En plena Cordillera Cantábrica: PICOS DE EUROPA y POTES.

CANTABRIA · Día 4 de 6
PICOS DE EUROPA, POTES Y MIRADOR SANTA CATALINA

[26 Agosto 2020]

Pipipipi, pipipipi“. A las 5 de la mañana el despertador nos da un tortazo psicológico.

Pues sí, despertarnos de madrugada era la única manera posible de asegurarnos una entrada para el teleférico de Fuente Dé en pleno agosto. La habíamos comprado con antelación para el fin de semana, pero el parte meteorológico anunciaba tormentas y no quisimos desaprovechar un buen día en el monte porque somos muy del Pirineo.

Así que medio adormilados conducimos en medio de la negrura cántabra hacia los Picos de Europa, espabilándonos poco a poco con unos cafés para llevar comprados el día anterior y los sobaos pasiegos sin gluten que nos agenciamos en Santillana.

Unas dos horas de coche desde Soto de la Marina hasta Fuente Dé en una carretera muy tranquila (íbamos por delante del amanecer) pero con mil millones de curvas sinuosas en todo el tramo que bordea el desfiladero de la Hermida. Pasamos por Potes pero lo dejamos para la vuelta.

Somos de los primeros en llegar a Fuente Dé, aunque ya hay decenas de personas haciendo cola para pillar entradas. A las 8 de la mañana abren taquilla y media hora después estamos subiendo en el famoso teleférico que cubre 750 metros de desnivel en 4 minutos y nos deja en la estación-cafetería “El Cable” a 1.823 metros de altitud.

  • TELEFÉRICO FUENTE DÉ
  • Precio: 18€/persona (ida y vuelta). Se puede coger solo ida (11€) y descender pateando, pero nosotros elegimos hacer otra ruta.
  • En temporada alta obligatorio reservar con antelación o plantarse allí a las 8 de la mañana. Conforme avanza el día las colas duran horas.
  • Si se va a hacer ruta, recomendable todo el equipo de montaña (buen calzado, agua, gorra, crema de sol, etc). Hay gente que solo sube al mirador.

Durante la subida no vemos nada porque está todo absolutamente cubierto por nubes. Empezamos a temer que no vamos a ver nada, y de repente…

Encima de las nubes.

Los madrugadores de los primeros viajes del teleférico nos embelesamos con las espectaculares vistas que nos concede el estar por encima de las nubes.

Disfrutamos un rato de esta increíble panorámica mañanera y comenzamos nuestra ruta: hacia el Collado de los Horcados Rojos.

Hacia el collado.

La ruta no es difícil y está muy bien señalizada. Empieza con una senda plana y sigue con unos 500 metros de desnivel progresivo por caminos de piedra y grava cuya pendiente se agudiza un poco al final. Es un trekking muy pedregoso (estamos acostumbrados a los intensos verdes de nuestro Pirineo), pero tiene panorámicas muy chulas.

Bifurcación.

En determinado punto se llega a una bifurcación: hacia la izquierda está el Refugio Cabaña Verónica, un mirador que no requiere mucho desvío, y hacia la derecha continúa nuestra ruta. En media hora más de ruta con alguna trepada sencilla llegamos a nuestro destino.

Collado Horcados Rojos. A la derecha el famoso Naranjo de Bulnes (Pico Urriellu).

El Collado de Horcados Rojos se sitúa a 2.343 metros de altura y ofrece unas imponentes vistas del Macizo Central de los los Picos de Europa, justo en la frontera con Asturias. A la derecha en la foto se alza el Pico Urriellu (2.519 m) o Naranjo de Bulnes, probablemente el pico más emblemático de la zona. Almorzamos unos plátanos y frutos secos inmersos en la panorámica.

Desde el collado se puede subir a la Torre de los Horcados Rojos (2.506 m), que deben ser unos 45 minutos con algún paso expuesto. Nosotros decidimos no tentar a la suerte porque como dejamos este viaje a la improvisación, me olvidé las botas de montaña en Zaragoza y tuve que rutear con unas zapatillas con suela de goma. Delito grave para alguien que se declara asiduo del Pirineo aragonés.

Retomamos la misma ruta para regresar a El Cable. Calculo que serían unas 4 horas de ruta en total: ida, vuelta y descansos incluidos. La densa columna de nubes que nos acompañaban al comienzo del día poco a poco se van dispersando.

Sarrio (o rebeco).

Durante la bajada vemos a lo lejos un sarrio brincando entre las piedras; y al llegar a la estación El Cable un montón de chovas piquigualdas, una especie de cuervos negros sin mucho miedo a acercarse a la gente para pillar restos de comida.

Chovas piquigualdas.

Estas aves son monógamas de por vida y están adaptadas a climas montañosos: para combatir la baja concentración de oxígeno típica de las grandes alturas, su hemoglobina tiene una afinidad por este muy superior a la normal (en otras palabras, que su sangre es experta en captar oxígeno en ambientes donde su disponibilidad es reducida).

Vistas desde El Cable.

Reponemos energía con nuestros bocatas de atún y olivas mientras las nubes se van dispersando. En la cafetería ofrecen bocadillos y platos combinados pero creo recordar que no hay plancha aparte así que celíacos mejor llevárnoslo de casa.

No nos quedamos mucho rato porque la zona está evidentemente mucho más abarrotada que por la mañana. En unos 15 minutos llega el teleférico y nos devuelve a Fuente Dé. Esta vez disfrutamos del trayecto en todo su esplendor, hemos tenido mucha suerte con el clima. Unos chavales comentan que han pernoctado y subido varios picos, así que una opción para montañeros podría ser ir un día en teleférico, pernoctar y bajar al siguiente.

Salimos de Fuente Dé, deshacemos recorrido y paramos en Potes, un bonito pueblo enmarcado a los pies de los Picos de Europa.

Potes.

Su edificio más característico (en el centro de la foto) es la Torre del Infantado, un torreón medieval del siglo XIV que perteneció primero a nobles castellanos (Tello, hijo de Alfonso XI) y luego a marqueses de Santillana. Actualmente es el Ayuntamiento y alberga exposiciones.

El nombre de Potes viene del romano “pontes y por ello es también conocido como “la villa de los puentes“. Es un sitio turístico y por ello sus terrazas, restaurantes y parkings céntricos están repletos, pero sin duda merece la pena perderse por sus bonitas callejuelas.

En 1937 gran parte de Potes fue incendiada en la retirada de los republicanos ante la llegada de las tropas franquistas. El casco histórico fue destruido y por eso el que hoy observamos es una reconstrucción.

Callejeando por Potes.

Salimos de Potes y seguimos deshaciendo kilómetros por el Desfiladero de La Hermida, ese trayecto de mil curvas que en la ida habíamos atravesado a oscuras. Nos desviamos para ir ascendiendo a lo largo de cientos de curvas y caminos estrechos hasta llegar al Mirador Santa Catalina, con una buena panorámica del desfiladero.

Mirador Santa Catalina con vistas al Desfiladero de La Hermida.

Las vistas son muy bonitas pero a nosotros no nos rentó el desvío, quizás porque ya habíamos hecho demasiado kilometraje y curvas ese día.

Terneretes.

Como esa noche habíamos quedado a cenar con una amiga veterinaria que vive en Suances, acabamos el día en la pequeña Playa de Santa Justa, en Ubiarco.

Playa de Santa Justa.

Se puede hacer un pequeño paseo hasta la Ermita de Santa Justa, en lo alto de una colina, desde donde se tienen vistas de esa misma playa y de la Playa de los Locos en Suances. Esta última debe su nombre (según se dice) a que antiguamente allí había un manicomio que dejaba pasear a los pacientes en la playa, sabiendo que no se podrían escapar por los escarpados acantilados que la rodean.

Atardecer desde la Ermita de Santa Justa.

Acabamos el día en compañía de nuestros amigos suancinos con unas buenas cervezas y cena gluten-free, antes de regresar a Soto de la Marina y caer como troncos en la cama.

***

>> No es un zoológico: Parque de la Naturaleza de CABÁRCENO.

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