En el centro de la Tierra los impermeables no funcionan: PENÍNSULA DE SNAEFELLSNES.

ISLANDIA · Día 9 de 11 · PENÍNSULA DE SNAEFELLSNES
De Berserkjahraun a Borgarnes (289 km)

[3 Octubre 2019]

El día de hoy nos toca recorrer la península de Snæfellsnes, considerada por muchos como una Islandia en miniatura ya que posee cascadas, playas de arena negra, un Parque Nacional que alberga el glaciar Snæfellsjökull y un estratovolcán (volcán cónico de gran altura). De acuerdo con la novela de Julio Verne “Viaje hacia el centro de la Tierra” de 1864, inspirada por la naturaleza salvaje del lugar, en ese mismo volcán se encontraría la entrada para acceder al corazón de nuestro planeta.

A continuación dejo un mapa de nuestra ruta por la península, siendo el punto más occidental del país que visitamos.

Nuestra ruta por Snæfellsnes.

El nuevo día nos recibe como finalizó el anterior: lloviendo, pero a mares. Si hasta ahora habíamos tenido días soleados y un clima más que perfecto para una Islandia otoñal, esta península nos recibía con unas lluvias torrenciales y continuas dispuestas a demostrar que tres capas impermeables no te garantizan que no te vayas a mojar.

Buenos días desde Berserkjahraun.

Desayunamos en los campos de lava de Berserkjahraun, unas rocas volcánicas cubiertas de musgos verdosos cuyo origen se atribuye a una erupción volcánica hace 4.000 años. El nombre viene de “berserker“, una palabra islandesa utilizada para describir a unos guerreros vikingos fuertes como osos que combatían cubiertos con pieles de animales y eran insensibles al dolor.

Si el tiempo acompañara nos habríamos dejado perder por la zona, pero no es el caso. Regresamos al camino de tierra embarrado que recorrimos de noche y continuamos nuestra ruta. Observamos desde la carretera la cascada Grundarfoss y continuamos hasta la imagen más conocida de esta península: Kirkjufell (la montaña) y Kikrjufellsfoss (la cascada).

Kirkjufell.

En este punto la lluvia es torrencial y el viento no se queda atrás. Somos varios los vehículos aparcados esperando a que se despeje el día. Algunos acaban por irse, otros nos resignamos a la lluvia y nos aventuramos a salir del vehículo con nuestras múltiples capas para enfrentarnos al clima islandés: camiseta y mallas térmicas, forro polar, pantalones térmicos con cubierta impermeable, guantes, abrigo cortavientos e impermeable con gorro.

Y así es como todas nuestras capas acaban caladas y empapadas en 5 minutos. De la cascada no tenemos ni foto porque el viento lluvioso azotaba con fuerza, las gotas de lluvia caían como perdigones y nuestra cámara hubiera sacado lo mismo que metiéndola en la lavadora. Volvemos al coche, nos cambiamos de ropa y nuestra cocina-casa-cama se convierte en un tendedor cuya humedad supera con creces la capacidad de absorción de las toallas.

Un mirador en algún punto en medio del caos.

En este punto del recorrido nos vemos obligados a eliminar algunas paradas porque el viento tambalea-coches ha vuelto y las indicaciones de road.is no son propicias para ir por algunas carreteras secundarias. Paradas eliminadas:

  • Saxhóll Crater: Cráter de volcán extinto al que se puede subir, forma parte del Parque Nacional Snaefellsjökull y si hace buen tiempo se puede ver a lo lejos el glaciar.
  • Skarðsvík: Playa de arena blanca, de las de toda la vida. Por las fotos nos parece prescindible.
  • Svörtuloft: Faro en unos acantilados. Debe ser muy bonito, mala carretera.
  • Djúpalossandur: Otra playa de arena negra, de origen volcánico.
  • Vatnshellir: Cueva de lava de 8.000 años de antigüedad a la que se puede acceder con visita guiada. Nos dijeron que no merece la pena, pero para gustos colores…
  • Malarrif Lighthouse: Otro faro, dicen que menos espectacular que el anterior.
Mirador de Lóndrangar.

Nuestra siguiente parada obligada es Lóndrangar, un mirador ubicado en el Parque nacional Snæfellsjökull. Lóndrangar son unas rocas basálticas de unos 70 metros de altura y con formas curiosas. El mirador está ubicado en una colina a la que nos cuesta subir por la fuerza del viento y la lluvia (no te preocupes, madre, hay vallas de seguridad). El oleaje rompiendo sobre estos acantilados conforma un paisaje digno de ver y cuando hace buen tiempo está repleto de frailecillos (en verano), gaviotas y otras aves marinas, que acostumbran a anidar en los riscos de los acantilados.

Arnarstapi.

Arnarstapi es un pueblo pesquero, bonito y calmado, que tiene mucho que ofrecer en muy poco espacio. Nosotros recomendamos aparcar cerca del puerto, porque nuestro GPS se volvió loco y nos metió en fincas privadas. Desde el puerto hay bonitas vistas del mar y muchísimas aves graznando entre la lluvia. Si te colocas mirando al mar, hacia la derecha sale un sendero que conduce a todo lo que hay que ver.

Arnarstapi.

Cerca de las bonitas casitas tradicionales que destacan en medio del paisaje, el mar se adentra en múltiples grietas y las olas emergen sobre la tierra a modo de géiseres.

Olas rompiendo sobre Arnarstapi.

La lluvia parece amainar levemente así que disfrutamos del recorrido sobre los acantilados mientras llegamos a los principales puntos de interés: el famoso Arco Gatklettur y el monumento a Bárður, de madre humana y padre troll, que es protagonista de las sagas islandesas (hablaremos de ellas en la próxima y última entrada) y guardián de la región. El paseo no dura más de 20 minutos.

Arco Gatklettur.
Monumento a Bárður.

No lejos de Arnarstapi se encuentra Rauðfeldsgjá, una gruta natural muy discreta en la montaña Botnsfjall y que apenas se ve desde la carretera.

La cueva lleva este nombre por una razón. Dos hermanos llamados Rauðfeldur y Sölvi jugaban a menudo con la hija de Bárður, el medio troll del monumento. A modo de broma, subieron a su hija a un iceberg y el viento islandés sopló tan fuerte que la niña se perdió para siempre en el océano. Para vengarse, Bárður arrojó a Sölvi al acantilado y a Rauðfeldur al barranco, dándole nombre a la gruta que hoy conocemos.

Rauðfeldsgjá es esa grieta que se ve en la montaña.
Rauðfeldsgjá.

Si os gusta el trekking y lleváis buen calzado, hay un paseo majo que permite acceder a la cueva y adentrarse un poco entre las piedras. Nosotros nos quedamos en la entrada pero un par de valientes sin miedo a mojarse siguen trepando río arriba.

Rauðfeldsgjá.

¡Hora de comer! Unos bocatas de embutido (parece que nos va a sobrar comida y todo) en la cámper con el capítulo de rigor de Brooklyn 9.9 y continuamos la ruta. Nos saltamos la parada en Búðakirkja, una famosa iglesia negra situada en un paraje bonito; y llegamos hasta la playa de Ytri Tunga, uno de los mejores puntos para ver focas en Islandia junto a Vatnsnes y Jökullsárlón.

En Ytri Tunga hay un cartelito explicativo de las especies de focas que se pueden avistar. Vemos algunas de lejos pero guardamos mejor recuerdo de Vatnsnes porque en Ytri Tunga hay mucha niebla y un autobús lleno de turistas. Aunque intentamos alejarnos de la multitud, las rocas con musgo están resbaladizas así que no nos vamos muy lejos. La lluvia sigue siendo constante pero más fina y permite estar a la intemperie. Pasamos un rato agradable explorando las rocas de la playa, buscando caracolas y calmándonos con el rítmico sonido de las olas.

Ytri Tunga. Focas a lo lejos, ocultas entre la niebla.

Partimos de Ytri Tunga y abandonamos la península de Snæfellsnes. Nos ha gustado pero no nos ha parecido tan maravillosa como la pintaban, seguramente por el clima tempestivo que nos ha acompañado durante toda la jornada y que nos ha calado hasta los huesos. Ver esos paisajes con todas sus tonalidades verdes en un día soleado tiene que ser una pasada, pero bueno, que a Islandia hay que quererla por lo que es y nosotros estamos encantados.

Continuamos nuestra ruta hacia Borgarnes, donde haremos noche. Por el camino se puede parar en Landbrotalaug (otra piscina termal natural, como Guðrúnarlaug la de nuestra anterior entrada) y en Gerðuberg, unas columnas basálticas curiosas que se ven desde la carretera y donde no paramos porque nuestro GPS nos la juega de nuevo.

Sobre las 8 de la tarde llegamos a Borgarnes, una ciudad de 2.000 habitantes donde hay gasolinera, supermercados y cualquier cosa que puedas buscar como mochiler@ en Islandia. Lo primero que hacemos es ser fieles a nuestra rutina diaria por el norte del país: nos dirigimos directos a su Sundlaug, que cuesta 920 ISK (6€/persona) e incluye piscinas entre 39 y 41ºC. De todas las cosas que echaremos de menos de Islandia las piscinas calentitas estarían en los primeros puestos, menudo gustazo acabar el día dejándonos hundir en las aguas humeantes…

Finalmente llegamos al camping de Borgarnes, donde hacemos noche. Al ser temporada baja se encuentra “cerrado” de forma que no hay baños, pero dejan el espacio abierto para dormir de forma gratuita. Entre varias cámpers y autocaravanas, es la noche que más acompañados estamos en varios días.

Dato curioso que recordaremos con humor: En este punto del viaje nos cercioramos de que pese a todo mi estudio intensivo durante meses de nuestro viaje a Islandia (leyendo y releyendo blogs, estudiando actividades, organizando los tramos de cada día, las paradas obligatorias y las prescindibles…) me hice un lío con la hora de nuestro vuelo (que salía el día 5 de Islandia y llegaba el día 6 a España) y ahora resulta que tenemos un día más de lo previsto.
¡Drama! ¡Todo mal! ¡Nos sobra un día! Pero, ¿ahora qué hacemos? ¡Si solo nos queda Reikiavik! ¿Otra noche más durmiendo en la cámper sin calefacción? Que no cunda el pánico… Un buen viajero debe saber hacer frente a las adversidades. En la próxima y última entrada hablamos de nuestro último día últimos dos días en Islandia.

***

>> Fin de los 2.747 kilómetros de ruta por Islandia: Regreso a REIKIAVIK.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s