el norte: cascadas DETTIFOSS y SELFOSS, cañón de ÁSBYRGI.

ISLANDIA DÍA 6 DE 11: MÝVATN Y ALREDEDORES
De Mývatn a Húsavík (207 km)

[30 Septiembre 2019]

Pese al frío helador que nos ha impedido pegar ojo en toda la noche, nada nos quita la felicidad de haber visto en vivo las auroras boreales en medio de la noche islandesa, sin luces de ciudades ni nada que entorpeciera su magnificencia. El nuevo día nos descubre la explanada llena de escarcha donde hemos “dormido” (la noche anterior no veíamos más allá de lo que alumbraban nuestras linternas, así que no sabíamos dónde estábamos).

Buenos y helados días, Islandia.

Nos estiramos disfrutando del solitario paisaje, desayunamos con nuestro Nescafé mañanero y limpiamos la escarcha de la camper para poder conducir. El día de hoy incluye múltiples paradas pero menos kilometraje, pues muchas de ellas están concentradas.

A continuación dejo un pantallazo Google Maps de los principales puntos a visitar en el área de Mývatn. Los cráteres de Víti y Leirhnjúkur los visitamos el día anterior. Ya explicamos que Mývatn significa “mosca enana” porque en los meses de calor la zona está plagada; nosotros al venir en otoño no las sufrimos.

Qué ver en los alrededores de Mývatn.

Desde nuestra colina-camping (gracias, Park4Night) no tardamos más de 20 minutos en llegar a nuestra primera parada, un lugar que podría pertenecer a otro planeta: Hvérir.

Hvérir.

Hvérir alberga la mayor solfatara de Islandia: es una zona geotermal que escupe columnas de vapor hirviendo a 100-500ºC. La senda está delimitada por lo que no es peligroso, aunque es recomendable ir con botas de montaña porque hay zonas encharcadas.

La naturaleza volcánica de este lugar es impresionante, es muy fácil quedarse embelesado con las columnas de vapor que borbotean de la tierra, recordándonos que por debajo de la superficie terrestre existe un núcleo de fuego ardiendo a temperaturas que no concebimos. La inmersión es auténtica; con fuertes olores a azufre y un paisaje muy diferente a nada que hubiéramos visto antes.

Existe la opción de subir a Námafjall (Montaña de la Mina), una colina roja de unos 500 metros desde la que se tienen buenas vistas del lago Mývatn. Nosotros decidimos no subir por tiempo ajustado, pero si alguien se anima que tenga en cuenta que es cuesta empinada, con gravilla y muchas veces el suelo está embarrado. Leí por ahí que se tarda unos 40 minutos y que es mejor subir por el lado izquierdo para no resbalarse.

Nuestra siguiente parada sería la cueva Grótagjá pero somos muy listos y nos la pasamos con el coche así que continuamos hasta Hverfjall. Al principio creemos habernos equivocado porque parece un terreno particular (hay que pasar una valla y el camino es estrecho y lleno de baches encharcados), pero no; pronto llegamos a un parking y una caseta con baños de pago (200 ISK).

Vistas de Mývatn desde Hverfjall.

Hverfjall es un cráter de un volcán extinto que estalló hace unos 4500 años. La subida, de unos 400 metros, cuesta unos 20 minutos y desde arriba se tienen unas impresionantes vistas del lago Mývatn.

Cráter Hverfjall.

En la zona del parking hay unos paneles informativos sobre la curiosa forma del cráter en espiral. Se puede dar la vuelta al diámetro del cráter con una duración de una hora; nosotros no lo hacemos. Apenas estamos 6 o 7 personas y nos saludamos como si fuésemos conocidos; práctica sana y familiar que tenemos muy asimilada la gente montañera del Pirineo.

Bajando de Hverfjall.

Bajamos del cráter y deshacemos el recorrido de cabras para dirigirnos hacia nuestra próxima parada: Dimmuborgir. Tras dejar el coche en un parking situado junto a un centro de información con cafetería, hay varios senderos que se adentran en campos de lava solidificada con curiosas e imponentes formas, llamados “castillos negros” y formadas (creo) a partir de las erupciones de Hverfjall.

Dimmuborgir.

Existen varios recorridos de distinta duración; nosotros elegimos uno corto de unos 20-30 minutos. Si se tiene tiempo, recomiendo hacer la ruta larga (Ruta de la Iglesia) porque seguro que se pueden conseguir buenas panorámicas de la zona.

La zona está plagada de mitología islandesa: aquí vivían trece trolls malvados (los Yude Lauds) que en Navidad se dedicaban a secuestrar niños que se portaban mal, tipo “el hombre del saco”. Al parecer hasta a los islandeses les parecía demasiado creepy y en 1746 prohibieron por ley asustar a los niños con esta historia (surrealista jajaja). Para que los niños pudieran dormir por las noches, los trolls secuestradores fueron convertidos en trece Santa Claus que simplemente hacían trastadas en Navidad.

Saltos en Dimmuborgir: intento nº 14.

Nos alejamos de los trolls y sus cuevas y es así como llegamos a Höfdi, en algunos sitios señalizado como Kálfaströnd. No es una parada muy turística, el parking es discreto y la ruta poco señalizada.

Nos adentramos en un bosquecillo por el que discurren varias sendas que se pueden recorrer por libre sin miedo a perderse, pues todas llevan al mismo sitio. Atravesamos el bosque y llegamos a un lago donde se pueden observar más formaciones volcánicas de lava. Un paraje de postal: bonito y tranquilo.

Höfdi.

Perderse en esta zona es un regalo para los sentidos: olor otoñal a hojarasca, no hay apenas gente, solo se escucha el piar de las aves… En una media hora se puede ir y volver; nosotros lo disfrutamos con calma.

Zorzal alirrojo canturreando por la zona.

Continuamos nuestra ruta y llegamos a Skútustadir, nuestra parada más al sur de Mývatn. Se trata de una zona más “poblada” con hostales, cafeterías, granjas…

Skútustadir es una zona del lago conocida por sus pseudocráteres, llamados así porque fueron formados por gigantescas columnas de vapor, cuando coladas de lava pasaron por debajo del lago y calentaron tanto el agua que esta empezó a evaporarse. Es decir, no son cráteres porque nunca contuvieron lava.

Pseudocráteres en el lago Mývatn.

Hay varios senderos que permiten bordear una parte del lago y observar estos pseudocráteres desde zonas más elevadas: una dura media hora (la que hacemos nosotros) y otra una hora. Cientos de ovejas islandesas pastando nos acompañan durante todo el recorrido.

Regresamos por el mismo recorrido para visitar la parada que nos hemos saltado: Grjótagjá es una cueva formada por el paso de la lava y es un destino muy popular en Islandia porque sirvió como escenario para la famosa escena de Juego de Tronos donde se enrollan Jon Nieve e Ygritte.

Tiene dos entradas y está en una propiedad privada. Hace tiempo la gente se bañaba pero erupciones volcánicas en los años 80 y 90 subieron la temperatura del agua hasta los 50ºC. Así que no, Jon e Ygritte no se bañaron.

Cueva Grjótagjá.

En nuestra opinión: sin más. Bonito, sí, como todo en Islandia, pero es lo que menos espectacular nos parece de Mývatn porque no es el típico lugar donde te puedes quedar media hora disfrutando de su belleza. Nuestro amigo murciano de Höfn nos recomendó una alternativa: Stóragjá. Es otra cueva termal que se encuentra al lado y en la que la gente se baña, pero requiere trepar y hacer otras cabrioladas. Si se va con tiempo yo probaría.

Finalmente abandonamos Mývatn y ponemos rumbo hacia el norte. Seguimos improvisando sobre la marcha. En menos de hora y media nos plantamos en la cascada Dettifoss, en cuyo parking nos hacemos unos bocatas de sobrasada. Son las cuatro de la tarde, el viento pega fuerte y el sol se ha quedado en Mývatn.

Dettifoss.

Se debe tener en cuenta que a Dettifoss se puede llegar por dos vías desde la Ring Road, en función de la orilla a la que se quiera ir:

  • Carretera 862: bien asfaltada y la cascada se ve más de frente.
  • Carretera 864: antes era una carretera sin asfaltar, no apta para todos los turismos y suponía 45 minutos llenos de baches; pero al parecer está asfaltada desde agosto de 2019. Tiene una vista de la cascada de perfil y está cerrada en invierno (asegurarse con road.is).

Nosotros elegimos la carretera 862 para ir a lo seguro y porque nos pilla más a mano; pero si volviéramos a ir elegiríamos la 864, que permite una visión más cercana, el vapor no “tapa” el paisaje y se aprecia mejor la fuerza de la cascada.

Arcoiris en Dettifoss.

Y es que este lugar emana una fuerza ensordecedora entre la furia con la que cae el torrente de agua y las nubes de vapor que levanta. No por nada Dettifoss (“cascada burbujeante”) es la más caudalosa de Europa, con 100 metros de ancho y 44 de alto. Sus aguas nacen en el glaciar Vatnajökull (el origen de todo…) y forman parte del río Jökulsá.

Dettifoss.

El paraje incluye un sendero que ofrece diferentes panorámicas de la cascada hasta llegar a un mirador. Los vientos islandeses aprovechan para recoger todo el agua que pueden de la caudalosa cascada y da la impresión de que está lloviendo con intensidad. Nosotros somos los únicos en llegar al mirador, junto a una pareja de ancianos valientes, y salimos empapados.

Nuestra próxima parada es la cascada hermana: Selfoss, a la que se llega caminando en unos 15 minutos. También se puede ver desde las dos carreteras.

Selfoss.

Selfoss incluye varios saltos de agua, también del río Jökulsá, y es otro de esos sitios en los que se aprecian a la perfección las columnas basálticas hexagonales de origen volcánico. Paseo sencillo y agradable.

Selfoss.

También existe la posibilidad de acceder a una tercera cascada del río Jökulsá, cerca de las dos anteriores aunque requiere desplazarse con el coche: Hafragilsfoss (“cascada del cañón de la cabra”). No la visitamos pero seguro que es una preciosidad; se encuentra encajonada en un cañón y es mucho menos turística que Dettifoss y Selfoss.

Continuamos nuestra ruta hacia el norte y nos adentramos en una “carretera” horrorosa e infernal llena de baches gigantes, barrizales y excavadoras (al menos parece que la están arreglando). Después de 45 minutos de traqueteo bruto y constante (percepción personal 3 horas), nos plantamos en la que va a ser la última parada turística del día: Ásbyrgi.

Lago de los ¿patos? en Ásbyrgi.

El cañón de Ásbyrgi es una impresionante formación geológica consistente en un cañón redondeado cuyo interior alberga un bosque y un lago. Su origen se atribuye a explosiones volcánicas y a ciclos glaciares de hielo-deshielo, aunque no falta la leyenda mitológica de turno: Sleipnir, el caballo de ocho patas de Odín (Dios de la mitología nórdica), pisó la tierra y así se creó este cañón en forma de herradura.

Cañón de Ásbyrgi en otoño.

En el parking hay un centro de visitantes con un panel que indica las posibles rutas a elegir. Nosotros hacemos una ruta corta que cruza los bosques hasta un estanque con patos y que se puede continuar hasta un mirador más elevado. Al ser otoño los bosques están pelados y no hay rastro de los patos, pero las paredes del cañón que se elevan hasta 100 metros son impresionantes, y la atmósfera sosegada del lugar es un bálsamo para la mente.

La ruta larga dura unas 4 horas y, sin haberla hecho, la recomiendo totalmente: te lleva hasta lo alto del cañón y debe tener unas vistas espectaculares.

Panorámica IMPRESIONANTE de la ruta larga desde lo alto del cañón. Tomada de http://www.volcaneshistoricos.com.

Comienza a anochecer. Regresamos al parking y llenamos la garrafa de nuestra camper (hay una fuente con agua potable). Subimos a nuestra Nissan NV-200 y surcamos de nuevo las preciosas carreteras que se dibujan a los pies del cañón. Aprovechando que queda algo de luz decidimos acortar recorrido para el día siguiente, y en menos de una hora nos plantamos en Húsavík.

¡Ya hemos tocado el norte de Islandia! Repostamos (38 litros por 9033 ISK… menudos sablazos con la gasolina) y ¿ya sabéis lo que toca, no? Bañito en la Sundlaug municipal de Húsavík (800 ISK/persona) y como nuevos. Cuenta con tres piscinas termales a varias temperaturas, unos pedazo de toboganes para los críos y un cubo de agua fría que los islandeses usan antes de meterse en las piscinas calentitas (cabe una persona).

Como además de celíaco soy empirista y me gusta fardar de que la gente del Pirineo no siente el frío, me niego a irme sin probar esta costumbre islandesa. Me zambullo en el cubo de agua helada (para no volver) y acto seguido me dejo caer en una de las calentitas. Al principio el choque térmico duele, pero lo llevo con dignidad para no perder el respeto de los islandeses presentes. Por 5€ ducha y baño termal, ¡no todo en Islandia es caro!

Salimos rejuvenecidos y volvemos a usar Park4Night para aparcar en una ladera junto al mar, a unos 5 minutos de Húsavík. Se escuchan las olas de fondo. Las vistas deben ser preciosas; por la mañana lo descubriremos. No hay pronóstico bueno para auroras, así que cenamos y al sobre. A ver si esta noche tenemos más suerte y no nos congelamos del frío… ¡A dormir!

>> Las aguas del norte. Avistamiento de ballenas en HÚSAVÍK, cascada GODAFOSS y península TRÖLLASKAGI.

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