Fin de los 2.747 kilómetros de ruta por Islandia: Regreso a REIKIAVIK.

ISLANDIA · Días 10-11 de 11 · REIKIAVIK
De Borgarnes a Reikiavik (240 km)

[4 Octubre 2019]

Despertamos en Borgarnes más tarde que de costumbre; ya casi no quedan cámpers en el camping. No pasa nada porque nos merecíamos un buen descanso y gracias a mis cálculos erróneos, de repente tenemos un día más en Islandia. Os invito a imaginar mi cara cuando mi compañera de viaje me pregunta ojeando mis mapas: “¿Te has saltado el sábado por alguna razón?Moraleja: cuantas más vueltas le des a un plan más probabilidades hay de que pierdas la perspectiva.

¿Y qué hacemos ahora? Podríamos haber alargado la ruta fácilmente cualquier día de los anteriores, pero ahora que estamos a dos pasos de Reikiavik y no hay mucho que hacer. Pues nada, a rellenar como se pueda. Después de desayunar por última penúltima vez decidimos añadir una parada cultureta: el Settlement Center, un museo de Borgarnes dedicado a las sagas islandesas, a las que me he referido en varias entradas.

Fuente: sitio web del Settlement Center (http://www.landnam.is/eng/)

Las sagas islandesas son los textos más antiguos de Islandia (siglos XIII y XIV), y narran las historias de los primeros colonos islandeses, haciendo especial referencia a sus complicadas genealogías y relaciones familiares. Tienen un gran valor sociocultural para el país ya que recogen muchísima información de los primeros habitantes islandeses y de la historia del país, como la cristianización de la isla.

La entrada al museo cuesta 2500 ISK/persona, con audioguía (imprescindible si quieres enterarte de algo). Nuestra visita incluye dos exposiciones de 30 minutos: una de los primeros asentamientos vikingos y otra de la saga de Egil Skallagrímson. Muy interesante para los amantes de la cultura vikinga y para gente con curiosidad por la historia en general. Las sagas islandesas incluyen muchas guerras, sangre, traiciones, venganza y criaturas mitológicas creepys que te esperan por los pasillos a oscuras, así que quizás no es el museo más recomendable para llevar a los peques.

Fuente: sitio web del Settlement Center (http://www.landnam.is/eng/)

De los primeros asentamientos vikingos hablamos brevemente en la primera entrada de Islandia. No deja de impresionar su naturaleza conquistadora, pues llegaban a cualquier parte con sus “sencillos” barcos de vela y sus remos. La visita incluye varios mapas en los que explica cómo se expandieron los vikingos por todo el continente, siguiendo los cauces de los ríos.

Respecto a la saga de Egil, narra la historia de un vikingo poeta y guerrero que existió en el siglo X. El protagonista se caracteriza como antihéroe, ya que su currículum incluye:

  • Compuso su primer poema con 3 años.
  • Con 7 años mató a su amigo de un hachazo en la cabeza porque le ganó a un juego.
  • Se peleó a muerte con su padre (Skalla-Grímr) y al final la que murió fue la mujer que lo había criado, de una pedrada en la cabeza.
  • Adquirió una gran reputación como guerrero y luchó en la conquista vikinga de Inglaterra junto a su hermano (Thórólf), pero este murió. Egil se casó con su viuda.
  • Estuvo durante toda su vida peleando a muerte con los monarcas de Noruega, llegando a matar al hijo de estos.
  • Su hijo murió ahogado en el mar.
  • Enterró su tesoro antes de morir y mató al siervo que ayudó a esconderlo para que nadie supiera dónde estaba.

Bastante inquietante, como toda saga islandesa que se precie. Por cierto, la tienda del museo tiene las cosas más chulas que vimos para regalar en Islandia.

Hraunfossar

Abandonamos Borgarnes y nos dirigimos hacia Hraunfossar, una cascada cuyas aguas no nacen de un río sino del agua atrapada entre las rocas de lava. Muy cerca hay unos rápidos llamados Barnafoss, que significa “cascada de los niños” porque según la mitología islandesa —atención que sigue la línea habitual—, dos niños cayeron al río y murieron ahogados mientras sus padres estaban en misa.

Influencer a la fuga reflexionando sobre el gusto de los islandeses por las historias macabras.

Como aparentemente nos sobra el tiempo, debatimos durante largo rato si alejarnos un poco de la RingRoad para llegar a Surtshellir, una cueva de lava. Nuestra duda viene porque se accede a través de una carretera F (de “Fjalla” que significa montaña). Las carreteras F suelen estar cerradas en los meses fríos y se requiere mucha experiencia y un 4×4 porque hay que vadear ríos y suelen ser bastante accidentadas. Sin embargo leemos que el trayecto hasta Surtshellir es sencillito y la carretera está abierta, así que allá vamos.

Surtshellir.

La carretera es de grava y está en buen estado; además vemos otros turismos. Aún así vamos un poco preocupados porque no estamos seguros de si estamos cometiendo alguna ilegalidad. En unos 20 minutos de traqueteo llegamos a la cueva. La zona incluye carteles explicativos. Exploramos un poco pero nos alejamos pronto por si acaso; el tamaño de la cueva es imponente y en cuanto te adentras un poco la oscuridad absoluta se come la luz de nuestras linternas baratas.

¿Es la Luna?

El paisaje de fuera de las cuevas parece de otro planeta. Esto es lo más cerca que vamos a estar de las Tierras Altas del Interior de Islandia. Nos lamentamos un poco de no haber podido visitar Landmannalaugar, pero no se puede tener todo. Era eso o prescindir de las auroras.

Nuestra próxima parada es Deildartunguhver, un manantial de aguas termales que brotan a 100ºC de la Tierra. Se encuentra entre Hraunfossar y Borgarnes, así que cuidado porque Google Maps nos marcaba otro Deildartunguhver más al noreste de Hraunfossar. En cualquier caso lo consideramos prescindible, pues estas aguas termales valladas no tienen nada que hacer frente a las impresionantes solfataras volcánicas de Mývatn.

Deildartunguhver

Finalizamos el penúltimo día llegando a Akranes. Primero conducimos por su laberíntico puerto para llegar al faro, donde pretendíamos disfrutar de un bonito atardecer. Sin embargo se levanta un viento tempestivo que nos hace cambiar de idea. ¿A dónde nos dirigimos? ¡A su sundlaug, por supuesto!

La piscina de Akranes es gratis y tiene unas increíbles vistas al mar. Aunque es pequeña nos la encontramos casi vacía, con la única compañía de un señor islandés y sus dos revoltosos hijos. Hay vestuarios para cambiarse y un chico en una oficina que se ofrece a guardarnos nuestras mochilas. No sé quién ni cómo subvenciona esta sundlaug, pero es un regalo maravilloso.

Sundlaug de Akranes.

Los niños islandeses no le tienen miedo a nada y hacen el clásico de salir del agua calentita para zambullirse en el agua congelada del mar. Me reto a hacer lo mismo y no me quedo atrás, pero me vuelvo bastante más rápido que ellos a las aguas termales (menudo aguante tienen los niños islandeses). Después de una hora disfrutando de un atardecer playero desde las alturas y en caliente llega el momento más duro del baño: salir del agua para cambiarse.

Volvemos a la camper, satisfechos con la sundlaug de despedida, improvisada por las circunstancias. Aunque todavía nos queda despensa de productos españoles, decidimos cenar calentito en el restaurante Gamla Kaupfélagið. Pedimos unas hamburguesas por 40€, aunque no tan ricas como las de Höfn. Están bien informados en tema de alergias, y como siempre en Islandia parece que se sorprenden cuando pido agua para beber.

¡Hora de dormir! Hoy pasamos de buscar sitios por libre y nos dirigimos directos al Camping de Akranes, que cuesta 1500 ISK/persona. El camping está bien montado y tiene vistas al mar pero solo tiene dos duchas en las que se amontonan unas cuantas personas haciendo cola frente al frío islandés. Decidimos ducharnos al día siguiente, sin saber que la espera sería todavía más larga.

Ahora sí que sí, ¡última noche en Islandia! Ya nos hemos acostumbrado a dormir sin calefacción, pero acordamos llegar con tiempo a la compañía de alquiler para poder quejarnos a gusto. ¡Nos ignoran por email y por teléfono, pero no nos ignorarán en persona! (eso pensaba yo… pobre ingenuo). Góða nótt!

***

[5 Octubre 2019]

Amanecemos en Akranes, donde desayunamos y hacemos limpieza general de la camper. Después nos dirigimos a las dos duchas del camping, las cuales catamos después de media hora haciendo cola. Mi única pega en este camping es la falta de duchas en relación a la gran cantidad de plazas. Y finalmente, ¡rumbo a Reikiavik!

Jaleo en Reikiavik.

Llegar a Reikiavik es volver a la Europa que conocemos: aglomeraciones de tráfico, conductores malhumorados y claxons, gente con prisas… Qué fácilmente se olvidan estas cosas cuando te pierdes por un lugar tan tranquilo como Islandia.

Aparcamos al lado de Harpa, un emblemático edificio dedicado a conciertos y conferencias. Las zonas de aparcamiento en Reikiavik pueden ser de P1 a P4, siendo los primeros más caros y cercanos al centro. Nosotros aparcamos en un P3 (zona verde), por 5€ dejamos la camper todo el día y nos encontramos a unos 15 minutos del centro caminando (ni tan mal).

Como viene siendo tradición, hemos reservado un Free Tour para conocer de primera mano la capital; así que nos dirigimos hacia la Plaza del Parlamento, el punto de quedada. Aprovecho para recordar que es el Parlamento más antiguo de Europa y uno de los más antiguos del mundo.

Bajo la llovizna nos agrupamos unos 20 chubasqueros de las más variopintas nacionalidades. A lo largo de unas 2 horas, una simpática reikiavikiense llamada Nanna nos lleva por los puntos más emblemáticos de la capital y nos resume la historia y cultura del país, que podéis leer en nuestra primera entrada de Islandia.

El ataque de los patos. Lago Tjörnin.

Algunas cosas llamativas:

  • Los islandeses están entre los países con más alta calidad de vida.
  • Es el único país que posee un banco de información genética, para evitar la endogamia entre parientes. Al fin y al cabo es mucho aislamiento…
  • La gran mayoría de hogares tienen calefacción gratuita gracias a la electricidad obtenida mediante la energía geotérmica.
  • Según Nanna, un gran porcentaje de la población islandesa no descarta la existencia de elfos y otras criaturas mitológicas.
  • Los hombres se apellidan en función del apellido de su padre con un “-son” al final (hijo de) y las mujeres lo mismo pero acabado en “-dóttir” (hija de). Nuestros nombres islandeses serían Adrián MiguelAngelsson y Rosa Antoniodóttir.
Restaurante Seabaron.

Al finalizar el tour comemos en el Restaurante Seabaron, cerca del puerto, especializado en sopas y pinchos de pescado fresco islandés, carne de ballena… El sitio es curioso: muy pequeño, con bancos de madera en los que cuesta encontrar un hueco porque suele estar lleno. Los pescados y carnes están crudos en un expositor, los eliges, los pagas y te los cocinan. Nosotros elegimos unos pinchos de salmón, verdura, patata y “tusk” (pez brosmio) que están bastante ricos.

Lago Tjörnin.

El Lajo Tjörnin es uno de los puntos más entretenidos de Reikiavik, donde cientos de patos, ocas y cisnes se reúnen con avidez para ver si algún turista les da algo de comer. Y si ven que llevas y que no les das, salen del agua y te persiguen. Se encuentra al lado del Ayuntamiento.

Gata alborotando el gallinero.

La llamada “Catedral de Reikiavik” o Hallgrímskirkja, es en realidad una Iglesia del año 1986. Se llama así porque está dedicada al poeta islandés Hallgrímur Pétursson. Se dice que su aspecto peculiar se debe que el arquitecto trató de emular las columnas basálticas que se pueden encontrar en múltiples áreas volcánicas en el país.

Hallgrímskirkja.

Reikiavik tiene iglesias de culto luterano (juzga a los hombres por su fe, no cree en el papado, el pastor puede contraer matrimonio, las ceremonias y los templos son austeros) y de culto católico (juzga a los hombres por su fe y también por sus buenas obras, reconoce la Autoridad del Papa, el cura no puede casarse, la ceremonia y los edificios son fastuosos).

Paraíso celíaco en Reikiavik.

Aprovechamos para enviar unas postales a nuestros amigos viajeros y después nos deleitamos con una merendola gluten-free en Joylato, un local muy arregladico con música chill out. Nos pedimos dos cafés, un crêpe de limón y otro de helado con caramelo. ¡Todo sin gluten! El crêpe más barato cuesta unos 7€ y hasta lo que quieras subir, pero después de tantos días comiendo pan con cosas decidimos darnos un regalo.

Viajero del Sol.

Con la tripa llena, abandonamos el centro de Reikiavik y volvemos hacia nuestra zona de aparcamiento. Aprovechamos para visitar el Viajero del Sol, una escultura de acero con forma de barco vikingo que representa la libertad, el progreso, los nuevos territorios por descubrir; en definitiva, una oda a la cultura vikinga.

Comienza a atardecer y decidimos ir hacia el aeropuerto. Por si alguien tiene más tiempo en los alrededores de Reikiavik otras opciones son la famosa Blue Lagoon (la desechamos por precio y afluencia turística), la cascada Glymur (trekking de 3-4 horas que debe ser súper bonito) o el faro de Gardur (para ver atardecer).

Regreso fugaz del Sol islandés.

Llegamos a la compañía de alquiler con tiempo de sobra para entregar nuestra cama-casa-coche-cocina y reclamar por la nevera y calefacción rotas desde el primer día y por la nula atención al cliente recibida. Sin embargo, los dos empleados nos dicen que no pueden hacer nada porque su jefe no está y ellos “no son nadie”. Como no queremos pagarlo con dos chavales que no saben de qué va el tema, nos resignamos a seguir intentándolo por email desde España.

Aeropuerto. Maletas. Tarjetas de embarque. Control de seguridad. Revivir el viaje con las fotos de la cámara. Cansancio. Ver Netflix en el móvil. Cenar pan con cosas por última vez. Subir al avión. Y sin darnos cuenta, estamos en España otra vez.

Actualizo 6 meses después: LavaCamper nos “compensó” con 100€ tras una larga cadena de emails y llamadas telefónicas, muchos de ellos ignorados, en los que insistimos por los servicios que no tuvimos y que estaban claramente incluidos en el coste del alquiler (1.128€). No consideramos que compensaran las noches de congelación, pero tampoco dejaremos que una mala praxis de la agencia enturbie nuestra imagen del impresionante viaje.

Recordamos con mucho cariño la Nissan NV200 que nos permitió recorrer 2.700 kilómetros de este magnífico país con sus cascadas, glaciares, volcanes, fiordos, montañas verdes, playas y su naturaleza salvaje que dominaba siempre por encima de las actividades humanas.

Parecía imposible, pero superaste las expectativas. Mil gracias, Islandia.

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