Etapa 9. De LAVACOLLA a SANTIAGO DE COMPOSTELA. Botafumeiros, obradoiros y tiraboleiros. Fin del peregrinaje y llegada a la Catedral.

CAMINO DE SANTIAGO · Día 10 de 10
Etapa 9: De Lavacolla a Santiago de Compostela (10,5 km) 

[28 Noviembre 2021]

Suena el despertador y nos desperezamos con un sabor agridulce porque hoy es nuestro último día y nuestra última etapa.

Son las 6:30 de la mañana y queremos llegar temprano a la tumba del Apóstol. Primero, porque nos han dicho que los diez primeros peregrinos en llegar a la Plaza del Obradoiro tienen desayuno gratis. Segundo, porque queremos asistir a la Misa del Peregrino de la mañana y los huecos se gastan. Y tercero, aunque esto todavía no lo sabemos: disfrutar de la ansiada llegada sin la plaza atestada de gente no tiene precio.

Café mañanero en el Bar A Concha (el de anoche) y dejamos atrás Lavacolla, encaminándonos hacia los últimos kilómetros de nuestro peregrinaje. No tardamos en cruzar el discreto río Sionlla, donde ya dijimos que los peregrinos medievales se lavaban a conciencia para llegar limpios y dignos a la Catedral. Un suave manto de llovizna fina nos refresca las caras adormecidas; no nos podíamos despedir de otra forma de Galicia.

Ascendemos en pendiente suave por una carretera asfaltada rodeada de bosque mientras amanece entre los árboles con el telón de fondo de algún petirrojo (o «roubo») cantarín. Abandonamos los bosques para encontrarnos con el pueblo de Villamaior (Km 1’5), la sede de Televisión Española (Km 4) y finalmente la urbanización de San Marcos (km 5’2), donde se desvanecen nuestras esperanzas de comer algo antes de llegar a Santiago. ¡No pasa nada! Más a gusto desayunaremos al llegar.

Y así, sin darnos apenas cuenta, llegamos al MONTE DO GOZO (Km 5’6); una colina de 380 metros cuyo ascenso nos regala la primera panorámica (lejana) de Santiago de Compostela y su Catedral. Es inevitable no hinchar el pecho y sonreír con júbilo tras ver finalmente la meta que tantos días lleva en nuestras cabezas. Como si fuera una señal, para de llover.

En el Monte do Gozo encontramos también un monumento que representa a dos peregrinos (construido en 1993 en honor al Papa Juan Pablo II, que visitó la ciudad) y el albergue más grande de todo el Camino de Santiago, con capacidad para 300 personas un año normal y hasta 800 peregrinos durante un Año Xacobeo.

Descendemos el Monte do Gozo y retomamos el Caminho. En la Edad Media, muchos peregrinos realizaban los últimos kilómetros desde aquí hasta Santiago descalzos. Nosotros, peregrinos del siglo XXI, seguimos con nuestras botas del Decathlon. El asfalto nos conduce hasta un puente que pasa por encima de la autovía y finalmente, sin posibilidad de pérdida, hasta la capital de La Coruña: ¡Al fin nos encontramos, SANTIAGO DE COMPOSTELA!

Curiosamente, Santiago de Compostela es la quinta ciudad más grande de Galicia por detrás de Vigo, A Coruña, Ourense y Lugo. ¿Cómo puede ser la capital de Galicia entonces? Pues por la fama que le dio el Camino de Santiago.

Entramos por la larguísima Rúa de San Lázaro al barrio del mismo nombre, siguiendo las últimas flechas amarillas del Caminho que nos dirigen en línea recta entre museos, parques, el Palacio de Congresos, gasolineras, bares cerrados y albergues de peregrinos. Llevamos buen ritmo y no hay nadie por las calles; ya ni nos acordamos del desayuno.

Enlazamos en ascenso continuo («¿Otra vez subimos?») con la Rúa das Fontiñas, pues recordemos que nos estamos dirigiendo al centro histórico, que no puede estar sino en la parte más alta de la ciudad. Y después con la Rúa dos Concheiros, donde ya se ven multitud de tiendas.

¡Por ahí asoma la Catedral de Santiago!

Un tramo en obras nos desvía un poco pero llegamos igualmente a la Rúa das Casas Reais, ya en pleno casco histórico con su pavimento empedrado y las torres de la Catedral asomando entre los tejados. El corazón se nos acelera, el cansancio acumulado desaparece y a mí me cuesta no pararme a hacer fotos en cada rincón medieval de esta ciudad milenaria.

La Rúa da Acibechería nos lleva hasta la Praza da Inmaculada, donde se levanta el imponente MONASTERIO DE SAN MARTÍN PINARIO, de la orden benedictina y fundado en el siglo X con sus elementos barrocos y renacentistas. Es el segundo monasterio más grande de España por detrás de «El Escorial». En la actualidad alberga la Facultad de Teología y Trabajo Social, un museo y un hostal para peregrinos que en el pasado fue una residencia universitaria.

Monasterio de San Martín Pinario.

Por cierto, en su parte superior se puede observar una escultura de Santiago en su caballo para representar que milagrosamente se apareció en la Batalla del Clavijo contra los musulmanes. No hay evidencia de que esta batalla existiera, pero no pasa nada. Y sí, el caballo es el mismo de la típica adivinanza de «¿De qué color es el caballo blanco de Santiago?».

Dejando a la derecha el monasterio, accedemos a un pasadizo conocido como el Arco del Palacio, en cuyas sombras se reúnen para animar el ambiente músicos callejeros. Cruzamos el Arco con cierto nerviosismo y al otro lado, se despliega ante nosotros la ansiada PRAZA DO OBRADOIRO.

Y allí, tras los 215 kilómetros recorridos desde Ponferrada; tras las largas jornadas de lluvia, nieve y granizo; con las rodillas doloridas pero íntegras; con los mochilones a la espalda que ya forman parte de nosotros…

Fachada del Obradoiro de la Catedral de Santiago.

Allí se alza la majestuosa, hermosa y espectacular CATEDRAL DE SANTIAGO DE COMPOSTELA, donde supuestamente yace en paz el cuerpo del bueno de Santiago. Totalmente peregrinable, porque cuando llegas saboreas cada paso dado en el Caminho; es difícil no emocionarse al llegar. Y más todavía en nuestro caso, que está prácticamente vacía a las 9 de la mañana con apenas una docena de peregrinos (suficientes para no desayunar gratis, jeje). Obligatorio madrugar y llegar pronto, merece la pena.

Aunque bueno, antes de poder disfrutarla nos adelanta nada menos que el marsellés, a quien saludamos como si fuéramos amigos de toda la vida en un «chapurriau» de francés (en Aragón decimos «chapurrear» cuando nos expresamos en otro idioma a medias y de forma regular). Él monta una fiesta cuando se reencuentra con otras peregrinas que conoce en la plaza y se despide de nosotros por última vez. ¡Cuídate, señor marsellés!

Vamos hasta el fondo de la plaza, dejamos las mochilas en el suelo y absorbemos en silencio cada milímetro de la Fachada del Obradoiro. Nosotros habíamos estado tres años atrás, pero cuando llegas como peregrino te embriaga un cúmulo de sensaciones que se mueven desde la tristeza a la euforia; es una experiencia totalmente diferente.

Celíaco Resignado en Santiago.

El refranero del peregrino ya dice que «Europa se hizo peregrinando a Compostela», pues el Camino de Santiago comunicó la Península Ibérica con el resto de Europa en la Edad Media. Y es que es el tercer centro de peregrinación más visitado del mundo tras Jerusalén y Roma. Pasan los minutos y la Plaza del Obradoiro comienza a llenarse de peregrinos, turistas y guías de free-tours. No me quiero imaginar cómo estará en verano.

Celíaco Resignado e Influencer a la Fuga.

Recuerdo que todo empezó cuando el ermitaño Pelayo encontró el cuerpo del Apóstol Santiago allá por el año 829, guiado por unas estrellas; y que por eso se bautizó el lugar como «campo de estrellas» (Campus Stellae, que derivaría en Compostela). La espectacular construcción que vemos hoy en día es el resultado de múltiples reformas para adaptarse a la llegada creciente de peregrinos, datando la Fachada del Obradoiro actual del año 1738.

Influencer a la Fuga.

Es interesante plantearse también lo que significaba para los cristianos medievales llegar al lugar santo tras haberse enfrentado al frío, las hambrunas, la peste y otras epidemias, los atracos de contrabandistas y los ataques de los musulmanes. Se calcula que sobrevivían únicamente un 10%; y encima luego tenían que volver, así que algunos se quedaban a vivir en Santiago.

Rúa Costa do Cristo.

Muy a nuestro pesar, abandonamos la Praza do Obradoiro y tomamos la Rúa Costa do Cristo, a la derecha del Ayuntamiento. Giramos la primera a la derecha, por Rúa das Carretas, y llegamos a la Oficina de Acogida al Peregrino. Allí se pide la Compostela y un certificado de distancia, además de un tícket para la Misa del peregrino (opcional). Bueno, pues estos peregrinos no son católicos, pero dicen que sí a todo.

  • OFICINA DE ATENCIÓN AL PEREGRINO
  • Precios: La Compostela cuesta 3€ (y 2€ si quieres tubo para guardarla, nosotros pasamos). El certificado de desplazamiento y el tícket para la Misa del Peregrino son gratis.
  • En 2021, debido al COVID, se rellena un código QR desde el móvil para poder entrar. Importantísimo decir que habéis hecho el Camino por cuestiones religiosas si queréis la Compostela.
La Compostela y certificado de desplazamiento.

Más contentos que unas castañuelas, con nuestro certificado que dictamina que hemos recorrido 215 kilómetros por devoción pura y dura, nos enfocamos en una de nuestras actividades favoritas del día: el desayuno. Aunque primero pasamos a dejar las cosas en el Albergue-Pensión Blanco, porque estos caminantes ya no necesitan mochila ni bastón.

  • Albergue-Pensión Blanco (Santiago de Compotela): 15€/persona. Se encuentra a tan solo 10 minutos de la Praza do Obradoiro. Las habitaciones consisten en decenas de literas metálicas gigantes, de las que da miedo caerse. Hay taquillas bastante grandes y pocos baños compartidos entre mucha gente.

Nos han dado tícket para la misa de las 11:30 horas, así que tenemos tiempo para disfrutar un desayuno digno del mismísimo Santiago, porque nos lo merecemos. Encontramos el Café La Morena: apto para celíacos, aunque algo carete. Estamos tan hambrientos que ni foto le hago al bocadillo de bacon y queso sin gluten.

Café La Morena (Santiago): No hay bollería sin gluten pero adaptan los bocadillos y tostadas para celíacos. Bastante rico, aunque no es especialmente económico para la cantidad que ponen.

Corriendo a la Misa del Peregrino.

Son casi las 11:30 horas, ¡la Misa del Peregrino! Vamos corriendo y preguntamos a varias personas cuál es la zona designada para los peregrinos, pero cada uno nos dice una cosa y no nos aclaramos. Al final la encontramos, pero con las prisas ni siquiera hemos entrado por la Puerta del Perdón, que era lo que tocaba. Un señor nos pide los tíckets; se nos hace raro asistir a una misa como si fuera el cine. Hay gente que hasta se intenta colar.

Muchísima gente acude a la misa, que transcurre con normalidad pero con continuas referencias al Camino de Santiago; está claro que el peregrinaje forma parte de la idiosincrasia de la ciudad. Por otra parte hay un monaguillo en una torreta que canta como los ángeles y no entendemos cómo no es famoso. El interior de la Catedral también es impresionante.

Botafumeiro en acción y los tiraboleiros.

Una de las razones por las que hay tanta gente es porque 2021 es Año Xacobeo, ya que el 25 de julio (Festividad de Santiago) cae en domingo. Esto implica que se puede ver el famoso botafumeiro en acción todos los domingos, y no solo en fechas señaladas. Botafumeiro significa «echador de humo» y consiste en un incensiario de 62 kilógramos que se balancea sobre nuestras cabezas gracias a la coordinación de ocho tiraboleiros, que tiran con fuerza de la soga que sujeta el botafumeiro.

La verdad es que es bastante curioso y cuando el botafumeiro se balancea sobre nuestras cabezas todos ahogamos un «ayayay» por si se cae y nos parte la crisma; pero hay que confiar en los tiraboleiros. En serio, me apasionan estas palabras. La gente saca móviles y cámaras y la Catedral se llena de flashes como si fuera una alfombra roja; un poco raro todo. Nosotros hemos tenido suerte, pues no lo habíamos planeado.

Tabla de quesos en María Castaña.

Y, finalizada la Misa del Peregrino… ¡Hora de comer! Pongo a continuación todos los sitios que visitamos de tapeo.

Restaurante María Castaña (Santiago): Cerveza sin gluten y bien informados. Pedimos una tabla de quesos que recordábamos con cariño de 2018, y nos traen unas tapas de cocido gallego con garbanzos (sin gluten).

Bar La Cueva del Tigre Rabioso (Santiago): También tienen cerveza para celíacos. El «tigre rabioso» es una tapa gallega consistente en mejillones picantes, que no probamos porque somos unos cobardes.

Restaurante Orella (Santiago): Tienen cerveza sin gluten y carta de alérgenos, muy bien informados. No es la típica taberna de tapeo, es un «sitio bien». Pedimos tortilla de patata, ensaladilla rusa y gambas al ajillo.

Después de comer nos separamos. Laura y Marcos se van de gintonics y nosotros, como buenos viajeros, nos vamos a hacer un free-tour con la empresa «Galicia Experience» que empieza a las 17:30 horas en, como no podía ser de otra manera, la Praza do Obradoiro.

Allí nos recibe Laura, una chica muy maja que, bajo la lluvia gallega, nos cuenta curiosidades de la ciudad, la Catedral y los edificios que la rodean (y de la historia del Camino, que resumimos aquí). Por cierto, nos confirma que los diez primeros peregrinos en llegar cada día tienen desayuno gratis en el Hostal Parador, ubicado en la misma plaza a la izquierda de la Catedral. Desconozco si hay opciones sin gluten.

Laura nos habla también de la vieira, símbolo del Camino de Santiago, que representa el renacer y la purificación de los peregrinos que llegan para empezar una vida nueva (como en los bautismos, donde se usan vieiras para verter el agua bendita).

Fachada de la Azabachería.

Nos desplazamos a la Praza da Inmaculada, también llamada PRAZA DA AZABACHERÍA porque en ella se desplegaba el gremio de artesanos que esculpían el azabache para usos en joyería y artesanía. El azabache es una piedra que proviene de árboles quemados en la época de los dinosaurios (hace unos 65 millones de años), y este material se consideraba un amuleto protector durante el Camino de Santiago.

Desde esta plaza observamos la Fachada de la Azabachería (fachada norte de la Catedral), la primera que vemos todos los peregrinos que llegamos a Santiago. En la Edad Media aquí estaba la entrada principal para los peregrinos («Puerta del Paraíso») y había también una fuente («Fons Mirabilis») donde se aseaban antes de su entrada al templo.

Santiago y sus dos discípulos sobre la Puerta Santa, Fachada de la Quintana.

Continuamos rodeando la Catedral para admirar la Fachada de la Quintana, de estilo barroco, desde la plaza del mismo nombre. Posee tres puertas, siendo la del medio la más espectacular porque es la «Puerta Santa» o «Puerta del Perdón», por la que deberíamos haber entrado hoy a la Misa del Peregrino. Está salvaguardada por Santiago y sus discípulos Teodoro y Atanasio, y únicamente se abre en Años Santos Jacobeos, como el actual. El Año Xacobeo sigue un patrón de cada 6-5-6-11 años.

Torre del Reloj, Fachada de la Quintana.

La PRAZA DE LA QUINTANA se divide en dos niveles separados por una escalinata: la superior se llama «Quintana de los vivos» y la inferior «Quintana de los muertos», pues ahí se ubicaba el cementerio.

Casa del Cabildo, Praza das Platerías.

Finalizamos el rodeo en PRAZA DAS PLATERÍAS, llamada así porque era el lugar donde los orfebres trabajaban la plata. Desde aquí se observa la fachada sur de la Catedral: es la más original, pues mantiene su estilo románico del siglo XI sin haber sido reformada a barroco. Sus frisos contienen múltiples esculturas representando a los apóstoles, escenas bíblicas, símbolos religiosos, etc.

Bajo la escalinata se encuentra la Fuente de los Caballos (siglo XIX). Esta consiste en cuatro caballos que sostienen un sarcófago sobre el cual hay una figura femenina alzando la Estrella de Santiago que supuestamente condujo a Pelayo hasta el cuerpo del Apóstol. Hay quien dice que lo encontró justo aquí.

En la plaza se encuentran también la Casa del Cabildo (siglo XVIII), claro ejemplo de la arquitectura barroca que se construyó con el único propósito de cerrar la Plaza de Platerías; y el Museo de las Peregrinaciones.

Rúa do Vilar.

Continuamos paseando por la Rúa do Franco o «Calle de los Franceses», donde muchos franceses se quedaban a vivir para no tener que volver a recorrer el Caminho con todos los peligros que implicaba. Tanto esta como su paralela, Rúa do Vilar, están repletas de tiendas y bares de tapas. En esta última se encuentra la Oficina de Turismo.

Salimos del casco histórico hacia el bonito Parque de la Alameda, que se encuentra fuera de la antigua muralla, como exclama un altavoz ubicado en un semáforo: «Porta faxeira, pode pasar». No nos adentramos mucho pero merece la pena; cuando fuimos en 2018 nos encantó. Aparte del placer que concede perderse por este jardín botánico, hay cosas que ver en el Parque de la Alameda:

  • Escultura de Valle Inclán. Sí, el famoso escritor del siglo XX que todos estudiamos en Selectividad con su obra esperpéntica «Luces de Bohemia». Está en un banco y te puedes sentar con él.
  • Mirador espectacular de la Catedral y la ciudad.
  • Las dos Marías. Esta escultura representa a las hermanas Maruxa y Coralia del siglo XIX, que a sus 60 años vestían de forma extravagante y flirteaban con los jóvenes universitarios. Estas dos mujeres de izquierdas se convirtieron en todo un icono durante la época franquista, y tanto es así que las manifestaciones actuales suelen quedar aquí como punto de inicio. Por cierto, cada vez que vengas a Santiago las verás con atuendos diferentes.

Finalizamos el tour viendo la Universidad y el Mercado, que si lo pillas abierto puedes comprar pescado fresco para que te lo hagan allí mismo. Damos las gracias a Laura, que se ha marcado una visita guiada de 10. Antes de despedirnos, nos da un consejo compostelano repleto de sabiduría: «El turismo sin gastronomía es un paseo apresurado».

Nos reunimos con Marcos y Laura en el Bar Momo, donde nos tomamos algo acompañado de unos frutos secos (ponen temazos, por si alguien quiere salir de fiesta) y acabamos cenando en el Bar Milongas, con opciones muy interesantes para celíacos. Yo me pido unos huevos rotos.

Bar Milongas (Santiago): Muchísimas opciones y pan sin gluten. Muy recomendable.

Regresamos cabizbajos y apagados al albergue, pues es nuestra última noche y no queremos volver al mundo real. Nosotros nos levantaremos a las 5 de la mañana para tomar el avión que nos conducirá a Madrid, donde nos espera nuestro coche. El trayecto en taxi desde Santiago al Aeropuerto son 21€. A mí me cuesta dormir porque las camas superiores de la litera están a una altura considerable y muy desprotegidas; alguna vez me he caído de la cama y si me pasa aquí me abro la cabeza.

Recordaremos con cariño a nuestros compañer@s del peregrinaje, los mágicos bosques de castañeiros y las corredoiras, las aldeas milenarias medievales, los humeantes caldos de berzas después de una jornada de caminar, y la gratitud de acabar cada etapa disfrutando de cada recodo del Camino.

Pero no hay que ponerse triste ni olvidar lo que nos dijo Justine el hongkonés: «Llegar a Santiago de Compostela no es el final del Caminho, sino el principio».

¡Hasta lueguinho, Santiago! Volveremos a probar las mieles del Camino.

Diario de un peregrino.

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