La cuna de Portugal y la aldea que le dio nombre: GUIMARAES y PORTO.

PORTUGAL · Día 5 de 6 · GUIMARAES Y OPORTO

[17 Julio 2019]

Comenzamos el día desayunando en Padeirinha Doce, un café-pastelería bastante conocido en Porto con repostería típica portuguesa muy rica y muy barata. No hay opciones dulces para celíacos; yo me conformé con unos ovos mexidos (huevos revueltos).

Padeirinha Doce (Oporto): Buen sitio para llevarse unos pasteles típicos del país, pero no hay opciones dulces para celíacos.

Después ponemos rumbo a Guimarães, a donde llegamos en 45 minutos hacia el norte. Nuestra primera parada es el Castillo de Guimarães, en cuyos alrededores se puede aparcar sin problema. Al lado está el Palacio dos Duques de Bragança (entrada conjunta 3€ con carnet joven) y desde allí se puede bajar paseando en cinco minutos al casco histórico de la pequeña ciudad.

  • CASTILLO DE GUIMARAES + PALACIO DUQUES DE BRAGANÇA
  • Precio: 3€/persona.
Castillo de Guimarães.

Alzándose en lo alto de una colina, el Castillo de Guimarães fue construido en el siglo X para proteger a sus habitantes de las invasiones normandas, que venían del norte (los normandos eran vikingos que habían jurado lealtad al Rey de Francia a cambio de tierras y estaban al mando de Rollo; para quien haya visto la serie “Vikings”) y de las musulmanas, que venían del sur.

Una de las curiosidades de este castillo es que se cree que allí nació el famoso Alfonso Henríquez, quien se convertiría en el primer Rey de Portugal y por lo cual Guimarães es considerada la cuna del país. En el castillo te ponen un vídeo muy majo donde explican su historia para dummies, y que trataré de resumir aquí.

Recordemos que en el siglo IX esta zona formaba parte del Reino de León. Pues bien, en el siglo XI Alfonso VI (Rey de León por aquel entonces) entregó este territorio a su hija Teresa de León y a su marido Enrique de Borgoña, quienes amplificaron y fortificaron el castillo, y engendraron a Alfonso henríquez. Este heredó el Condado con 3 años cuando murió su padre, y su madre tomó las riendas del gobierno hasta su mayoría de edad, cogiéndole gusto al poder.

Cuando Alfonso creció, adoptó una postura política opuesta a la de su madre, defendiendo la independencia de Portugal y rechazando su pertenencia al Reino de León. En 1127 el castillo fue sitiado por los castellanos y Alfonso se vio obligado a jurar lealtad a Castilla, pero su fama como símbolo de la independencia del país alcanzaría su punto álgido en dos momentos históricos:

  • El primero fue la Batalla de San Mamede (1128), cerca de Guimarães, donde Alfonso derrotó a las tropas de su madre y de un conde gallego que pretendían apoderarse del territorio.
  • El segundo fue la Batalla de Ourique (año 1139), donde derrotaron a los musulmanes que eran un ejército mucho mayor en número, lo cual desencadenó que el Condado se convirtiera en el Reino de Portugal y que Alfonso fuera aclamado como su Rey. En resumen, Alfonso Henríquez se convirtió en un icono de la independencia de Portugal y por ello sigue teniendo gran fama entre los portugueses, siendo conocido como “El Conquistador”.
Palacio dos Duques de Bragança.

Nuestra segunda parada es el Palacio dos Duques de Bragança, construido en el siglo XV por un duque llamado —cómo no— Alfonso. El complejo inicial se deterioró por falta de uso y lo que se puede observar en la actualidad es una polémica restauración realizada en 1933 durante la Dictadura de Salazar para que este lo utilizara como residencia oficial.

Su interior alberga una recreación de las salas con mobiliario medieval y objetos destacados de las conquistas portuguesas. También alberga exposiciones; nos ofrecen pagar un plus para entrar a una sala con instrumentos de tortura de época pero nos parece demasiado gore y lo rechazamos. En nuestra opinión es prescindible; la restauración le quita todo el encanto.

Descendemos tranquilamente desde la colina al casco histórico de Guimarães; un paseo entre callejuelas bonitas, tranquilas y con mucho encanto. Es una ciudad pequeña que se puede (y se debe) recorrer caminando. El centro neurálgico de Guimarães es la plaza Largo de Oliveira. El nombre se debe a un olivo centenario que había en medio de la plaza y que floreció milagrosamente tras secarse; fue retirado en 1970 y hace unos años pusieron uno nuevo.

Plaza Largo da Oliveira. Iglesia Nossa Senhora da Oliveira (izquierda) y Padrao do Salado (derecha).

En la plaza se puede observar la Iglesia de Nossa Senhora da Oliveira (Virgen del Olivo), fundada en el siglo XIII por el famoso y adorado Alfonso Henríquez, y se restauró el edificio poco después en honor a uno de los eventos históricos favoritos de los portugueses: la Batalla de Aljubarrota (1385), donde 7.000 soldados lusos (con ayuda de los ingleses) vencieron a 30.000 soldados castellanos (que estaban aliados con los franceses).

Enfrente de la iglesia está Padrão do Salado, una bóveda de piedra con cuatro arcos que conmemora la Batalla del Salado (librada en Cádiz, siglo XIV), en la cual los portugueses y los castellanos derrotaron a los benimerines, último reino musulmán que trataría de invadir la península Ibérica.

Igreja de Nossa Senhora de Consolação e Santos Passos

Finalmente nos acercamos a la Igreja de Nossa Senhora de Consolação e Santos Passos, también conocida como Iglesia São Gualter. Erigida en el siglo XVIII, es quizás el símbolo de la ciudad y llama la atención por su ubicación y los floridos jardines que la preceden.

Es hora de comer y el restaurante elegido (con la inestimable ayuda de TripAdvisor) es Churrasqueira do Toural. Un local tipo tasca, con personal amable y en una calle muy discreta, donde por unos ridículos 8,5€/cabeza nos sirven bebida, sopa de legumbres, bacalao a la “no recuerdo qué”, un arroz que no conseguimos acabarnos y café.

Churrasqueira do Toural (Guimaraes): Menú increíblemente barato y abundante, con muy buena relación calidad-precio, pero no aseguran ausencia de contaminación cruzada.

Bacalao en Churrasqueira do Toural.

Para optimizar nuestra estancia en Porto decidimos desechar la visita a Braga, que se encuentra 25 minutos más al norte y llegó a ser capital del país en el siglo V. Así pues, con los estómagos llenos, regresamos a Porto y devolvemos el coche de alquiler; no ha habido altercados pese a las locas modalidades de conducción portuguesa.

Pasamos por el apartamento con el tiempo justo para cambiarnos y dirigirnos al centro histórico, desde donde sale nuestro FreeTour de la compañía Sandeman, reservado desde Guimarães. Partiendo de las cercanías de la Torre de los Clérigos, nos dan un paseo de tres horas por todo el centro histórico de Porto. Nuestra guía es Mariana, una chica natural de Porto que nos aporta historias y recomendaciones útiles de los sorprendentes rincones y callejuelas que esconde esta ciudad.

Porto.

A lo mejor alguien se pregunta por qué llevo tantas entradas diciendo Porto en lugar de Oporto, que es como lo conocemos en España. Esto es lo primero que nos explican en el tour. Esta ciudad comenzó como una pequeña aldea situada en la desembocadura del río Duero, conocida como Cale. Para optimizar su potencial comercial, los romanos añadieron un puerto que le daría el nombre de Portus Cale (Puerto de Cale), facilitando la comunicación entre Braga y Lisboa. El resto de la historia ya la conocemos: el territorio pasaría a manos de los germánicos, los musulmanes, los castellanos y finalmente el Reino de Portugal obtendría su independencia de la mano de Alfonso Henríquez.

El caso es que esta ciudad acabaría dando nombre al país, Portugal, y actualmente la ciudad es conocida como Porto, que significa simple y llanamente “puerto“, y que como ya sabemos, se ha convertido en la segunda ciudad más importante del país por detrás de Lisboa.

No recuerdo bien el itinerario de la visita, pero a lo largo de la misma nos llevan por todo el centro histórico, perdiéndonos por calles poco transitadas y miradores escondidos que nos hacen disfrutar la esencia de Porto. El recorrido pasa por todos los puntos turísticos conocidos.

  • Barrio Judío: muchos judíos se instalaron en Portugal en 1492 con la expulsión de España por parte de los Reyes Católicos. En 1497 estos presionarían al Rey de Portugal de por aquel entonces (Manuel I) a que los expulsara. Como la comunidad judía se había hecho hueco en la cultura portuguesa y muchos de sus miembros ocupaban puestos respetables en la ciudad, se les ofreció la conversión al cristianismo para permanecer en el país, pero la Inquisición acabaría cebándose con los conversos y los no conversos.
  • Si olvidamos por un momento la triste historia del pueblo judío, desde el Miradouro da Vitoria (llamado así por la supuesta “victoria” del cristianismo) se obtienen unas magníficas vistas del Porto histórico.
Iglesia de los Carmelitas y la Iglesia do Carmo. Entre ambas, la casa más estrecha de Portugal.
  • Torre dos Clérigos: punto de partida del tour, la vemos por fuera y al día siguiente por dentro.
  • Iglesia do Carmo: construida en el s. XVIII, destaca por su preciosa fachada de azulejos, tan característico de la arquitectura portuguesa. Se encuentra prácticamente pegada a la Iglesia de los Carmelitas, construida en el s. XVII.
  • Entre ambas iglesias, casi inapreciable, se encuentra la casa más estrecha de Portugal. Nos cuentan que se construyó porque según la ley de la época estaba prohibido que dos iglesias compartieran pared. En la casa vivió el sacristán con su familia hasta los 80. A día de hoy se puede visitar pagando entrada; nosotros no fuimos, pero tiene que ser cuanto menos curioso.
Estación de Tren Porto-São Bento.
  • Librería Lello: descrita por muchos como la librería más bonita del mundo, en ella se inspiró J.K.Rowling para recrear la librería de su segundo libro en la película Harry Potter y la Cámara Secreta. La escritora vivió unos años en esta ciudad y se sirvió de ella para inspirarse. Nos recomiendan ir por la tarde porque siempre está a reventar; a primera hora ya hay colas que se salen del campo visual.
  • Avenida de los Aliados: la avenida principal de la ciudad, llena de edificios modernetes, cafés, transportes, el Ayuntamiento…
  • Estación de tren Porto-São Bento: estrenada en 1916, veinte años más tarde de que funcionara el primer tren, tiene todas sus paredes recubiertas con más de 20.000 azulejos que representan escenas históricas de Portugal. Como estación es una preciosidad. En su techo se pueden leer las palabras Minho y Douro, los dos ríos más importantes del norte del país (Miño y Duero).
Vistas al Duero.

Acabamos el tour en la Catedral, que data del siglo XII-XIII y se encuentra muy cerca de la Ribeira. Somos muy fans de los FreeTour porque nos permiten ubicarnos en los sitios que visitamos para poder recorrerlos por nuestra cuenta posteriormente; además siempre nos aportan consejos locales —muy necesarios— y nos cuentan la historia del país, de la que ya metí mucha chapa aquí.

Siguiendo los consejos de la guía y de nuestro casero James, nos dejamos perder por las callejuelas hasta llegar a la Ribeira, el animado barrio a orillas del Duero, que está repleto de bares y restaurantes. Desde aquí se puede observar el puente más famoso de la ciudad, que separa Porto de Vila Nova de Gaia, en la orilla opuesta, donde se encuentran las bodegas del conocido vinho do Porto.

Ribeira y Puente Luis I.

Cuál es nuestra sorpresa cuando nos damos cuenta de que no hemos bajado por Rua do Barredo, el bonito barrio que nos habían recomendado recorrer para llegar hasta la Ribeira. Así que para no perdérnoslo, decidimos visitarlo en sentido inverso a como nos lo había recomendado todo el mundo: cuesta arriba.

El Barrio do Barredo consta de cientos de estrechas y laberínticas callejuelas medievales donde el tiempo parece haberse detenido. Es una zona muy auténtica y que pasa desapercibida, pudiendo recorrerla sin encontrarte con apenas gente.

Barrio do Barredo. Contraste con Vila Nova de Gaia (al fondo).

Aparecemos de nuevo cerca de la Catedral y nos acercamos al Puente Luis I, inaugurado en 1886 y que como ya hemos dicho conecta Porto y Vila Nova de Gaia, separadas únicamente por el Duero. Desde este lugar disfrutamos de los atardeceres más bonitos de nuestra estancia en Portugal; lo ideal es recorrer el puente hasta Vila Nova de Gaia y contemplar el atardecer.

En verano hay verdaderas congregaciones de gente para observar este fenómeno, pero sinceramente me pareció hasta bonito que todo el mundo se reuniera en silencio para disfrutar de la puesta de Sol; la vida diaria suele hacer que nos olvidemos de la belleza de las cosas cotidianas. PD: las mejores fotos del atardecer desde el Puente Luis I vendrán con la siguiente entrada

Puente Luis I.

Este primer día no nos quedamos hasta el final del atardecer porque queremos ir a Tasquinha do Bé, el restaurante celíaco con mejores opiniones de Porto y único sitio que hemos encontrado en Internet para probar la francesinha sin gluten. Pero la suerte no le sonríe a Celíaco Resignado… Al llegar al sitio leemos un cartelito que dice que hemos venido justo los dos únicos días de verano que está cerrado.

Nota para celíacos: Dicen los celíacos de TripAdvisor que es obligatorio ir a la Tasquinha do Bé para probar la francesinha sin gluten.

Nuestro segundo intento viene con el restaurante Tapabento, cerca de la estación de tren. Hay mucha cola y el camarero no nos asegura nada, así que finalmente nos sentamos en el restaurante de al lado, Adega Viseu No Porto.

Este no es tan famoso como el anterior pero nos sientan al momento y las críticas en TripAdvisor son positivas, la mayoría con mensajes tipo “Estábamos esperando en el Tapabento, pero nos cansamos, nos sentamos aquí y todo riquísimo“.

Adega Viseu No Porto (Oporto): Bien informados de materia sin gluten pero no sé hasta qué punto tienen planchas aparte.

Nosotros pedimos ensalada de pulpo, calamares en salsa verde y tripas al modo do Porto, un plato típico parecido a los callos y que estaba buenísimo (muy cargadito para una cena, lo sabemos, pero tenía muy buena pinta).

Volvemos al apartamento para descansar antes de nuestro último día en Portugal.

***

>> Último día en Portugal: Libros, torres, gaviotas y atardeceres. Callejeando por PORTO.

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